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Locura de amor

La Demencia de Doña Juana (1867), de Lorenzo Vallés. Museo del Prado (Madrid).
La Demencia de Doña Juana (1867), de Lorenzo Vallés. Museo del Prado (Madrid).

La muerte de su esposo Felipe el Hermoso volvió completamente loca a doña Juana. Para unos, el origen esta demencia fue la pasión de los celos.

Otros, sin embargo, sostienen que doña Juana nunca estuvo loca, sino que la hicieron pasar por tal, a fuerza de malos tratamientos, su marido y su hijo respectivamente, para arrebatarle el cetro.

Desde el primer momento sintió doña Juana la Loca por su marido una pasión morbosa, tanto más intensa y agudiza cuanto mayores eran los desperecios y liviandades de él. Los devaneos del archduque no cesaban, y, lo que es aún peor, mostrábase cruelmente desenfadado, no teniendo para con su mujer ni siquiera la piedad del disimulo.

Se cuenta que don Felipe el Hermoso buscaba sus concubinas entre las damas de la Corte, haciendo presenciar a doña Juana el odioso espectáculo de tan ofensivas preferencias.

En cierta ocasión la desgraciada infanta sorprendió a su protervo esposo en flagrante intimidad con una de sus damas, rubia beldad, cuyos cabellos ostentaba con orgullo su poseedora. Sintiéndose cual leona herida, doña Juana cerceñó las doradas trenzas de su rival y se las mostró al infiel, diciendo:

– ¿Conocéis estos cabellos?

Felipe, hermoso, pero no caballeroso, reaccionó brutalmente, golpeando como un rufián a su celosa esposa.

Con su instinto de madre la reina Isabel I la Católica presentía algo sobre los sufrimientos de hija. Mas en vano le escribía tiernas epístolas pidiéndole noticias acerca de su existencia. Juana no contestaba nunca.

Sin embargo, al morir el príncipe don Juan y quedar su hermana Juana como heredera de los reinos de Castilla y Aragón, era necesaria su presencia para ser jurada por las Cortes.

Por fin, tras muchos ruegos y gracias a las gestiones del embajador Gutierre de Fuensalida, Felipe el Hermoso y su mujer doña Juana llegaros desde Amberes a España por Fuente rrabía. Los Reyes Católicos salieron presurosos para coincidir en Toledo, donde pudieron abrazar a su amada hija.

Después de los saludos, la reina Isabel encerróse con doña Juana en un aposento y le pidió a su hija que le contara si era feliz como ella quería verle.

Doña Juana la Loca dudó un instante, deseosa de callar, para no descubrir la úlcera dolorosa de su alma. Mas no pudo y rompiendo a llorar, entrecortadamente, hizo el angustioso relato del calvario matrimonial que había destrozado su existencia.

Después de muerta doña Isabel la Católica, don Felipe el Hermoso y doña Juana, que se hallaban en Flandes, retornaron a España, para reinar, si bien por poco tiempo (1504-1516).

Mal gobernante, despreocupado de cuanto no fuese su egolátrico proceder, Felipe el Hermoso tan sólo atendía a sus caprichos y placeres, olvidando a su esposa, ya en plena versanía. Residían en la casa “del cordón” en Burgos.

Cierto día departía el apuesto príncipe con varios cortesanos acerca de la aparición de un cometa en el horizonte.

-Dicen que este fenómeno presagia la muerte de algún príncipe – dijo uno.

-¡bah! – contestó Felipe, soltando la carcajada -. Guarde Dios a mi padre y a mí, y de los demás haga lo que guste.

Pocos días más tarde moría de forma inesperada. Doña Juana, que no le abandonó un instante  mientras duró la breve enfermedad, negóse a reconocer la realidad.

– Mi esposo idolatrado no ha muerto – decía – : está dormido.

De no haber estado ya loca, hubiese perdido la razón ante el duro trance. Consintió que guardasen el cuerpo amadísimo en un ataúd, pero no toleró que lo enterraran, y dispuso que quedara depositada en la Cartuja burgalesa.

Y allí iba todas las semanas la doliente doña Juana. Hacía abrir el féretro, y abrazada y besaba con frenesí el cadaver putrefacto.

Doña Juana la Loca (1877), de Francisco Pradilla y Ortiz. Museo del Prado (Madrid).
Doña Juana la Loca (1877), de Francisco Pradilla y Ortiz. Museo del Prado (Madrid).

