Breve curso de comprensión cultural. Analice los siguientes puntos: Uno. Las personas que aspiraban a una plaza como responsables de la atención al visitante durante la pasada Festa de la Literatura Aplificada Kosmópolis, en el CCCB, debían acreditar una carrera universitaria como mínimo, y explicar en inglés el último libro que hubieran leído. Cobraban seis euros la hora. Si no fuera porque ya estamos acostumbrados, y no recurriéramos al manido «por lo menos es trabajo», ante una preparación como ésta, ¿qué es más humillante? ¿El sueldo o aguantar un micrófono?
Dos. En la Universitat Central han puesto una oficina del Banco Santander donde antes estaba la secretaría de l’Escola d’Idiomes Moderns. Recordemos que los carnés universitarios son tarjetas bancarias. Hace un par de semanas, alguien lanzó cubos de pintura rosa sobre el rojo rabioso y corporativo de la oficina, dejando las mesas, las paredes y los ordenadores convertidos en un inmenso pollock muy kitsch. La chica de atención al cliente, que seguramente estudió Económicas o Empresariales, o cualquiera que sea la carrera apropiada para colocar hipotecas, demuestra que en clase aprendió la lección. En vez de reflexionar sobre este cuadro antisistema, ya está buscando el modo de ganar dinero. Dice: «Tendrían que pagarme un plus de peligrosidad».
Tres. Veo a una mujer en edad de prejubilarse. Me dicen que es la jefa de departamento de una facultad y que está de baja por lactancia.
Cuatro. El aumento del IVA, añadido al retroceso del consumo en general, ha provocado que las artes escénicas pierdan casi dos millones de espectadores entre septiembre y diciembre de 2012. Varias asociaciones de espectadores llevan a cabo actividades para protestar contra los recortes y la gratuidad de la cultura. La gratuidad es como la Nada de La historia interminable: una niebla densa que se traga el mundo de Fantasía, gobernado por la imaginación y la creatividad. Debilita la información, la comunicación, fragiliza los derechos y fortifica las derechas. Nos está rodeando como lo hiciera la especulación inmobiliaria en su momento. Todo desaparece bajo la construcción destructora de la nada, de la que tampoco puede surgir nada.
Cinco. Una de las iniciativas de moda es el micromecenaje. Mediante el crowfunding, los artistas pueden grabar sus discos y los historiadores publicar sus libros, solicitando la colaboración económica de la gente interesada en su trabajo. Normalmente no conseguirían subvención de otro modo. Por eso llama la atención que el Ajuntament de Barcelona, siendo administración pública con partidas destinadas a este fin, haya recurrido a Verkami para pedir dinero a los particulares con la intención de restaurar los murales de la Capella de Sant Miquel. ¿El mundo al revés?
Seis. Hace unos días se estrenó el largometraje A puerta fría, de Xabi Puebla, que cuenta con la intervención de Nick Nolte. Podríamos desarrollar un nuevo punto sobre la manera en la que actúan los productores cinematográficos con los directores menos conocidos. Pero como diría Michael Ende: ésta es otra historia. O la misma. En cualquier caso, basta recuperar la última frase de la película que, aunque obtuviera una respuesta, ni resolvería nada ni cambiaría las cosas. La frase es: «¿Cuándo empezó a joderse todo?».