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Author Archives: Antonino Martín Palacios

La cadena de valor de Porter y los dobles elepés en directo

A finales de los años 60 y principios de los 70 del pasado siglo el mercado de la venta de música grabada había madurado notablemente desde la irrupción del rock and roll: el single había dado paso al LP como formato preferido por el público con producciones que ganaban en calidad y sofisticación, al tiempo que nacían nuevos estilos como el hard rock, el rock progresivo o el country rock.

En este entorno surgió el fenómeno de los discos en directo; parecía un contrasentido que estas grabaciones, generalmente menos elaboradas y más baratas de producir pudieran tener más éxito o servir mejor para dar conocer a los artistas que las de estudio. Sin embargo, este formato hizo que muchos relanzaran sus carreras pasando al primer plano de la escena musical con unas grabaciones que fueron grandes éxitos de ventas y pronto se convirtieron en discos clásicos rock; temas grabados en directo que a menudo superan en reconocimiento a sus homólogos de estudio. Neil Diamond, Status Quo, Cheap Trick, Dr. Feelgood y sobre todo Peter Frampton, dieron un salto cuantitativo y cualitativo en sus carreras con sendas grabaciones de sus conciertos. Pero la brecha fue abierta por Deep Purple en 1972 con uno de los discos más icónicos de la historia del rock: el aclamado Made in Japan, que cuenta con unas ventas acumuladas sólo en Estados Unidos de más de un millón de copias.

Si observamos el fenómeno con la lente de la economía, podemos comprobar cómo las discográficas hicieron un inesperado descubrimiento: ofrecer casi el mismo producto, para los mismos potenciales clientes y con unos costes mucho menores que llevar los músicos al estudio, sólo se necesitaba grabar una actuación por la que además el público ya había pagado sus entradas. Tras estos discos en directo, por cierto casi todos en formato de doble LP, subyace la teoría de la cadena de valor de Michael Porter, según la cual cualquier bien o servicio desde su creación hasta su puesta a la venta pasa por una serie de fases o eslabones que le van añadiendo valor; así, a medida que se van introduciendo cambios en los eslabones se consigue aumentar el precio que estarán dispuestos a pagar los clientes; alternativamente se puede también conseguir que más clientes se interesen por nuestro producto sin necesidad de variar el precio.

La cadena de valor del producto musical también se puede descomponer en eslabones, que en nuestro caso serían:  composición, grabación, producción o mezclas y venta de la música (en soporte físico, streaming, descargas o sincronización). Desagregando así el producto podremos identificar el eslabón o eslabones susceptibles de añadirle valor sin incurrir en costes excesivos.

Con la publicación de discos en vivo se relanzaron canciones y artistas introduciendo cambios en un sólo eslabón de la cadena, la fase de grabación, que incluso con fallos de interpretación (en el inicio de Smoke on the water, Richie Blackmore confundió algunas notas) o su peor sonido, cuentan con el valor añadido de la emoción del directo en la escucha de una nueva versión.

Para millones de aficionados en todo el mundo, pocos regalos pueden superar a uno de estos clásicos en formato vinilo.

 

El día que Bill Gates llamó a Mick Jagger

Aunque suponemos que Mick Jagger no suele coger el teléfono directamente, en este caso parece que sí lo hizo. Si te llama Bill Gates, es muy probable que la conversación acabe en un buen negocio.

Gates quería lanzar su Windows 95, el primer windows con sistema operativo incluido; su objetivo era dar a conocer  el nuevo programa entre sus clientes, el cual ya tenía el clásico botón de inicio “Start”.

Una empresa líder mundial como Microsoft necesita una promoción a la altura, así que Bill Gates pensó en “Start me up”, uno de los temas más conocidos de los Rolling Stones, que nunca falta en sus directos desde su lanzamiento en 1981 e incluido en el LP “Tatoo you”, uno de los grandes clásicos de los Rolling.

