En España, la figura del asesor financiero y sus servicios profesionales se asocian exclusivamente a las grandes fortunas o a importantes corporaciones empresariales. El perfil de ahorrador medio dedica tiempo y mucho esfuerzo para conseguir ingresos, pero luego no emplea la misma energía en buscar la mejor rentabilidad para su capital. ¿Pasividad, miedo a perder dinero, desconfianza en las entidades financieras en las que tiene depositado sus ahorros? Los motivos de esa inacción inversora son variados y muy comunes, pero la realidad es que están alejando al ahorrador de conseguir unos beneficios mejorados como los que perciben los inversores con elevado capital.

La explicación de ese descuido, incluso desidia, por hacer crecer la rentabilidad de nuestros ahorros, radica en la pobre cultura financiera que encontramos en nuestro país. Nos referimos al desconocimiento de la figura profesional de un asesor financiero independiente. Se trata de un profesional que vela por la óptima salud de nuestro patrimonio, al igual que un abogado, por ejemplo, cuida de nuestros derechos ante posibles imprevistos judiciales.

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