El Colón de Alba de América

Si partimos de las premisas comentadas anteriormente (objetivos de la película, directores elegidos, financiación, etc.) podemos hacer nos una idea del escaso rigor histórico que presenta la película, como afirmaba el mismo director en una entrevista que le hicieron en los 70: “Había algo de fantasía, pero es que yo siempre he opinado que las películas históricas, para ser verdaderamente soportables, deben tener un veinte o un treinta por ciento de rigor histórico y del setenta al ochenta por ciento de apuntalamiento de fantasía” (https://blogs.ua.es/historiamodernaenelcine/2010/12/30/alba-de-america/). Sabemos por tanto hasta el porcentaje de rigor histórico utilizado en la película, por lo que iremos tranquilamente desgranando todos los gazapos que el autor incluyó conscientemente para conseguir el aplauso del régimen.

Para empezar, es característica la imagen tan idealizada que se nos presenta de Cristóbal Colón. Aparece como un personaje casi bíblico, que lucha con la convicción de la labor evangelizadora. Además se resalta en la película la problemática de su nacionalidad, siendo casualmente los dos «malos» de la película los que intentan desprestigiarle asegurando que es francés o judío.Los personajes que se preocupan por manchar el nombre de Colón son presentados como enemigos de la unidad de España, como antiespañoles. Se quiere recalcar por tanto la falsa idea de que Colón era español y que se consideraba como tal: «Mi patria está donde arraiga mi esperanza. No se es de donde se nace, sino de donde se nace al destino. Aquí afincará mi nombre y mi linaje. Aquí y al otro lado del mar.» (http://www.sjuannavarro.com/files/albadeamerica.pdf). Esta idea se observa también en la fidelidad de Colón a los Reyes Católicos, mostrando que no lo hacía por propio interés sino por el servicio a los reyes y a la cristiandad.

A este bíblico y españolizado Colón se suma su valentía y su convicción de victoria, pues se le presenta como un hombre fuerte que no cede a las presiones, sin olvidar su bondad y atractivo físico. A la idealizada figura de Colón, le acompaña la voz en off, que interviene en determinados momentos y que transmite claramente el mensaje ideológico del régimen.

La primera escena representa la nave que viaja por el atlántico. Colón sueña con llegar a su destino, mientras los miembros de la tripulación planean una revuelta a bordo. Se observa en la nave como se representa la unidad del país, pues cada uno de ellos es de una región distinta (gallego, vasco, etc). Se observa además en esta escena como la revuelta es rápidamente sofocada por Pinzón, que con disciplina y gracia divina consigue calmar los ánimos.

 

 

 


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