Desde luego la idea no parecía que fuera a salir barata y en su momento Jagger dio esta versión:  “Me llamó Bill, le pedí 14 millones para disuadirle y me dijo, de acuerdo”. En realidad fueron $ 3 millones por usar la canción durante 6 meses, según el ya retirado director de operaciones de Microsoft, Bob Herbold, quien afirma que gracias a la campaña Microsoft se convirtió en un nombre familiar para el gran público.

Anuncio Windows 95 (1995)

Las canciones clásicas del rock se han convertido en una de las mejores formas de añadir valor a anuncios de todo tipo de productos: perfumes, coches, lencería.

La incorporación de música en anuncios, películas, documentales y similares se denomina sincronización, pero si se trata específicamente de anuncios, hablamos de musicidad, un término acuñado por la profesora de la UA Cande Sánchez.

Aunque según Promusicae los ingresos generados por sincronización representan tan solo el 3% del total de las ventas de música en el mundo, canciones de casi todos los grandes artistas de rock han aparecido en algún momento en anuncios y películas; más en los últimos años en los que catálogos enteros de músicos como Dylan, Springsteen, Bowie o Sting han sido adquiridos por discográficas y fondos de inversión, los cuales deben rentabilizar el desembolso.

La sincronización implica sinergias, pero la incorporación de un determinado tema musical a un anuncio debe tener sentido, de este modo no solo el anunciante, sino también el artista salen ganando. El caso más recordado es el anuncio de Chanel Nº 5 del año 1987, que incluía el tema “My baby just cares for me”, el cual llegó, 30 años después de ser editado, al “top ten” de las listas en los principales países de Europa y supuso no sólo el relanzamiento del producto anunciado, sino también de la carrera de Nina Simone.

Mecano, los Nikis y la teoría de las ventajas comparativas.

Entre finales de los años 70 y principios de los 80 nació en España, con Madrid, Barcelona y Vigo como principales referentes, el fenómeno de “la movida”, conocida en un principio como “nueva ola”. Así surgieron decenas de grupos musicales formados por adolescentes embelesados por las nuevas tendencias que llegaban de las Islas Británicas como el punk, el tecnopop o el powerpop.

Como pioneros de la “nueva ola” en España, Mecano y los Nikis contaron desde el primer momento con numerosos seguidores en sus conciertos y notables éxitos de ventas.

Bien conocida es la trayectoria de Mecano, el grupo español que más discos ha vendido en todo el mundo, con éxitos tan reconocidos como “Cruz de Navajas” o “La fuerza del Destino”. No menos populares fueron en esos primeros momentos los Nikis, a quienes Jesús Ordovás enseguida bautizó como “los Ramones de Algete”; con una trayectoria más corta en el tiempo y bastantes menos grabaciones, son recordados por “El imperio contraataca” publicado en 1985 y número uno en 40 principales.

Ana Torroja y Emilio Sancho eran los vocalistas de ambas formaciones, pero tienen más cosas en común: en aquella época ambos eran estudiantes de economía en Madrid y ambos tuvieron que tomar la difícil decisión de seguir con sus respectivos grupos o continuar con sus estudios.

Probablemente en su día no fueron conscientes de ello, pero el análisis de sus costes de oportunidad les llevó en un momento dado a resolver el dilema entre seguir con sus carreras artísticas o con sus estudios. El resultado del mismo les marcó su futuro profesional.

¿Pero qué son los costes de oportunidad y cómo fueron determinantes en la trayectoria de Mecano y los Nikis?

Cuando tomamos una decisión acerca del uso de determinados recursos, como pueden ser nuestro tiempo, nuestro dinero u otros activos a nuestra disposición, entonces de manera más o menos consciente, analizaremos la situación con el objetivo de obtener la mayor rentabilidad esperada.

Dicho de otra forma, en la mayoría de los casos cualquier individuo que deba elegir entre varias actividades, optará por aquella que minimiza sus costes totales (costes explícitos más costes de oportunidad), donde los costes explícitos son aquellos en los que directamente se incurre al realizar una determinada actividad y los costes de oportunidad representan el valor monetario de aquello a lo que renunciamos para realizar dicha actividad.

