Consecuencias de las Germanías para Valencia

La consecuencia principal del aplastamiento de la revuelta, fue la represión, que desde finales del 1521, con la caída de Valencia y la vuelta del Virrey a la Ciudad, inicialmente fue moderada, pues el Virrey Diego Hurtado de Mendoza, concede un perdón general para todos los agermanados, del que solamente quedaron excluidos los líderes más destacados del movimiento.

Mucho más dura fue la represión ejercida por la posterior Virreina, Germana de Foix nombrada en 1523, que en una crónica coetánea, el Llibre d’antiquitats, eleva a más de 800 el número de represaliados durante todo el periodo por el llamado “crim de germania e unió popular”. La misma Virreina reconocería haber ordenado expresamente la ejecución de más de un centenar de personas. El cronista Escolano cuenta cómo las horcas de madera del mercado eran sustituidas por las de piedra para aguantar la sangría, también fueron muy importantes las confiscaciones de bienes a los acusados de participar en la rebelión, que eran inmediatas en el caso de las condenas a muerte (tanto si eran ejecuciones como si no lo eran), así como las composiciones o multas a personas, poblaciones y oficios.

Similar represión sufrieron las Comunidades de Castilla tras Villalar por Adriano de Utrecht

Similar represión sufrieron las Comunidades de Castilla tras Villalar por Adriano de Utrecht

La nómina de los represaliados la encabezaba el jurista Bartomeu Monfort, con la astronómica cifra de 6.000 ducados, la misma cantidad al oficio de los terciopeleros (el más castigado de todos los gremios), seguidos de los pelaires y tejedores. Valencia como Ciudad superó las 100.000 libras; Xàtiva 36.000 ducados, Alcoy 12.600, Alzira 12.400, Morvedre 9.175… así hasta un total de 80 villas y lugares de todo el Reino.

El importe total de las composiciones subió a más de 380.000 libras (más de 360.000 ducados), las cantidades tardarían muchos años en poder pagarse, así como los daños sufridos durante la guerra, estimados en unos 700.000 ducados para la ciudad de Valencia y unos 2 millones para el conjunto del Reino.

Las pérdidas humanas del conflicto fueron de 12.000 combatientes en el campo de batalla, con las consiguientes repercusiones demográficas. Señala en su obra, García Cárcel, que además de la derrota de los agermanados y del triunfo de la nobleza y la oligarquía valenciana, se produjo también el triunfo de la alta burguesía mercantil italiana al acabar con los monopolios en comercio y ventas de los gremios así como la desestructuración o ruina de muchos de ellos, la definitiva marginación del artesanado en la administración municipal y un proceso de refeudalización en el campo paralelo al proceso de endeudamiento de la nobleza y a la consolidación del imperialismo de Carlos I que dejó como desastre final en lo demográfico, una cifra de 5.000 casas de cristianos y 1.000 casas de moros vacías a causa de la guerra y el exilio.

Otra de las consecuencias dramáticas para el Reino será la gran represión sufrida por los musulmanes, que son considerados los grandes perdedores del conflicto, pues sufrieron un hostigamiento por parte de los rebeldes enorme que les obligó a muchos de ellos a convertirse al cristianismo. El odio al moro, arrastrado desde antiguo en nuestra sociedad, se nutría de simples argumentos, no solamente los étnicos o religiosos. A la aversión religiosa, cultural o lingüística se añadía el resentimiento de las clases populares valencianas por la competencia laboral de los artesanos mudéjares, excluidos de las estructuras gremiales así como por la prosperidad de las pequeñas élites mudéjares.

Probablemente ello explica que fuesen los agermanados de procedencia urbana, menestral, los que más recrudecieron su violencia contra los mudéjares, acrecentada durante la guerra pues eran los siervos que utilizaban los nobles en sus pequeños ejércitos nobiliarios. El saqueo y represión ejercida por Peris a las poblaciones musulmanas de La Safor, La Marina y La Costera con bautismos forzosos masivos, esta oposición a los musulmanes, fue uno de los motivos de esa gran expresión antiseñorial.

Los moriscos como grupo social represaliado

Los moriscos como grupo social represaliado

Tras las Germanías se discutió la validez de estas conversiones forzosas, se creó una junta de teólogos y juristas ordenada por Carlos I en el 1525 en Madrid donde se pronunciarían a favor de las conversiones, pues tenían opción a no ser bautizados, la muerte y por tanto tenían libertad para elegir, una reafirmación de la ortodoxia llevada al límite como fue el mandato de Carlos I que tras el “cuius regio, eius religió” de la paz de Augsburgo de 1555, obligaría al resto de mudéjares del Reino a convertirse, acabarían con la oposición de señores y las revueltas de mudéjares, hasta la definitiva conversión total en moriscos a lo largo del siglo.

Bookmark the permalink.

About Carmelo Santo Mateo

Licenciatura de Historia Unviersidad de Alicante

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *