Xàtiva y los archivos

Pese a la escasez de la documentación, los historiadores pasados atribuyeron la asombrosa expansión y reorganización del archivo de la Corona de Aragón-Cataluña a la disponibilidad de papel que supuso la conquista de Xàtiva. Hoy, esta afirmación tradicional tropieza con el escepticismo que la considera una suposición gratuita. Las entradas dispersas que se le refieren, en los extensos registros del rey Jaume I y de sus sucesores inmediatos, toman decisivamente en consideración la industria papelera de Xàtiva. No citan ninguna otra por su nombre, ni siquiera de forma general. Estas entradas revelan la envergadura y la prosperidad de la industria xativí, la firme determinación de la Corona de favorecerla y protegerla, y la primacía que tenían los artesanos moros hasta mucho después de la conquista. Cuando el rey Jaume I preparó su par de docenas de códices sobre el repartimiento de la tierra valenciana, se sirvió del papel xativí, parte del cual es de una calidad tan exquisita que sólo la facilidad de disponer de él y la falta de un producto nativo suficiente pueden explicar que se utilizase aparte esta clase de apuntes notariales. El contemporáneo más joven del Conquistador, Ramon Muntaner, llegó a exclamar que las trapacerías de Génova, la rival comercial de Cataluña, eran tantas que no bastaría para escribirlas todo el papel que se hacía en la villa de Xàtiva.

No todo el papel usado en los registros de Jaume I provendría necesariamente de Xàtiva, por supuesto. Otros centros locales subsidiarios, o en definitiva las importaciones, contribuirían parcialmente al mismo. Un ejemplo de una de estas procedencias ha salido hace poco a la luz, un contrato corriente, en el archivo de la catedral de Barcelona, que contiene la lista del cargamento de un barco mercante a punto de zarpar para Sicilia y otras tierras, donde figura “papel de Murcia”, a finales de 1267. Murcia, en la frontera meridional del reino de Valencia, había sido técnicamente tributaria de Castilla desde 1244, pero no fue definitivamente  conquistada hasta 1266, el año antes del documento. Esta única noticia de la producción de papel en tierras que se encuentran justamente al sur de Xàtiva, en una escala suficientemente grande para que conste como un artículo importante en un cargamento de exportaciones ultramarinas en Barcelona, nos hace no menospreciar la idea de centros papeleros subsidiarios. Por otra parte, los operarios de Murcia podrían ser xativíes descontentos con la reciente política de la Corona. Valls supone que el término específico “papel xativí” no tardó en volverse una designación genérica de papel de calidad de cualquier procedencia. Las pruebas documentales seguramente no podrán decidir nunca la proporción de papel xativí en el total de la producción catalana-aragonesa del siglo XIII, o en el archivo del Conquistador, porque Felipe V, en 1707 quemó los archivos de Xàtiva.

 

Vista panorámica de Xàtiva

Vista panorámica de Xàtiva (Representación medieval)

 

En 1338 el rey Pedro, en una reclamación con motivo del descenso que últimamente había tenido la calidad del papel de su archivo, especificó que este papel aún procedía de Xàtiva. Otros documentos emparentados dicen que los artesanos de Xàtiva eran moros. Los supuestos competidores cristianos  no aparecen por parte alguna de todo este conjunto de cartas, ni tampoco en ningún documento previo sobre Xàtiva. El rey Pedro protestaba porque el papel de esta villa se había vuelto tan endeble y estaba dispuesto a acabar con estos últimos abusos de Xàtiva para con sus propios archivos y los de sus súbditos y por el bien común del reino. El predominio de Xàtiva en esta industria proseguía.

La cronología de los primeros registros del rey Jaume ofrece una confirmación extrínseca de la importancia única de Xàtiva en la provisión y en la expansión de los archivos de la Corona. La compilación de los registros en papel se inicia ralamente desde principios de 1257 . El proceso no se completó hasta 1252, cuando Jaume I le dio una sólida constitución de derechos y deberes con tal de afianzar allí a la comunicad musulmana sobre una base nueva y duradera. Incluso entonces, las docenas de cláusulas referentes al industria, a los impuestos, al comercio, a los funcionarios moros y  a la exclusión  de los cargos oficiales, no contienen ni una sola alusión a lo que era la gloria de su comunidad: el papel. El contexto de la constitución, que revela una independencia autolimitada y privilegiada, hace pensar que la fabricación del papel estaba en manos de la aljama en tanto que institución pública, sin necesitar ninguna legislación de los señores cristianos. Si se puede decir que en el reino de Valencia los mudejares sometidos tenían un centro o una capital, ésa era Xàtiva.

Al cabo de poco tiempo, comenzó la proliferación sostenida en el archivo de Jaume I de Barcelona. El momento preciso, marzo de 1257, parece relacionado con la cronología de la revuelta sarracena del sur de Valencia, que entro en un periodo de tregua durante aquella pascua. La tregua, forzada por el rebelde al-Azraq con su desesperada amenaza de pasarse a Castilla, comenzó el 8 de abril, y definía la nueva posición de fuerza a que había llegado la Corona antes de aquella fecha en el sur valenciano. La lucha precedente había proporcionado al rey una oportunidad para estrechar el dominio cada vez más directo de la Corona sobre la aljama sarracena de Xàtiva. La proximidad de las fechas, indica que el dominio cada vez más directo de la Corona sobre la aljama sarracena de Xàtiva a partir de 1252 y especialmente ya en 1257 fue el factor crítico para la elaboración del archivo de Jaume I y, en consecuencia, que la producción xativí fue realmente la basa de aquella colección.

 

Sobre Blanca Domínguez Martín