Según la teoría de las ventajas comparativas, no importa en cuantas actividades un individuo sea mejor competitivamente que otros, porque elegirá la actividad en la que sus costes de oportunidad sean menores, es decir, aquella en la que posea ventajas comparativas.

Para Ana, sus costes de oportunidad, ingresos a los que renunciaba si seguía con su carrera artística y dejaba los estudios, debieron ser comparativamente inferiores a los ingresos que ya empezaba a percibir con Mecano, por tanto tenía ventajas comparativas como cantante.

En cambio para Emilio, sus costes de oportunidad eran comparativamente superiores a los previsibles ingresos con los Nikis. Por tanto tenía ventajas comparativas formándose en economía y negocios. De hecho Emilio ha afirmado que en ningún momento, ni siquiera en los de mayor éxito se planteó que el proyecto Nikis iba a ser su profesión.

En definitiva, tanto Ana como Emilio decidieron dedicarse a la actividad en la que sus ventajas comparativas eran mayores, o lo que es lo mismo, en la actividad cuyos costes de oportunidad eran menores: la una cantando y el otro emprendiendo carrera profesional en el comercio internacional y los negocios.

Visto con perspectiva no sabemos cual hubiera sido la trayectoria profesional de Ana Torroja al margen de la música, probablemente también muy exitosa; lo cierto es que con Mecano logró innumerables premios y reconocimientos, ventas millonarias en todo el mundo y multitud de seguidores en sus presentaciones en directo. La teoría de las ventajas comparativas explica que se decantara por su carrera artística. 

Tampoco sabremos si los Nikis hubieran acabado como Mecano, vendiendo millones de discos, girando por todo el mundo y cantando en inglés, no es algo descabellado; bueno, lo de cantar en inglés quizás sí. Algunos temas de su elepé de despedida como “La hormigonera asesina” o “Por el interés te quiero Andrés” hacían presagiar una evolución hacia un público más amplio. Tras su etapa como “frontman” de los Nikis y finalizar con “magna cum laude” sus estudios de Comercio Internacional en Estados Unidos, Emilio emprendió una exitosa carrera profesional en Antena 3, el Real Madrid y en el desarrollo de negocios internacionales. En su caso la teoría de las ventajas comparativas explica su opción por una trayectoria profesional al margen de la música.

Crea tu propio proyecto de negocio en el sector de la música

Rock and roll business II es el curso de especialización de la Universidad de Alicante diseñado para que los emprendedores creen su propio proyecto de negocio en el sector de la música.

El objetivo del curso es proporcionar las herramientas básicas para que los emprendedores den forma a su idea de negocio.

Y son muchas las posibilidades de emprendimiento en este sector, como por ejemplo gestión de artistas y salas, organización de festivales, producción de música o coleccionismo musical.

Con una duración de 12 horas lectivas los alumnos completarán, a partir de una idea propia, un proyecto de negocio basado en el modelo canvas y un plan de viabilidad, listo para su presentación a posibles inversores.

El curso finalizará con la exposición y defensa de los proyectos.

Fechas: Viernes 18 de febrero (de 16 h. a 20 h.)  sábado 19 de febrero (de 9 h. a 13 h.) y viernes 25 de febrero (de 16 h. a 20 h.)

Matrícula: 40 € (Alumnos / PAS UA, 30 €)

Inscripciones ya abiertas

David Bowie, el gran innovador… de las finanzas.

A lo largo de su dilatada trayectoria artística, David Bowie siempre se distinguió por ser un gran innovador; le llamaban el camaleón por su asombrosa capacidad para crear tendencias musicales o hacer suyas las del momento, como la psicodelia, el glam, el punk o la música disco. Estuvo incluso en la vanguardia de otras expresiones artísticas como la moda o los videoclips.

En los rutilantes años 90, época de espectaculares operaciones financieras, Bowie seguía en plena forma, así que el camaleón se transmutó en lobo del Wall Street.

Antes de conocer la historia completa aclararemos que las finanzas hacen referencia al origen de los recursos que permiten desarrollar una actividad económica.

