Cerca del dicho lugar, como yendo a la ciudad de San Pedro, en el primer lugar de la provincia de honduras que se llama Copán, están unas ruinas y vvestigios de gran población y de soberbios edificios, tales que parece que ene ningún tiempo pudo haber en tan bárbaro ingenio, como tienen los naturales de aquella provincia, edificios de tanrta arte y suntuosidad. Es ribera de un hermoso río y en unos campos bien situados y extendidos, tierra de mediano temple, harta de fertilidad y de mucha caza y pesca. En las ruinas dichas hay montes que parecen haber sido hechos a manos, y en ellos muchas cosas de motar. Antes de llegar a ellos, está señal de paredes grueses y una piedra grandísima en figura de águila, y hecho en su pecho un cuadro de largo de una vara y en él ciertas letras que no se sabe qué sea.
Llegando a las ruinas está otra pierda en figura de gigante; dicen los indios antiguos que era la guarda de auql santuario; entrando en él se halló una cruz de pierda de tres palmos de alto con un brazo quebrado.
Más adelante van ciertas ruinas y algunas pierdas en ellas, labradas con harto primor, y está una estatua grande, de más que cuatro varas de alto, labrada como un obispo vestido de pontifical, con su mitra bien labrada y anillos en las manos. Junto a ella está una plaza muy bien hecha, con sus gradas a la forma que escriben del Coliseo Romano, y por algunas partes tienen ochenta gradas, enlosadas y labradas, por cierto en partes de muy buena pierda y con harto primor. Están en ella seis estatuas grandísimas, las tres de hombres armados a lo mosaico, con ligagambas y sembradas muchas labores por las armas, y las otras dos de mujeres, con buen ropaje largo y tocaduras a lo romano; la otra es de obispo, que parece tener en las manos un bulto como cofrecito. Debían de ser ídolos porque delante de cada una de ellas había una pierda grande que tenía hecha una pileta con su sumidero, donde degollaban los sacrificados y corría la sangre; también tenían sendas cazolejas do sacrificaban con sus sahumerios, y en medio de la plaza había otra pila mayor, que parece de bautizar, donde asimismo debían de hacer en común sus sacrificios. Pasada esta plaza se sube por muchas gradas a un promontorio alto que debía de ser donde hacían sus mitostes y ritos; parece fue hecho y labrado con mucha curiosidad porque aun siempre se hallan allí piedras muy bien labradas. A un lado de este edificio parece una torre o terrapleno alto, que cae sobre el río que por allí pasa; hase caído y derrumbado un gran pedazo, y en lo cañido se descubrieron dos cuevas debajo del dicho edificio, muy largas y angostas y hechas con harta curiosidad. No he pedido averiguar de qué servían y para qué se hicieron. Hay una escalera que baja hasta el río por muchas gradas, y sin lo dicho, muchas cosas que demuestran haber habido allí gran poder y concurso de hombres y policía y mediana arte en la obra de aquellas figuras y edificios.