Tres veces hizo esto, hasta que la reina loca se decidió a emprender una larga caminata para darle tierra en el edén de Granada. Resultaba asombroso que la infeliz señora no derramase una sola lágrima. Dolíase ella de esta anomalía, que más y más aumentaba su padecer, por falta de tan natural desahogo. Y en un extraño instante de lucidez hubo de decirle a su más próxima cobicularia:

– Lloré tanto, cuando me convencí de las infidelidades de mi esposo, que el manantial de mis lágrimas quedó seco para siempre.

Los restos mortales de Felipe el Hermoso reposaban en un magnífico ataúd colocado en un carro, arrastrado por cuatro caballos negros. De tal guisa, el cortejo patético emprendió la marcha. Todos iban a pie, dando ejemplo doña Juana, cubierta de negros crespones, y acompañada por un séquito interminable de prelados, personajes y caballeros.

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Únicamente caminaban de noche, por orden expresa de la atribulada y enloquecida reina.

– Una mujer honesta – decía -, que ha perdido a su esposo, que es su sol, debe huir de la luz del día.

Y así avanzaba, lentamente, recorriendo más de media España, camino de Granada. En los pueblos del tránsito se celebraban solemnes exequias, a los cuales no podía concurrir ninguna mujer.

Los celos, que fueron siempre tenazón de su espíritu, rebasaban todos los límites. Un día, por error, en un convento que creyó de frailes, entre Torquemada y Hornillos, fue depositado el féretro. Hasta que horrorizada la reina al saber que era de monjas, hizo sacar el cadáver al campo permaneciendo ella con toda la comitiva a la intemperie, desafiando la crudeza de los elementos.

Cada vez en mayor inconsciencia, doña Juana vivió todavía 47 años encerrada enTordesillas, muriendo a los 67. Y parece que al morir recobró el juicio.[kml_flashembed movie="http://es.youtube.com/v/LwXcrqh4734" width="425" height="350" wmode="transparent" /]

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Reinado de doña Juana la Loca

Felipe el Hermoso y Juana la Loca
Felipe el Hermoso y Juana la Loca

Ya en el trono de Castilla los nuevos soberanos, don Felipe el Hermoso reclamó para sí solo el gobierno y comenzó a repartir mercedes entre los nobles castellanos sus parciales y también entre sus amigos flamencos.

Reunió Cortes en Valladolid, a las que propuso la reclusión de su esposa doña Juana, que empezaba a dar muestras de enajenación mental; pero las Cortes se negaron a aceptar la propuesta.

La anarquía y el desorden comenzaban a desarrollarse en Castilla cuando inesperadamente murió don Felipe, en 1507. Se dice que su muerte fue ocasionada por un vaso de agua fría que bebió el malogrado príncipe, hallándose sudando de jugar a la pelota.

Agravada por este motivo la locura de doña Juana, se hizo necesario la constitución de un Consejo de Regencia, presidido por el cardenal Cisneros, cuyo primer acuerdo fue solicitar a don Fernando el Católico, que se hallaba a la sazón en Italia, que viniese con urgencia a hacerse cargo del gobierno de Castilla.

Varios motivos habían llevado a don Fernando a Italia: primero, la organización del reino de Nápoles, donde gobernaba el Gran Capitán y en donde hizo proclamar heredera a su hija doña Juana. Y segundo, pactar con varios soberanos interesados en una alianza contra la poderosa República de Venecia, que cada vez detentaba mayores territorios en la península italiana.

Así fue como el diplomático rey de Aragón consiguió la fomación de la Liga de Cambray (año 1508), en la que entraron el Papa Julio II, el emperador Maximiliano de Alemania y el rey de Francia Luis XII.

Vencidos los venecianos por los franceses en Agnadel, cada confederado obtuvo lo que se proponía, ocupando los españoles varias ciudades en las riberas del Adriático.

Pero la victoria de Agnadel llenó de orgullo a los franceses, y entonces todos sus antiguos aliados se unieron en contra suya en la llamada Liga Santa. Este suceso fue aprovechado hábilmente por don Fernando para anexionarse a Navarra y realizar la Unidad Nacional.

