Entrevista 2

Entrevistador: Aitana Navarro Molina

Datos de la entrevista: 23 diciembre del 2014, en la residencia de la entrevistada, duración de 6 minutos, grabado con el móvil.

Entrevistada: Paquita Gabaldón. Mujer. Villena (Alicante), 24 julio 1932. Costurera, de Villena. (Ahora jubilada).

Comentario-resumen de la entrevista:

En esta entrevista, Paquita cuenta su experiencia como mujer trabajadora, que comenzó en 1942. Tras abandonar el colegio a los 10 años de forma voluntaria, su madre la llevó a un taller para que aprendiera a coser. Cuenta que en aquella época era normal que los niños comenzaran a trabajar muy jóvenes si no querían ir al colegio, ya que las familias contaban con pocos medios.

Sin embargo, el trabajo daba poco dinero a pesar de tener que dedicarle muchas horas, tanto en el taller como en casa cuando se tenía que cuidar también de los hijos. Además, el poco dinero que ganaba se gastaba para lo imprescindible, no había para caprichos.

 

Investigación histórica y bibliográfica:

Durante el franquismo, las mujeres debieron soportar una política que supuso un gran retroceso, imponiendo un modelo tradicional de familia católica, en la que la mujer se subordinaba al marido y quedaba recluida al ámbito doméstico.

A las mujeres se les ponían trabas a la hora de trabajar e incluso se prohibió por ley su acceso a ciertos trabajos en la Administración pública, como abogado del Estado, juez, notario, agente de bolsa, etc. Se decía que la mujer trabajadora contribuía a aumentar el paro masculino, disminuía la natalidad, retrasaba la edad de acceso al matrimonio, etc., elementos que iban en contra de la política demográfica familiar.

A pesar de ello, las mujeres debían trabajar por necesidad, para poder sustentar a su familia, pero sus condiciones siempre eran peores que las de los hombres y sus salarios más bajos. Debido a las dificultades económicas causadas por las destrucciones y la política autárquica, muchas recurrieron al estraperlo, a pesar de considerarse un delito.

En 1961 se aprobó la Ley sobre Derechos Políticos, Profesionales y Laborales de la mujer, que debía acabar con la discriminación salarial y de acceso al trabajo, aunque continuaba siendo necesaria la autorización del marido (que se mantuvo hasta 1976).

Entre 1960 y 1970 se produjo una incorporación de la mujer a las actividades productivas y educativas en expansión, lo cual repercutió en el papel social de la mujer y en su mayor autonomía respecto a padres y maridos.

Respecto al trabajo, durante la posguerra las condiciones laborales fueron muy duras. Los trabajadores estaban siempre obligados a seguir las órdenes e instrucciones del jefe y apenas tenían derechos (como el de huelga, a riesgo de fuerte represión). Los sueldos eran mínimos, al igual que los días de descanso, la jornada laboral era excesivamente larga y la disciplina laboral muy dura y jerarquizada. Esto dio lugar a un nivel de vida muy bajo para la clase obrera, que se tradujo en situaciones de hambre, enfermedades, chabolismo, privaciones en material de vestimenta, servicios sanitarios y educativos, etc.

A partir de los años 50, la gradual recuperación económica contribuyó a mejorar las condiciones de vida y de trabajo, ya que aumentó la renta per cápita, así como la producción industrial y agraria. Estos cambios se acentuaron durante la década de los 60, en que el sector agrario perdía importancia (éxodo rural) mientras crecía la de la industria y los servicios, el paro disminuyó, se generaba más riqueza, aumentaba la demanda y las condiciones laborales mejoraron (gracias al sindicalismo y las reivindicaciones), así como la cualificación de los trabajadores.


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