Todo buen emprendedor sabe que para financiarse existen dos grandes posibilidades: la financiación propia y la ajena, ambas con sus ventajas e inconvenientes, siendo lo habitual que se recurra simultáneamente a las dos, sobre todo cuando se trata de proyectos de cierta envergadura.

Si se opta por usar financiación propia, la ventaja es que no hay que devolver los fondos utilizados, aunque sí se espera que el riesgo asumido acabe proporcionando beneficios.

La financiación ajena hay que devolverla y además con intereses, normalmente son los bancos quienes la proporcionan, pero también se recurre al público en general a través de la emisión de bonos, a proveedores a través de aplazamientos de pagos, e incluso a clientes a quienes se les cobra por adelantado. La financiación ajena tiene dos ventajas a destacar: la primera es que existe una gran variedad de posibilidades como las ya mencionadas y la segunda, que se puede recurrir a ella en cuando contamos un buen proyecto pero no podemos afrontar la inversión requerida por nosotros mismos. Es necesario tener siempre en cuenta que lo habitual es que quién nos proporciona el crédito, además de los intereses, pida alguna garantía para su devolución, normalmente bienes inmuebles o un avalista solvente.

Volvamos a 1997, año en el que Bowie necesita $ 55 millones. No parece que dispusiera de esos fondos en efectivo ya que recurrió a la financiación ajena. Pues bien, entre las diferentes posibilidades eligió la emisión de unos bonos a 10 años a los que denominó “Bonos Bowie”. ¿Y con qué garantía? Pues la de lo más valioso que tenía entonces, sus canciones, concretamente las de 25 de sus discos, ¿qué verdadero fan de Bowie no compraría sus bonos y más con el 7,9% de interés anual? Muchos pensarían, “bueno y si no recupero el dinero me quedo con parte de los derechos de Jean Genie, Rebel Rebel o Changes“. Sin duda algo genial y revolucionario que nadie había hecho antes.

Los bonos se lanzaron, pero nunca llegaron a sus fans ya que la totalidad de la emisión, calificada con grado A3 (medio superior) por la agencia Moody´s, fue adquirida por la aseguradora Prudential

Tras la operación llegó la hecatombe: irrumpieron internet, Napster, el formato MP3 y las copias ilegales de cedés; con todo ello era difícil rentabilizar el valor de las canciones así que los “Bonos Bowie” fueron degradados a la categoría Baa3, casi “bono basura”.  En esta situación lo normal hubiera sido una declaración de quiebra y la pérdida de la garantía, sin embargo, en 2004 el camaleón terminó de cumplir con los pagos, de modo que siguió conservando los derechos de sus canciones. Y entonces fue cuando se supo la causa de que Bowie necesitara $ 55 millones en 1997: los utilizó para comprar los derechos de sus primeros discos, aquellos que todavía estaban en poder de su antiguo mánager.

Por suerte o visión de futuro, los derechos musicales cobraron un nuevo auge a partir de 2008 con la llegada del “streaming”, desde entonces casi no se venden discos, pero cada vez más aficionados pagan por estos servicios, dando un nuevo impulso al mercado de la música grabada.

David Bowie, el camaleón, visionario y revolucionario hasta el final.

David Bowie: Jean Genie (1972)

Motown, la otra cadena de montaje de Detroit

Tamla Motown fue el sello discográfico más popular de los años 60 en Estados Unidos. Entre sus artistas contaba con Stevie Wonder, Jacksons 5, Marvin Gaye, Supremes, Diana Ross, Temptations y un largo etcétera. La personal forma en que Berry Gordy, fundador y propietario de la discográfica con sede en Detroit, organizó su negocio dio lugar a lo que pronto se conoció como el “sonido Motown”.

En los años 70 su éxito comenzó a decaer, pero no su influencia que llega hasta nuestros días, así que en 1988 Gordy vendió la compañia a MCA por 61 millones de dólares.

