Antes de saber si necesitamos un tratamiento para el insomnio debemos conocer si la causa de esta problemática viene de una mala practica de la respiración.
La ventilación pulmonar se halla asegurada por los movimientos respiratorios. Cada uno de ellos se descompone en un tiempo de inspiración, seguido de un tiempo de espiración.
Sabemos que los movimientos respiratorios están determinados por los músculos inspiradores. La inspiración proviene de la contracción de estos músculos, la espiración de su relajamiento.
Estos movimientos son rítmicos y están ordenados por un centro automático situado en el bulbo raquídeo. El centro es excitado por el anhídrido carbónico de la sangre, pudiendo modificar su funcionamiento las influencias nerviosas.
El reposo y la tranquilidad que acompañan al sueño modifican por sí mismos este ritmo.
El centro automático, en efecto, no sólo elude las influencias emocionales, sino que además la ausencia de actividad disminuye la formación de anhídrido carbónico, excitante normal de este centro.
En consecuencia, el ritmo se hace a la vez más regular y más lento. La habitual vigilia de las funciones orgánicas en el transcurso de la noche y la menor reactivación del centro respiratorio durante el sueño contribuyen igualmente al amortiguamiento de la respiración.
La respiración del durmiente se caracteriza por un ritmo lento y regular, siendo la inspiración más amplia y lenta y atacando bruscamente la espiración que concluye lentamente. A menudo es una respiración de tipo costal: el aumento de volumen de la caja torácica se debe más a la elevación de los costados que a la contracción del diafragma.
Algunas personas presentan durante el sueño una respiración periódica o ritmo de Cheyne-Stokes, que consiste en una respiración entrecortada; después de cada detención, la respiración reemprende su marcha con una amplitud que primero crece, y después disminuye hasta la siguiente detención.
La ventilación pulmonar no es la única que disminuye durante el sueño. Los cambios respiratorios también decrecen. El oxígeno consumido baja alrededor del 13 % y el anhídrido carbónico expulsado del 1896. Esta desigualdad de cifras refleja además una modificación de la respiración de los tejidos durante el sueño.
Indiquemos que el bostezo, amplia aspiración bucal de aire seguida de una espiración profunda, puede interpretarse como una tentativa de renovar el aire para luchar contra la somnolencia, como una negativa instintiva a abandonarse, a la que responde, quizá también, la necesidad de estirarse que le acompaña con frecuencia.
Fuentes:
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