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En un principio, Venecia se abrió al mundo alrededor del siglo X, cuando tras apoyar al Imperio Bizantino contra los normandos, éste concedió a la ciudad numerosos privilegios comerciales que garantizaron el tráfico marítimode Venecia con Próximo Oriente, permitiéndole comerciar con sedas y especias de Bizancio y Alejandría, esclavos madera y pez de Dalmacia; y hierro y paños de los Alpes.
A partir de 1204, con la Cuarta Cruzada, comienza el gran apogeo veneciano: las galeras del Dux toman Constantinopla y parte del Imperio griego, donde se quedaron con los mejores barrios comerciales de ciudades como Siria, Palestina, Creta y Chipre. Es en esta época cuando hace su aparición Marco Polo, importante mercader y viajero veneciano al cual se le atribuye un viaje a Asia gracias al cual da a conocer importantes territorios y civilizaciones de centro asiático y China. Con gran parte del Mediterráneo bajo su dominio, Venecia fijó su objetivo en el Atlántico, donde fundó numerosas colonias comerciales en Southampton, Brujas y Londres.
El mayor símbolo de este auge económico fue la acuñación de su propia moneda de oro en 1284: el Ducado Veneciano.
En el siglo XV, empezaron a conquistar territorios italianos como Verona, Padua, Brescia y Bérgamo, así, el mar Adriático pasó a conocerse como ‘el mar de los venecianos’ donde las industrias más destacadas eran la construcción naval y la producción de telas, seda y vidrio.
A pesar de todo, la decadencia le sobrevino a este gigante del mar. Primero en 1453 cuando perdió Constantinopla a manos de los turcos y más adelante a partir del descubrimiento de América, que desvió hacia el Nuevo Mundo gran parte de las rutas comerciales. Todo este proceso, unido a la peste y a nuevas pérdidas territoriales, culminó en el siglo XVIII, donde solo se podía encontrar una breve sombra de lo que un dia fue la resplandeciente ciudad de Venecia.
Adéntrate en esta ruta y descubre los canales, puentes, islas y edificios que protagonizaron el esplendor y el ocaso de la mayor potencia económica Europea del siglo XV.
Parada 1: Punta della Dogana
En el siglo XV, con el auge del comercio marítimo, Venecia decide separar la Aduana en dos: por un lado estaba la Aduana de Tierra, mientras que por otro teníamos la Aduana del Mar, que es el magnífico palacio reflejado en esta parte de la ruta.

Marcaba el final del Canal Grande, que alcanzaba aquí su máxima anchura, unos 70 metros. Aquí se inspeccionaban las numerosas mercancías que llegaban a Venecia y también los barcos, que eran inspeccionados por oficiales que tasaban y cobraban impuestos según la carga.
En la actualidad es un museo que incluye alrededor de 140 obras de la colección Pinaud.
Parada 2: Palacio Corner

Es un llamativo palacio construido en el siglo XVI como residencia de la familia Corner, familiares de la reina de Chipre. Su fachada tiene un estilo renacentista geométrico que le aporta un aire solemne.
A comienzos del siglo XVII, lo compró una familia de mercaderes, los Spinelli, enriquecidos gracias al comercio de la seda, lo que nos hace tener una pequeña idea de la importancia del comercio y de las grandes riquezas que podían llegar a almacenar los mercaderes de la isla.
En la actualidad, sigue en manos de comerciantes, esta vez de la empresa Rubelli, que destacan como fabricantes de telas de lujo.
Parada 3: Ponte delle tette
No podía faltar esta curiosa parada que nos hace ver que no todo el mundo comercial y económico estaba lleno de impresionantes edificios y grandes riquezas. En el Ponte delle tette entramos en un mundo de clases más populares, aunque no por ello menos interesantes. Como protagonistas de esta parada tenemos a los grupos sociales que se dedicaban a dos de los más importantes oficios de Venecia: las prostitutas y los marineros; y un curioso puente:

Acostumbrados a pasar varios meses en el mar, los marineros venecianos buscaban satisfacer en alta mar sus necesidades sin compañía femenina, por lo que empezaban a experimentar con relaciones homosexuales. Cuando llegaban a la ciudad seguían practicando esto por lo que el Dux, que no lo quería permitir, redactó una ley que permitía a las mujeres descansar en este puente con los pechos al aire con el fin de que los marineros y el resto de homosexuales de la ciudad volvieran (o comenzaran) a fijarse en el sexo femenino.
Posteriormente, en este puente se fueron asentando las prostitutas.
Parada 4: La Zecca
La primera casa de la moneda veneciana data del siglo IX, pero la que se conserva en la actualidad, en otra ubicación, se construyó entre 1537 y 1545 y fue el primer edificio de Venecia construído totalmente en piedra (para evitar que se incendiara)
Como se ha dicho en la introducción, el primer ducado veneciano se acuñó en 1284, pero en 1540 se transformó, en esta ceca, en otra moneda distinta, el zecchino, que junto con el fiorino florentino, se convirtió en la moneda base del mercado y del cambio de toda Europa.

