Experiencias

En este apartado queremos compartir con vosotros las experiencias de crisis que nos han marcado personalmente o en las que hemos actuando ofrenciendo ayuda. Los componentes del grupo narrarán aquí situaciones a las que se han enfrentado, siempre de forma anónima, para que si al leerlas te sientes identificad@ también te puedan resultar de ayuda.

 

1.- “La semana pasada comenzó para mí con la sensación de que a mi tía le quedaba poco tiempo que estar con nosotros. Un cáncer de páncreas metastatizado a varios órganos diagnosticado a mediados del pasado diciembre era la causa de dicha sensación. El deterioro, ya evidente, me llevaba a pensarlo y la verdad es que habiendo tenido tiempo para “prepararme” esperaba el momento con el único temor de que no padeciese dolor. Bueno, dicho y hecho. El martes a mediodía me comunicaron el fallecimiento. Era una gran mujer de 73 años que dejaba 6 hijos y 8 nietos. Querida por todos y arropada por los suyos su despedida fue dura pero asumible por las circunstancias. Hasta aquí no hay elementos de crisis.

La mañana del miércoles, mientras yo me preparaba para asistir a la misa funeral por mi tía, suena mi teléfono y alguien al otro lado me comunica que otra de mis tías, en este caso por el otro lado de la familia, había tenido un derrame cerebral y se encontraba en la UCI del hospital y estaban avisando a los hijos y sobrinos mayores para que fuésemos a despedirnos de ella porque se moría en muy breve espacio de tiempo. Creí por un instante que me tomaban el pelo. Mi tía tenía 54 años y estaba sana ¿cómo podía haber pasado algo así? Bueno, aviso de que no asistiría al funeral y me pongo rumbo al hospital. Cuando llego imagináos la situación: el marido y los hijos desencajados por el miedo y el dolor, los sobrinos pensando aún que no era cierto. De repente alguien sale a informar. Se entran al tío a una salita y le dicen que la pueden intervenir, que van a intentar pararle la hemorragia y que hay alguna posibilidad de éxito si supera la intervención.

Cinco horas de quirófano más tarde nos dicen que han conseguido “taponar” la hemorragia pero los daños son muchos y muy graves. No sabemos cómo reaccionar. Lágrimas, esperanza y miedo se mezclaban a partes iguales. Había que esperar 48 h para una valoración más real de la situación. Qué mala suerte tuvimos que las 48 h se cumplieran el sábado. Nadie nos informó debidamente de la situación y permanecimos hasta el domingo por la tarde con la esperanza de que aquello podía tener solución. Nos dijeron que no había ninguna posibilidad de recuperarla. No os imagináis el mazazo que supone cuando al entrar a verla la enfermera que la atendía me dijo al interesarme yo por su situación, que no llevaba sedación ni medicación ninguna, cosa que no sabíamos y, claro, eso suponía que estaba en coma y que no iba a regresar jamás.  Aquello fue tremendo. Todos llorando, impotentes e incrédulos de lo que estaba sucediendo. El lunes por la mañana los médicos corroboran que la situación es esa y le preguntan a la familia si ella desearía donar los órganos. Difícil decisión ante la que nadie dudamos un momento, sí: ella quería, nos lo había repetido en varias ocasiones a lo largo de los años. Era el único consuelo que nos quedaba. Pensar que una muerte tan dolorosa para nosotros iba a salvar la vida de otras personas y que por lo menos no era en balde. A eso nos cogimos para intentar comprender lo incompresible, para asumir la pérdida para la que ninguno estábamos preparados. Eso me ocurrió y todavía estoy intentando encajarlo. Pasará mucho tiempo y costará mucho pero lo que sí que es cierto es que hoy hay personas que tienen una nueva oportunidad de vivir gracias a que mi tía tuviese que morir.”

2.- “Estaba pasando una mala racha y decidí llamar a una amiga y contarle lo que me preocupaba. Cuando hablé con ella me dijo lo que debía hacer y la manera de solucionar mi problema. Yo sé que lo hizo con la mejor intención, pero yo me sentí mal, incluso juzgada, porque llegó a decirme que no estaba nada bien mi manera de actuar. En otro momento quizá me hubiera sentido mal sin saber porqué. Ahora puedo identificar mi malestar, se que yo únicamente buscaba que me escuchasen y que me apoyasen. No necesitaba ningún consejo y menos que me hicieran sentir culpable de mis sentimientos o de mi manera de actuar.

Finalmente busqué ayuda, de una manera un poco inconsciente, y se lo conté a mis compañeros de intervención en crisis. Dieron en el clavo, sin darse cuenta ellos y casi sin darme cuenta yo. Creo que si en algún momento pensaron que estaban utilizando las técnicas que hemos aprendido no se les notó. Pero, sinceramente, pienso que les salió natural, lo que quiere decir que han interiorizado lo que tanto esperamos, poder ayudar a alguien en un momento difícil. Simplemente escucharon lo que yo les contaba, me hicieron ver lo que yo pensaba realmente, pero sin guiarme en mis pensamientos, simplemente hicieron que afloraran solos. Y sobre todo noté apoyo, sentí que podía decir o pensar cualquier cosa y que no me iban a juzgar, hicieron que dejara de sentirme culpable, sentimiento el cual me estaba machacando.

Gracias compañeros.”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *