El fracaso de la misión japonesa

El fracaso de la misión japonesa

Después de la muerte de Francisco Javier, los miembros de la Sociedad de Jesús siguieron los pasos del santo en la evangelización de Japón. En1580, Alessandro Valignano, Visitador General de los jesuitas para las Indias Orientales, dio a los misioneros de China y Japón las directrices de la política de acomodación que sería asumida desde entonces. En lo que se refería a este último país, los jesuitas deberían mostrar gran respeto hacia su cultura: cambiar su vestimenta por otra más acorde con la sensibilidad de las clases letradas; prestar atención a sus costumbres y cortesías; no criar ni cerdos ni cabras; construir sus iglesias al estilo japonés… Quizás el punto de mayor trascendencia de las instrucciones de Valignano sería el de fomentar la creación de un clero nativo, proyecto que, sin embargo, no pudo ser convenientemente realizado, pues la escalada de violencia contra los misioneros extranjeros impulsada por las autoridades japoneses comenzó apenas 30 años después.

 

La desconfianza que los japoneses esperimentaron desde un inicio hacia cualquier elemento de origen exterior no llegó a desvanecerse. El país, inmerso en pleno proceso de unificación propiciado sobre todo por los shogunaos de la familia Tokugawa, percibía el cristianismo como una amenaza, debido a su sometimiento a un rey y a un dios extranjeros. No obstante, la misión se vio abocada a la ruina no tanto por la represión del gobierno japonés, sino por las rivalidades que generaba la existencia de dos patronatos (portugués y español) y pos las diferencias entre las distintas órdenes religiosas.

 

Franciscanos y dominicos iniciaron su apostolado en tierras niponas en la primera década del siglo XVII, rompiendo el monopolio que la bula Ex Pastorali officio (1585) había reservado a los misioneros jesuitas sobre China y Japón. Las divergencias entre la Compañía de Jesús y las demás órdenes regulares tenían que ver no sólo con los métodos de evangelización, sino también con cuestiones jurídicas y pastoriales: jurisdicción territorial, predicación de la cruz, institución de hermandades, administración de sacramentos… Los recién llegados actuaron con imprudencia al nagarse a imitar la táctica acomodaticia de la Compañía, ofendiendo a los japoneses y exacerbando hasta tal punto su sensibilidad que éstos dieron crédito a la existencia de un proyecto de sonquista de Japón por parte de los soberanos español y portugués. Se temía que tras los aparentes fines evangelizadores se ocultasen otros políticos.

Treinta y seis personas, entre cristianos japoneses y religiosos europeos, fueron crucificadas en 1597, construyendo el primero de los muchos maritirios que jalonaron la historia de la Iglesia católica japonesa. En 1614 fueron expulsados todos los misioneros extranjeros, aunque continuarían su labor en la clandestinidad. Se iniciaron persecuciones organizadas, no sólo contra los misioneros, sino también contra los naturales del país que no renunciasen a su fe. Unos treinta mil campesinos se rebelaron en 1638 en Shimabara, cerca de Nagasaki, inspirados por ciertos vagos ideas cristianos. El gobierno sofocó brutalmente el movimiento, y ya no cesaría en su afán por exterminar a los cristianos.

 

 

 

 


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