Actualmente alberga una biblioteca.
Parada 5: El Arsenal de Venecia

Realizamos aquí nuestra primera parada. Durante la Edad Moderna fue un gran complejo de astilleros y armerías de propiedad Estatal y jugó un importante papel a la hora de convertir a Venecia en una impresionante potencia naval ya que aquí se ideó un nuevo sistema especializado en la producción en masa de embarcaciones.
Ocupaba un área de unas 45 ha. Siendo así el mayor complejo industrial de Europa anterior a la Revolución Industrial.Su puerta principal, construida en 1460, fue la primera estructura renacentista de Venecia.
Los trabajadores del Arsenal eran conocidos como arsenalotti y, a pesar de las muchas restricciones que tenían (como mantener en completo secreto las técnicas de construcción o el impedimento de salir de la ciudad, considerado como traición), eran considerados como la élite industrial y disfrutaban de privilegios como conducir el Bucintoro, formar un importante cuerpo naval y disfrutar de alojamiento gratuito en los alrededores del edificio.
Parada 6: La isla de Murano

Esta parada esta dedicada a toda una isla por completo, ya que la isla en sí es un bello ejemplo en el que podemos admirar la historia moderna de Italia, sus costumbres y trabajos, durante el Renacimiento y el Barroco y que se mantienen hasta la actualidad.
Desde el siglo X, una de las industrial más importantes de Venecia es la del vino, gracias a los secretos que los mercaderes de la ciudad aprendieron de sus viajes a Oriente.
En un principio, los talleres dedicados a esta actividades estaban en el centro de Venecia, pero a partir del siglo XIII para prevenir posibles incendios que afectaran la ciudad, decidieron trasladarse a la isla de Murano, donde acabaron asentándose definitivamente en el siglo XV. Desde este enclave, los artesanos y marineros podían comerciar su vidrio por todo el Mediterráneo, haciéndolo mundialmente famoso.
Todavía hoy se pueden apreciar algunas estructuras renacentistas entre las que destaca la Iglesia de San Pietro Martire, creada para que cada vez que los comerciantes amarraban sus barcos en la isla, tuvieran un lugar en el que practicar su fe. En su interior se pueden admirar obras de Bellini y de Tintoretto.

Hay también un faro que, aunque es del siglo XIX, esta en el mismo lugar en el que fue colocado el primer faro en el siglo XV.
Parada 7: Isla de Burano
Otra isla a través de la cual podemos entender el mundo de los comerciantes de los siglo XV a XVIII.

Las casas de esta isla, fundada en el siglo V, son todas de colores se dice que para que los marineros que navegaban largos meses por el Mediterráneo en el siglo XV, pudieran reconocer su hogar desde la lejanía.
Además de por sus colores, la isla es famosa por su industria textil, en especial por sus encajes, que se pusieron de moda en el siglo XV, en parte debido al entusiasmo por ellos de Giovanna Dandolo, la esposa del dux de la época. Asimismo, esta merecida fama no se quedó sólo en Italia: en 1483, el rey Ricardo III de Inglaterra, mandó decorar sus ropas que llevaría para su coronación, con este encaje.
Entre los comerciantes, existía una leyenda sobre como surgió el encaje de esta ciudad: un pobre comerciante se enamoró locamente de una bella dama que vivía en Burano, con la cual se casó. Al no tener apenas dinero, se sentía frustrado por no poder regalarle nada a su amada, pero un dia, cuando se encontraba en alta mar, encontró un alga preciosa, recubierta de sal marina, que decidió llevarle como presente a su mujer. Cuando la vió, la joven quiso copiar el diseño en una tela: al dar puntadas para asegurar cada extremo del hilo, se iban formando pequeños nudos, creando una especie de bella y robusta red que era una obra maestra de perfección. Surgió así el elegante y exquisito encaje de Burano.
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