El reino de Navarra, que comprendía entonces, además de la Navarra española, territorios del otro lado de los Pirineos, estaba regido por la reina Catalina y su esposo Juan de Albrit, que se comprometieron con Francia, en guerra con la Liga Santa, de la que formaba parte España, a impedir el paso por su reino de los ejércitos españoles.

Enterrado don Fernando el Católico del acuerdo, a pesar de su secreto, exigió de NAvarra que dejara paso a sus soldados, y ante la esperada negativa, un ejército español, mandado por el duque de Alba, ayudado por los navarros partidarios de España, ocupó el país en 1512, rindiéndose Pamplona casi sin lucha.

Se ha discutido mucho acerca de unas “Bulas de excomunión” dadas por Julio II contra los reyes de Navarra, suponiendo que fueron invocadas por Fernando el Católico para apoderarse de Navarra. Las bulas existieron, pero el rey aragonés no hizo uso de ellas, y los hechos ocurrieron tal como se relatan.

Los esfuerzos de la casa de Albrit, que, apoyada por Francia, intentó repetidas veces recobrar su reino, no tuvieron resultado. Y Navarra desde entonces quedó incorporada a España, completándose de este modo la Unidad Nacional.

En 1516 murió don Fernando el Católico, dejando heredera de sus Estados a sus hija doña Juana la Loca, y en atención de su estado mental nombraba regente de Castilla al cardenal Cisneros, y de Aragón al arzobispo de Zaragoza, hara que su nieto el príncipe Carlos deAustria fuese mayor de edad.

Al finalizar el reinado de los Reyes Católicos quedó, pues venturosamente realizada la Unidad Nacional, y que iban a fundar el colosal Imperio español, aquel donde nunca se ponia el sol.

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Primera regencia de don Fernando el Católico

De acuerdo con el testamento de Isabel I, su viudo don Fernando el Católico hizo proclamar reina de Castilla a doña Juana la Loca con su esposo don Felipe I el Hermoso, archiduque de Austria e hijo de Maximiliano I, emperador de Alemania.

El rey don Fernando quedó entonces en calidad de regente y gobernando el reino mientras venían dichos príncipes, que estaban en Flandes.

Pero el marido de doña Juana, Felipe I de Austria, llamado el Hermoso, de carácter ligero y vanidoso, siguiendo los consejos de muchos nobles castellano, a cuya cabeza figuraban el duque de Nájera y el marqués de Villena, que vieron en el aturdido príncipe el personaje más propicio para recobrar su antiguo poderío y salir de la férrea disciplina impuesta por los Reyes Católicos, pidió a su suegro que se retirase a sus Estados de Aragón.

No conforme con esto, Felipe el Hermoso se alió con el rey de Francia, enemigo tradicional de Fernando el Católico.

Pero  el hábil monarca aragonés deshizo bien pronto los planes de su yerno, pues adelantándose a aquél y variando de política, firmó un tratado con Luis XII de Francia, e incluso se casó con su sobrina Germana de Foix en 1505.

En vista de su fracaso, Felipe el Hermoso, por medio de su representante don Juan Manuel, firmó con su suegro la “Concordia de Salamanca”, en 1505, en la cual se convino que los príncipes y don Fernando gobernarían juntos el reino de Castilla.

Llegaron por fin doña Juana y don Felipe a España, y desde el primer momento fueron tan tirantes sus relaciones con su padre don Fernando el Católico, que éste acabó renunciando a sus derechos sobre Castilla y se retiró a sus Estados de Aragón.

Encuentro de Fernando el católico con Felipe el hermoso
Encuentro de Fernando el católico con Felipe el hermoso
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El testamento de Isabel la Católica.

Quebrantada la salud de la Reina Católica y viendo próximo su fin, Isabel I hizo testamento, designando como heredera del reino castellano a su hija doá Juana, y a su esposo don Fernando como regente, si aquélla no estaba en disposición de gobernar; pues su razón se hallaba muy perturbada desde hacía algun tiempo.

En su testamento doña Isabel la Católica recomendó que no se enajenara nunca de sus reinos la plaza de Gibraltar. También rogaba a sus herederos y sucesores que los indios de América fueran tratados al igual que los súbditos, “como que al emprender el descubrimiento se había tenido en mira, ganas almas para el Cielo y no esclavos para la Tierra.”

El 26 de noviembre de 1504 murió la madre de Juana I de Castilla en Medina del Campo.

testamento-de-isabel-la-catolica-eduardo-rosales. Museo-del-prado
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