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Legitimidad de Juana

Para la legitimidad de Juana, el monarca encargó a los obispos de Cartagena y de Astorga,  abrir una investigación sobre si él podía tener hijos. Entre los interrogados figuraba Juan Fernández de Soria, médico de Enrique desde su infancia, que declaró no haber conocido, ni él ni sus ayos y maestros, ningún defecto que le incapacitara para engendrar.  Decían además, que era cierto que perdió la potencia viril en su matrimonio con Blanca de Navarra, debido a un maleficio, pero después la volvió a recuperar.

Además, se pidió a las supuestas amantes de Enrique, que declararan si Enrique tenía o no, potencia viril y capacidad para mantener relaciones sexuales.  En un documento, se descalificó como mujeres públicas a las mujeres segovianas que declararon que Enrique no era impotente, pues él había mantenido relaciones sexuales con ellas. A estas relaciones con mujeres segovianas, hay que añadir, las relaciones mantenidas con Catalina de Sandoval, a quien, según el cronista Alonso Palencia, Enrique la recompensó nombrándola abadesa del monasterio de San Pedro de las Dueñas de Toledo, Guiomar de Castro, que acabó siendo condesa de Treviño y Beatriz de Vergara.

Juana “la Beltraneja”

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