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Buenos propósitos, días limpios

 

«La convivencia por la línea más baja no sólo se establece entre parejas. En la sociedad hay también políticos y líderes de opinión que generan mucha caspa ideológica y nos obligan a convivir en un nivel inferior a nuestros sueños. Atravesar el día de forma limpia sin que esa caspa ataña a tu moral es una empresa muy ardua. Hay que realizar en cada momento un gran esfuerzo para no deslizarse por esa suave pendiente que lleva de forma natural hacia la estupidez o la ignominia. Cada mañana hay que levantarse de la cama con un firme propósito: no oír esa emisora histérica, no leer ese periódico amarillo, que ese militar golpista no te fastidie el desayuno, que el matonismo verbal de cierta derecha que rebuzna cada día con más fuerza no altere tu estilo de vida, que los regüeldos grasientos de un senador franquista no te impidan disfrutar de una sobremesa agradable con los amigos, que no te excite comprobar en cada telediario que el Partido Popular juega de nuevo a reventar al Gobierno hasta poner a la democracia al borde del precipicio…» (157)

Manuel Vicent, “La caspa”, El cuerpo y las olas, Alfaguara.