3. Desarrollo

Desde el año 380, pues, la estructura de la Iglesia da un giro importante debido a su aumento de poder. Van apareciendo las catedrales, templos principales de la Iglesia Católica, y ocupan el centro de la actividad de la ciudad, donde también se encuentran los edificios administrativos de mayor importancia. Se configuraba, así, el centro ciudadano y eclesiástico, un modelo de ciudad que se extendería hasta bien entrada la Edad Moderna, con ligeras modificaciones.

Se estrechan, pues, a partir de aquí, las relaciones entre poder político y religioso. Se celebrarán concilios nacionales y provinciales en los que se deliberará sobre asuntos tanto espirituales como temporales (ya que según San Agustín, la salvación de los hombres es el objetivo último de ambos poderes). El III Concilio de Toledo (589) consagrará una vez más el catolicismo como religión oficial de Hispania y tomará determinaciones sobre cuestiones políticas y religiosas, estableciendo además la capacidad de intervención de los obispos católicos en todos los ámbitos del poder estatal.

La “Falsa Donación de Constantino” legalizó la unión entre Iglesia y Estado en el siglo VIII, pues mediante este documento la Iglesia Católica adquirió los Estados Pontificios de Italia supuestamente con el “consentimiento” de Constantino I. El documento habría sido escrito por el emperador Constantino en el 337, mediante el cual concedería toda la parte Occidental del Imperio al Pontífice Silvestre I: “concedemos al susodicho pontífice Silvestre, papa universal… como posesiones de la Santa Sede de Roma y todas las Provincias, distritos y ciudades de Italia y de Occidente…”. En el siglo XV se descubriría que este documento había sido una falsificación y un fraude.

Una práctica que se generalizaría en los siglos XII y XIII será la de que los monarcas de los reinos occidentales hicieran juramento, con carácter sagrado, ante los representantes de su Iglesia, en el momento de la coronación.

Hay que decir también que, el poder que la Falsa Donación de Constantino otorgó a la Iglesia haría que las relaciones Iglesia-Estado no fuesen siempre positivas, pues también darían lugar a los famosos enfrentamientos entre Cesaropapismo y Hierocracia, entre Iglesia y Monarquías nacionales. Aunque los poderes civil y religioso debían colaborar estrechamente en la búsqueda de la ciudad eterna (según proclamaba San Agustín en su De ciuitate Dei), siempre intentó sobreponerse alguna de las dos instancias y eso generó rivalidad e hizo que las relaciones Iglesia-Estado fuesen ora armoniosas, ora rivales.

Los siglos XIII y XIV se caracterizarán por la colaboración intensa que se establecería entre la jerarquía eclesiástica peninsular y la Corona. Destacados miembros del alto clero participaban en la administración del reino, y numerosos servidores de la corte recibirían en recompensa de sus servicios sedes episcopales o importantes canonjías. La estrecha interdependencia tuvo sus repercusiones en los campos de la política, la economía y de la justicia.

 

3 Comments

  1. Jesús Rico says:

    Me parece muy interesante el tema y admiro la capacidad de síntesis en las exposiciones.

  2. juan gabriel sabio perez says:

    esta muy bien desarrollado

  3. juan gabriel sabio perez says:

    y muy bien actualizado

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