Tras el éxito de Motown encontramos grandes artistas, pero lo que la distinguió de la competencia fue un modo de organizar el negocio desconocido hasta entonces en la industria discográfica: cuando llegaba un nuevo intérprete o grupo musical, Gordy y su equipo, tras comprobar su potencial, le hacían pasar por su particular cadena de montaje formada por compositores, productores, arreglistas, músicos de sesión, estilistas e incluso coreógrafos, cual automóviles en una moderna factoría.

Tras el proceso, los artistas estaban preparados no solo para grabar discos con altos estándares de calidad, sino también para actuar en directo, acertar con su indumentaria y atender a los periodistas. Un proceso que les dotaba de un estilo propio y reconocible.

Lo que estaba haciendo la Motown era aplicar la división del trabajo a un sector en el que, dada su naturaleza, pudiera parecer contraproducente hacerlo.

Con la división del trabajo la eficiencia aumenta por tres motivos: mejora la destreza del operario, se reducen o eliminan los tiempos de cambiar de una tarea a otra y permite invertir en maquinaria especializada, lo cual aumenta la productividad.

La división del trabajo fue llevada al extremo con la cadena de montaje que comenzó a implantarse a finales del siglo XIX, siendo en la factoría de automóviles Ford de Detroit donde se aplicó con mayor éxito, convirtiéndose pronto en un referente para otras industrias en todo el mundo.

Precisamente en una cadena de montaje de Ford en Detroit es donde Berry Gordy trabajó unos meses tras fracasar en su primer negocio, una tienda de discos de jazz. De su experiencia ensamblando automóviles es, según él mismo declara en el documental “Hitsville: the making of Motown” (2019), de donde le vino la inspiración para su método de trabajo: si en Ford reciben las piezas, las modelan, las ensamblan y les dan brillo para crear un flamante nuevo automóvil, ¿Por qué no hacer lo mismo con los intérpretes de rock and roll, rithm and blues o soul?

Con esas premisas es como Gordy fundó Tamla Motown donde además compuso algunos de los primeros superventas de la compañía como “Money (that´s what I want)” versioneado incluso por The Beatles. Sin embargo Gordy, siempre a la búsqueda de la especialización y la excelencia, pronto incorporó a la plantilla a Smokey Robinson y al trio Holland-Dozier-Holland, compositores que demostraron ser auténticas máquinas de producir éxitos… en cadena.

https://es.wikipedia.org/wiki/Motown

Fleetwood Mac, un modelo para la gestión de recursos humanos

Fleewood Mac cuenta con más de 50 años de trayectoria. En todo este tiempo tan solo los fundadores Mike Fleetwood a la batería y John McVie al bajo han permanecido en el grupo. Por ello resulta sorprendente al buscar en los créditos de los discos, que sólo en contadas ocasiones encontremos la firma de alguno de los fundadores del grupo, quienes además ocupan los dos puestos que suelen ser menos visibles en una banda de rock: bajo y batería.

Fleetwood Mac nació en 1967 y después de casi una década en activo se había ganado un merecido prestigio, pero los líderes debieron darse cuenta de que produciendo “blues blanco” nunca llegarían al gran público. Como dicen en las escuelas de negocios, “si haces lo de siempre, tendrás los resultados de siempre”.

Así que en 1975 John y Mike, como cualquier emprendedor buscaron decididamente el éxito, probablemente renunciando a sus gustos musicales originales; para ello renovaron el grupo contratando a tres nuevos cantantes y compositores: Cristie McVie, Steve Nicks y Lindsey Buckingham. De ese modo pasaron de ser una banda de blues con mucho renombre pero pocos ingresos a convertirse en uno de los grandes fenómenos mundiales de la música rock, llegando a vender decenas de millones de copias de sus tres LPs clásicos: “Fleetwood Mac” (1975), “Rumours” (1977) y “Tango in the night” (1987), en una época en la que la principal fuente de ingresos para los grupos musicales era la venta de discos.

