Entrevistador: Aitana Navarro Molina
Datos de la entrevista: 31 diciembre del 2014, en la residencia del entrevistador, duración de 8 minutos, grabado con el móvil.
Entrevistado: José Manuel. Hombre. Villena (Alicante), 30 marzo 1947. Sacerdote. Valencia.
Comentario resumen de la entrevista:
En esta entrevista, José Manuel nos habla sobre el aspecto de la religión durante el franquismo, desde su experiencia como sacerdote.
Cuenta que decidió seguir esa profesión cuando estaba en el colegio, ya que quería seguir el ejemplo de los profesores (que eran salesianos). No fue el único, pues tuvo otros compañeros con la misma intención. Afirma que en aquella época el ambiente era más proclive para que los muchachos tomaran ese camino, ya que la sociedad era más religiosa.
Cuenta que para ser sacerdote estudió teología, filosofía y magisterio, y posteriormente se ordenó a los 27 años en Barcelona, para después dedicarse a la educación.
Por otra parte, resalta la Transición como un período que vivió con mucha intensidad, debido a los cambios en el gobierno, la sociedad…
Para terminar, destaca el cambio en la importancia de la religión, que era mucho mayor durante la dictadura, por darse en una sociedad cristianizada. Por contra, en la actualidad nos encontramos ante una sociedad muy laica.
Investigación histórica y bibliográfica:
Durante la dictadura se dio una gran importancia a la religión, pues el régimen se apoyó en la Iglesia católica como uno de sus tres pilares, dando lugar al nacional-catolicismo en 1945 mediante un concordato. De este modo, representantes de la Iglesia (arzobispos y obispos) participaron incluso en las Cortes, el Consejo Nacional del Movimiento y otras instituciones.
En consecuencia, la ideología católica y los ritos religiosos se introdujeron en la vida de los españoles, tanto en el ámbito privado como en el público.
A partir de la década de los cuarenta, la Iglesia católica, con el apoyo del poder, recuperó su influencia social, se adueñó del sistema educativo y dominó los espacios públicos, poniendo un patrón normativo a la conducta moral. Se suprimió el divorcio, se invalidó la coeducación, se separaba por sexos y se estableció un estricto código familiar. Se dieron, además, campañas públicas de recatolización forzosa mediante misas, consagraciones, cursillos de cristiandad… junto con la propaganda social falangista.
En consecuencia, se amplió el número del clero ordenado, alcanzando la cifra máxima de sacerdotes en 1963.
Por otra parte, a partir de los años 60, cuando España se abrió a una modernización económica y social, algo que el régimen había impedido anteriormente. De este modo, la sociedad española fue asemejándose a las demás sociedades de Europa occidental y se fue secularizando. Como ejemplo, podemos destacar el uso del biquini, que había sido prohibido por la Iglesia católica en favor de unos trajes de baño más “decentes”, y que a partir de los años 60 se recupera.
A pesar de que la mayoría de españoles se confesaban católicos, el grado de práctica religiosa mostraba grandes contrastes según la región y la clase social.
Por otra parte, cabe destacar la oposición de ciertos sectores católicos hacia el franquismo, que se dio también a partir de los 60. La causa principal fue el Concilio Vaticano II, en el que se plantearon ciertos objetivos para promover una apertura dialogante con el mundo moderno, actualizando la Iglesia. Así pues, numerosos católicos progresistas participaron en movimientos de oposición al regimen, y proporcionaron a otros los medios para integrarse en la lucha, por ejemplo con el uso de iglesias como centros de reunión.
Esto, al mismo tiempo, produjo una ruptura entre sectores de la Acción Católica que apoyaban la democracia y los que apoyaban al régimen.
En 1970, se produjo un distanciamiento entre la Iglesia católica y el régimen franquista a causa del juicio de Burgos, por el que 16 personas presuntamente militantes de ETA (incluyendo a 2 sacerdotes) iban a ser juzgados en consejo de guerra.
Tras la muerte de Franco, la Iglesia católica apoyó la transformación del sistema político de la mano del rey Juan Carlos I. Aunque posteriorme rechazó ciertos cambios llegados con la democracia, como la legalización del divorcio.
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