El árbol, el alcalde y la mediateca

La primera impresión que te produce la película es que no tiene trama en sí.La trama es sustituida en este caso por el azar, que camina alrededor de una idea: la construcción de una mediateca en un pueblo y que se desarrolla en siete partes. 

A partir de esta idea todos los personajes van desarrollando sus puntos de vista con diálogos intensos y de contenido. El propio Rohmer no se decanta por ninguna de las partes y, magistralmente, te hace ponerte del lado de todos y cada uno de sus personajes (excepto, en mi caso, de Bérénice, su novia, con la que no comparto prácticamente ninguna de las ideas que plantea). El propio alcalde del pueblo es el que promueve este proyecto, obsesionado con modernizar el pueblo y encaminarlo hacia el futuro para evitar la desertización del campo. Su novia, Bérénice, prefiere la ciudad (es muy interesante el debate que mantienen en una de las escenas al principio de la película, sobre los beneficios e inconvenientes de vivir en el campo o en la ciudad), y considera utópica la vuelta de la población a la ciudad, aunque lo más característico de este personaje es que se adapta constantemente a cada situación, presentándose siempre en el debate como opositora. Pero el contrapunto de los personajes lo da Rossignol, el profesor de la escuela del pueblo, que considera una aberración la destrucción de los campos y del gran sauce que están situados donde el alcalde quiere construir la mediateca. Este recuerda en una de las escenas que la tierra no es tierra si nadie la trabaja, y que está en contra de la urbanización del campo.

Destaca lo dialogadas que están las escenas, todos los personajes aparecen siempre acompañados para crear debate, siempre reservando un hueco para recalcar el azar y su influencia en el devenir de los acontecimientos.


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