La Escuela de Sagres

El sueño de alcanzar el Oriente por el mar se hizo más próximo cuando el hijo del rey Don Juan I, el infante Don Enrique, se interesó al proyecto. Aunque nunca hubiera navegado, Don Enrique quedó conocido como “el Navegante” por culpa del apoyo que dio a la expansión marítima portuguesa. En el cabo de San Vicente, en la región del Algarve, acogía estudiosos de Europa y de fuera de Europa: cristianos, musulmanos y judíos que se interesaban a la navegación, mapas y construcción de embarcaciones. Este grupo quedó conocido como Escuela de Sagres y fue muy importante en el perfeccionamiento de instrumentos como el astrolabio y la ballastela (ya utilizada por los árabes), y en la construcción de las carabelas.
A comienzos del siglo XV, las técnicas de navegación no diferían prácticamente en nada de las usadas en la Antigüedad; se navegaba siempre a vista de la costa (cabotaje), utilizando remos o ventos de feição y el piloto escogía ruta por el conocimiento práctico que tuviera de los lugares, mares, corrientes y fondos. Aunque ya se utilizaban la aguja de marear (brújula) y el reloj de arena; los instrumentos náuticos, las cartas de navegación y las observaciones astronómicas estaban lejos de ser útiles. Sólo en el Océano Índico los marinos árabes utilizaban el Kamal para, en la práctica, mantener el barco sobre una determinada latitud. Como el viento constituía la principal fuerza motriz de los navios, era fundamental el conocimiento de las áreas de vientos favorables.
Los descubrimientos portugueses de comienzos del siglo XV no se limitaron a la exploración científica y comercial del litoral africano; hubo también viajes mar adentro en busca de informaciones meteorológicas y oceanográficas que permitiesen el regreso de los navíos de la costa africana por zonas de vientos más favorables. Fueron en estos trayectos en los que se descubrieron los archipiélagos de Madeira y Azores, el Mar de los Sargazos o Mar da Baga, y la vuelta de La Mina, o sea la ruta oceánica de regreso de África. El conocimiento del régimen de vientos y corrientes del Atlántico Norte y la determinación de la latitud por observación astronómica a bordo, permitió esa ruta de retorno de África, cruzando el Atlántico Central a la latitud de las Azores, donde los vientos del Oeste facilitaban un rumbo directo hacia Lisboa, posibilitando así que los portugueses se aventurasen cada vez más lejos de la costa.
Diogo Cão y Bartolomeu Dias representaron los dos hitos finales de esta época: el primero llegó a Foz do Zaire en 1482 y el segundo dobló el Cabo de Buena Esperanza en 1487. Como corolario de estos viajes de exploración, Vasco da Gama descubrió la ruta marítima a la India en 1497-1499.


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