La Reforma en las Dietas imperiales

Desde la Dieta de Worms (1520), el problema de la Reforma pasó a ser una cuestión fundamentalmente política que debía resolver Carlos V. En la Dieta de Spira (1526), Carlos se vio obligado a mantener una actitud conciliadora debido a las amenazas militares que suponían el avance turco por el Este y la creación de la Liga de Cognac, formada por Francisco I de Francia, el papa Clemente VII, Venecia, Milán y Florencia. Para obtener subsidios, el Emperador acabó permitiendo que cada gobernante de los Estados y ciudades del Imperio administrara sus asuntos religiosos como gustase. Más tarde, la segunda Dieta de Spira (1529) impuso una serie de prohibiciones a los reformistas para que pararan de realizar cambios religiosos, respetasen los derechos de las autoridades católicas y devolvieran las propiedades expropiadas; la protesta presentada por los reformistas les valió el calificativo de “protestantes”.

En la Dieta de Augsburgo (1530), Carlos estaba en una situación ventajosa. La Paz de Cambray con Francia en 1529 y la reconciliación con Clemente VII tras el Saco de Roma de 1527 permitieron que Carlos I fuera coronado emperador del Sacro Imperio por el Papa en Bolonia. Carlos fue con la intención de acabar con el conflicto religioso para poder obtener fondos y así poder hacer frente a la costosa política exterior del Imperio. En la asamblea, los Estados protestantes estaban liderados por el Landgrave Felipe de Hessen y por el duque Juan de Sajonia, hermano del fallecido Federico. De los teólogos, destacaron Felipe Melanchthon por los protestantes, ya que Lutero aún seguía proscrito y no podía abandonar Sajonia, y Johannes von Eck por los católicos. En la misma, los protestantes presentaron la Confesión de Augsburgo, un documento redactado en última instancia por Melanchton que incluía la doctrina luterana pero suavizada para que fuera aceptada mínimamente por los católicos. No obstante, Eck y compañía no lo aceptaron pese a algunas modificaciones y los protestantes no estaban dispuestos a renunciar a las bases de su doctrina. Como resultado, Carlos condenó plenamente el luteranismo sin hacer concesiones. De vuelta en sus Estados, los príncipes y ciudades protestantes fundaron la Liga de Esmalcalda en diciembre de 1930 para hacer frente a la amenaza del Emperador. Por su parte, Lutero criticó las decisiones de las últimas dietas en dos obras. En Comentarios al edicto de Augsburgo no atacaba al Emperador sino que se cebaba con el legado papal Campeggio y con Clemente VII. Amonestación del doctor Martín Lutero a sus queridos alemanes fue una obra realizada a instancias del Landgrave para alentar a los reformistas a que resistieran frente a un eventual ataque de Carlos V y legitimaba el derecho de resistencia militar de los soberanos protestantes.

En la Dieta de Ratisbona (1532) Carlos cambió de parecer y acordó una tregua con los protestantes, por la cual los asuntos religiosos se mantendrían como hasta entonces hasta la convocatoria de concilio. La solución de este cambio era nuevamente el avance de Solimán, que había conquistado Hungría y amenazaba Viena. La siguiente dieta no se convocaría hasta nueve años después, durante de los cuales Carlos había vencido a los turcos en Túnez (1536) y había expulsado a Francisco I de Milán. Además, Clemente VII había muerto y le había sucedido Pablo III, que estaba a favor de la convocatoria de un concilio. Martín Lutero, a iniciativa de Juan Federico de Sajonia, hijo del fallecido Juan, redactó los Artículos de Esmalcalda (1536) como compendio de su doctrina para ser presentado en el concilio. No obstante, al final del mismo, Lutero aseguraba que no estaba dispuesto a variar su doctrina, por lo que la negociación estaba condenada al fracaso. El reformador, en su escrito Sobre los concilios de la Iglesia, defendía que sólo un concilio convocado por los poderes civiles y por el Emperador tenía validez porque ahí estarían representados los intereses del pueblo cristiano. A principios de 1541 comenzó la Dieta de Ratisbona donde, pese a unos pequeños compromisos iniciales, el acuerdo final no tuvo lugar. El cambio fundamental había tenido lugar poco antes. El Landgrave Felipe de Hessen, líder de la Liga de Esmalcalda, se había pasado al bando del Emperador debido al enfrentamiento con Lutero suscitado por la cuestión de la bigamia .

Al fin, las relaciones entre Carlos V y Pablo III fueron resquebrajándose a causa de la abierta colaboración del Papa con Francisco I, que se había aliado con los turcos frente al Emperador. En la Dieta de Spira de 1544, Carlos asumió la dirección incluso en asuntos religiosos y, por primera vez, católicos y protestantes se pusieron de acuerdo en una cosa. Se había difundido la noticia de que Francisco I, pese a apoyar oficialmente a la Liga de Esmalcalda, se había comprometido a atacarla a cambio del ducado de Milán. Como respuesta, todos los Estados alemanes aprobaron la petición del Emperador de armar un gran ejército para atacar a Francia o al Turco. En lo religioso, Carlos impuso que en adelante no se podría imponer nada por motivos de fe, se suspendían todas las medidas contra los Estados protestantes y se dejaba la cuestión para que fuera resuelta en el futuro concilio. El Papa cargó contra Carlos acusándole de intervenir en cuestiones religiosas y de no respetar el poder de la Santa Sede. Lutero le respondió en 1545 en Contra el papado de Roma fundado por el diablo, un ataque plagado de insultos y de obscenidades ilustrado. En el fondo, Lutero seguía defendiendo la supremacía de la autoridad imperial y conciliar sobre la del Santo Padre.

Imagen: Cuadro sobre la Confesión de Augsburgo. Blog Historia intrépida: http://historiaintrepida.blogspot.com/2010/04/efemerides-25-de-abril.html

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