      El caso de Fleetwood Mac es modélico desde el punto de vista de gestión de recursos humanos y una lección para emprendedores de cualquier sector: el ego de los artistas de rock a menudo frena el talento de sus colaboradores. Sin embargo Mike y John actuaron más como gestores de un negocio que como artistas; no dudaron en reinventar la banda para emprender una nueva etapa, cambiando más de medio grupo y poniendo en manos de los recién llegados tareas fundamentales:  las voces, las guitarras y la composición. Gestionando bien los recursos humanos cumplieron una función primordial en cualquier negocio:  delegar las tareas que otros hacen mejor que tú. Era lo que necesitaban y el resultado fue un éxito artístico y comercial sin precedentes.

En la actualidad el grupo con su formación clásica sigue en activo y sus ingresos se reparten entre escuchas en “streaming”, reediciones en formato físico de sus producciones más populares y actuaciones en directo.

Fleetwood Mac en directo (1977)

La pregunta que nunca deberías hacer a tus clientes, salvo que seas una estrella del rock

Entre la gran cantidad de información que se necesita para manejar cualquier negocio, hay un dato vital que los emprendedores deben conocer: hasta cuanto están dispuestos los clientes a pagar por nuestro producto o servicio.

Ese dato permite, por ejemplo a Starbucks, cobrar hasta 3 y 4 veces más por sus cafés que la competencia y pagar alquileres que pocos pueden permitirse.

Conocer esta información puede costar mucho tiempo y dinero; sin embargo sir Mick Jagger, antiguo estudiante de la London School of Economics, no acostumbra perder ni una cosa ni la otra y así, en el inicio de una de las últimas giras de The Rolling Stones, medio en serio medio en broma, se lo preguntó directamente al público “¿hasta cuanto estaríais dispuestos a pagar por seguir viéndonos?”, gracioso ¿verdad?, sobre todo si la pregunta te la hacen tras interpretar  “Jumpin Jack Flash” o “Brown Sugar” por ejemplo.

Los Rolling Stones cobraron en sus últimas giras unos 5 millones de dólares por actuación: quiere decir que al menos eso es lo que sus clientes están dispuestos a pagar, pero este dato no lo conocen por su público, claro, “a ti te lo vamos a decir” pensarán sus fans. ¿Cómo fijan entonces su caché?

Dejemos que lo explique su socio Keith Richards : “La cosa es así, los Stones decimos que vamos a salir de gira y a partir de ahí los promotores nos hacen ofertas; comparamos y elegimos, eso es todo”. O sea, subastan sus servicios, una excelente forma de conocer esa información vital. Ellos pueden hacerlo porque tienen un notable poder de monopolio y por tanto la capacidad de elegir entre fijar los precios o fijar el número de conciertos, algo que muy pocos tienen a su alcance.

Para su recién anunciada próxima gira “No Filter Tour 2021”, los Rolling necesitaban por acuerdo con su compañía aseguradora un descanso mínimo de 3 días entre un concierto y el siguiente, algo comprensible dado que los componentes del grupo superaron hace lustros la edad de jubilación. En estas condiciones era factible firmar 13 conciertos en Estados Unidos en otoño de 2021.

A continuación la pugna entre promotores es la que fija los precios de los conciertos, como ya hemos mencionado, unos 5 millones de dólares por show.

De este modo es cómo las estrellas del rock y en general cualquier empresa con cierto poder de monopolio conocen esa información vital que les permite saber hasta cuánto están dispuestos a pagar sus clientes y establecer sus precios.

La última fábrica de casetes del mundo

Cintas de casete ¿alguien se acuerda? exacto! los “play-list” de los años 70 y 80: las podías llevar encima y escucharlas en cualquier parte: en casa, en tu coche, en el coche de los amigos (si te dejaban), en la playa, incluso andando por la calle con aquellos genuinos “walkman” de Sony.
Todo muy idílico pero seamos realistas, estamos ante una tecnología obsoleta, un mercado que cayó en picado a mediados de los 90 debido a la irrupción del CD y un soporte caro de producir con tanta piececita. ¿A qué chiflado se le ocurre seguir fabricando casetes? menudo negocio. Pues se le ocurrió a uno llamado Steve Stepp y esta es su carta de presentación: en los 70 se incorporó a la factoría de su padre, la National Audio Company y desde entonces nunca ha dejado de fabricarlos, su mujer le llama “el neardental” y vendió unos 40 millones de unidades en 2020, frente a 12 millones de unidades vendidas en 2015.

