Una clonación sentimental… de $150.000


Es curioso, muy curioso, como la sociedad está respondiendo a la clonación de organismos multicelulares. Desde que resultara la oveja Dolly como el primer mamífero clonado con éxito, se han vertido literalmente ríos de tinta sobre el fenómeno.

La clonación de organismos pluricelulares implica un proceso de reprogramación de la información genética de una célula adulta. Casi todas las células de nuestro cuerpo contienen la totalidad de la información genética necesaria para el desarrollo de un individuo completo. Es decir, en las células de la piel, por ejemplo, está la información que expresa una célula del cerebro, y viceversa. Durante el desarrollo de un organismo, las células han ido diferenciándose y especializándose, quedando restringido y poco a poco el conjunto de genes que expresan, para forma un organismo formado por multitud de tipos celulares y tejidos.

Puesto que todos los organismos pluricelulares pueden originarse de una única célula, el zigoto, parece sencillo crear un individuo con la misma composición genética a partir de una célula cualquiera del organismo. Toda la información se encuentra allí, solo basta ponerla en las condiciones apropiadas para que vuelva a empezar el proceso.

Afortunadamente, esa reprogramación es muy difícil de realizar. Y digo afortunadamente porque probablemente si eso pasara con facilidad, tendríamos clones saliendo de nuestros cabellos, uñas y demás tejidos de crecimiento contínuo. La reprogramación genética es un proceso muy complejo del que se sabe todavía muy poco. Aparte, está el problema celular, citoplásmático, del proceso: los primeros pasos de un zigoto están dirigidos más bien por los genes de la madre que por los propios.

Hemos aprendido poco a poco a reprogramar estos procesos, transplantando un núcleo adulto a un zigoto sin núcleo, y sometiendo el resultado a una serie de combinaciones de tratamientos de células en cultivo, para finalmente implantarlo en el útero de una hembra receptiva. En realidad, la utilidad práctica de todo el proceso es bien discutible: es un proceso tan poco eficiente que no puede emplearse todavía para la propagación de organismos. Sobre todo existiendo un proceso natural, rápido y sencillo llamado fecundación.

Pero, oh maravilla, la clonación de estos animales ha llevado a múltiples anécdotas sin sentido. La gente piensa en clonarse para “volver a vivir otra vez”, como si de la misma forma que propagamos unas condiciones físicas de nuevo, podemos generar una continuación del ser humano. No pensamos que lo que crearemos será algo menos parecido a nosotros que un hermano gemelo, por los motivos de edad, ambiente y genes citoplásmicos que no se tienen en cuenta en el proceso de clonación. Así, muchas personas encuentran interesante la idea de clonarse para perpetuarse en el mundo, no cometer los errores cometidos, o declararse a aquella chica de nuestro instituto… en el caso de que se hubiera clonado también.

Un giro inesperado ha sido la clonación de animales queridos… es sencillamente increíble que la familia Otto de Florida haya pagado la friolera de 150.000 dólares para clonar su mascota muerta a los 15 años, un perro labrador. Le han bautizado con el mismo nombre, Lancelot. Así, vuelven a tener a su mascota añorada… no ha caído esta cariñosa familia en que el perro, en realidad, es otro distinto. Lo único en común que tiene con su primer perro son sus genes… pero una gran serie de caracteres no van a ser iguales, pues dependen del ambiente o de la interacción de genes y ambiente. Creer que van a tener al mismo perro entra dentro de las ideas extrañas de que el hombre luchó con los dinosaurios o que el mundo fue creado en seis días: superstición.

Pero lo más increíble del asunto es que las razas de perro, debido a la gran consanguinidad que mantienen, son realmente homogéneas… hubiera sido mucho más barato adquirir un perro de la misma raza y aspecto. Podrían haberse llevado a criaderos su foto. O mejor, publicar en internet un reportaje fotográfico pidiendo un perro muy parecido al suyo. No hubiera sido difícil encontrarlo.

Lo que no sé si saben los Otto es que este tipo de clonaciones no son perfectas. Las células de un adulto no son genéticamente idénticas a las de un embrion: les faltan telómeros activos. Esto puede provocar el acortamiento prematuro de los cromosomas del animalito, lo que le va a producir una vida breve y llena de sufrimiento. A menos que el laboratorio koreano que lo generó haya pensado en tal suceso y lo haya podido remediar, cosa que desconozco.

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