Los inicios de la escuela valenciana de pintura

                                                     Los Osona

La Flagelación (hacia 1510) de Rodrigo y Francisco de Osona.

La Flagelación, de Rodrigo y Francisco de Osona.

Rodrigo (1440-1518) y Francisco de Osona (1465-1514), padre e hijo, nacen en Valencia y aquí desarrollaran su labor como primeros pintores del Renacimiento valenciano. Ninguno de los dos estuvo en Italia pero recibieron ciertas influencias desde tierras flamencas como la de Louis y Jordi Alincbrot o desde Italia con figuras señeras como Paolo de San Leocadio y Francesco Pagano.

Los Osona realizan muchas de las obras de forma conjunta, y en ciertas ocasiones cuesta diferenciar las obras de uno y de otro por la similitud de estilos, por ello casi todas las obras se dicen que son de los dos salvo las que firmaban individualmente. De ambos es la obra titulada La Flagelación, uno de sus cuadros más famosos, y también  El Prendimiento de Cristo (ambas realizadas hacia 1500).

El prendimiento de Cristo, obra de los Osona.

El prendimiento de Cristo, obra de los Osona.

En cuanto a las características de sus obras, podemos observar que no hay un gran realismo, objetivo fundamental de la pintura renacentista italiana, se conoce la anatomía humana pero no es tan perfecta como la desarrollada en Italia. En definitiva, aunque en la pintura de los Osona comienzan a verse algunos de los rasgos propios de la pintura renacentista todavía conservan muchas características propias del estilo gótico como esa falta de realismo de la que hablábamos o el uso de esos tonos dorados tan llamativos.

 

Santa Catalina, de Fernando Yáñez de la Almedina.

Santa Catalina, de Fernando Yáñez de la Almedina.

Feranando Yáñez de la Almedina

Con quien realmente se consolida la pintura renacentista en la ciudad de Valencia es con Fernando Yánez de la Almedina (1505-1537) que, aunque natural de Ciudad Real, desarrolló gran parte de su obra en Valencia destacando por ejemplo sus trabajos para la Catedral de la ciudad. Se formó en Italia con Leonardo, el cual influiría mucho en su obra ya que, al igual que Leonardo, trataría de dotar a las figuras de esa belleza idealizada tan propia del maestro italiano. Esta búsqueda del ideal de belleza queda perfectamente plasmado en su obra Santa Catalina (1510) en la que la santa presenta ese aspecto tan dulce y delicado. También influyen en él otros autores italianos como Rafael Filippino Lippi y Perugino.

De las características principales de su obra cabe destacar el logro de ese realismo que dota de naturalismo a sus obras y que no habían conseguido los Osona así como un total abandono de los modelos goticistas.

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