La vuelta de lo retro y la nostalgia parecen ser las claves de su éxito pero hay algo más importante, este ciudadano se resistió a abandonar su negocio cuando los demás apostaron por lo más obvio,  pasarse al CD. ¿El resultado? se quedó solo y esa es la verdadera clave de su éxito porque aunque han surgido otros fabricantes, ahora él es el referente mundial y cualquier competidor tiene que partir de cero. Además ya no se fabrica la maquinaria necesaria para producir las piezas.

El casete, como el vinilo, se ha puesto de moda y muchos de los grandes artistas editan sus obras en este formato, es el caso de Lady Gaga, Dua Lipa o The Strokes.

También en España, desde 2020 La Cassettería fabrica en este formato la obra de artistas como Dover que reeditaron su álbum de 1997 “Devil came to me” en casete.

Cómo el propio Stepp declara las pocas máquinas que quedaban se las compró, probablemente a precio de saldo, a la competencia, es decir a Phillips y TDK. De este modo, con tan solo 30 empleados, se ha convertido en el productor del 95% de estas reliquias en el mundo occidental. Ahora las principales discográficas como Sony, RCA y Capitol recurren a la National Audio Company para todas sus ediciones en casete.

Así que paradójicamente el ocaso del soporte casete ha convertido a Steve Stepp en líder mundial del negocio. En su web oficial proclama orgulloso: “Estaremos aquí para producir el último audiocasete”. Resiste y vencerás.

Referencias:

https://www.elconfidencialdigital.com/articulo/ideas-cooltura/vuelve-casete-musica-2021-es-vintage/20210426194338235711.html

https://www.ky3.com/2021/03/12/national-audio-company-in-springfield-sees-sales-rise-for-cassette-tapes/

https://www.elmundo.es/papel/historias/2016/06/08/5756b014e5fdeab1428b4665.html

https://www.nationalaudiocompany.com/history-national-audio-company/

La primera lección de Elvis para emprendedores

Cualquier empresario o gestor de negocios sabe que los bienes y servicios “low cost” son aquellos que tienen bajos costes de producción. Normalmente ello lleva aparejado un precio más bajo que el de otros productos equivalentes debido a que el consumidor lo percibirá como menos valioso.

Sin embargo esto no siempre es necesariamente así ya que los productos “low cost” pueden ser tan valorados o más por el consumidor en relación a los “no low cost” y por tanto su precio en el mercado puede ser similar. Pensemos en las ventas por internet, sus costes se reducen al prescindir de intermediarios y al mismo tiempo el consumidor probablemente esté dispuesto a pagar lo mismo e incluso más que en una tienda física por la comodidad de comprar desde casa.

El rock and roll en sus inicios, como negocio era eso, “low cost” musical, pero no por ello sus discos se vendían más baratos que los de las grandes orquestas o bandas de jazz, con una producción más sofisticada y costosa. Por otra parte tampoco esas grabaciones eran menos valiosos para sus seguidores, perdón “fans”, sólo por la simplicidad de su sonido.

Vayamos a 1954 y fijémonos: voz, bajo y guitarra. Tres músicos bastaron para crear un producto novedoso, poco costoso de producir y de éxito: así eran los primeros discos de r’n’r salidos de la factoría Sun en Memphis.

Hasta entonces si querías hacer un disco lo normal era que necesitaras una orquesta como la de Glenn Miller o una banda de Jazz, como la de Duke Ellington.

Elvis Presley, Scotty Moore y Bill Black, junto con el productor y dueño de Sun Records, Sam Phillips demostraron que podían crear un sonido nuevo y exitoso, pero al mismo tiempo barato de producir: “low cost” musical en 1954.

Se trata de una valiosa lección para emprendedores: Phillips y sus músicos consiguieron añadir valor a su producto no solo no aumentando los costes, sino reduciéndolos.