Diario de Aguirre

AGUIRRE Y LECUBE, José Antonio

Ed. Txalaparta

Tafalla, 1998, 280 pp.

En 1998, el investigador Iñaki Egaña descubrió un diario inédito del primer presidente vasco en la Biblioteca del Congreso de Washington. José Antonio Aguirre fue lehendakari desde 1936 hasta su muerte en el exilio, en París, en 1960.

Este diario no fue escrito para ser editado, puesto que se trata de simples anotaciones y reflexiones realizadas para consulta personal y como manera de poder desahogar en un confidente (el cuaderno) y recopilar sus ideas  y percepciones de su día a día, de su ideología e inquietudes en un contexto, el de su vida, de exilio. Por lo tanto, estamos ante una obra espontánea y fresca, pero de escasa calidad literaria, y con errores ortográficos que han sido corregidos para su edición. Las notas a pie de página añadidas por Iñaki Egaña pretenden facilitar al lector la comprensión del diario y dar a conocer determinados personajes y acontecimientos.

El diario se escribió desde el 7 de enero de 1941 al 28 de mayo de 1942. Se recogen 507 días de su vida y que pasan por la Alemania de Hitler, América del Sur y Central, hasta Nueva York, donde se detiene el diario.

Aguirre expone los planes que para su país planteaba y su idea sobre España. Consideraba que Euskadi era una colonia española oprimida como podían haberlo sido Perú o Filipinas. Defendía la autodeterminación de Euskadi y en la aprobación de la misma por parte de las fuerzas republicanas. Cómo reaccionarían Estados Unidos y Gran Bretaña y qué papel desempeñarían durante un futuro proceso independentista de Euskadi le planteaba preguntas. La dicotomía entre españoles y vascos es latente, que confundieran a un vasco con un español le incomodaba. Su diario comienza con la llegada a Hamburgo, tras haberse refugiado en un convento en Bruselas durante los ataques alemanes a Bélgica en 1940. Su objetivo es abandonar Europa rumbo a América. La parte alemana de la obra resulta ambigua por si su diario caía en manos de la Policía. Describe Hamburgo como una grandiosa y fría ciudad y presenta a los alemanes como amables y simpáticos. Así pues esta parte del diario recoge aspectos cotidianos (resfriados, frío, nevadas, comidas, cenas, lectura, visualización de películas…) y su deambular por distintas embajadas para obtener los papeles que le permitieran la salida.

Entre los aspectos de la vida cotidiana destacan sus impresiones sobre los cultos religiosos y el cine, puesto que era católico y cinéfilo. Aguirre no duda en comparar cualquier aspecto a lo largo de toda la obra con la situación del pueblo vasco, como por ejemplo su comentario tras ver una película sobre la revolución irlandesa contra Inglaterra. También era un gran lector, y cita en ocasiones lo que lee, a Rousseau, por ejemplo, aplicando lo que leía a su país. Los clásicos estarán entre las preferencias de Aguirre.

En cuanto a su visión de la época que vivió realiza interesantes reflexiones que reflejan su ideología. Consideraba que la liberación de su patria estaba cercana y tenía como referente la emancipación americana. Se muestra compasivo con las muertes de sus contrarios políticos, como muestra su comentario por la muerte del Alfonso XIII, pero respecto a los políticos republicanos se muestra crítico, a los que ve divididos y ante los cuales hay que mostrarse firme para el devenir de los vascos. Considera que Prieto y Negrín son los personajes fuertes de la política española y contra los que habrá que luchar. También realiza alguna crítica hacia los vascos, pero su objetivo es recuperar a los vascos franquistas, aunque los vascos comunistas si provocan su enfado.

En ocasiones la mentalidad de Aguirre puede resultar contradictoria por lo que no admite para el pueblo vasco y si admite para otros. Acepta el régimen totalitario de Portugal y le llama la atención la figura de Salazar, puesto que en países tumultuarios ciertos procedimientos políticos, como la democracia, eran innecesarios.

Aguirre vio cercana la independencia con la entrada en la II Guerra Mundial de Estados Unidos en diciembre de 1941 y por prever que España entraría en breve, siendo necesario esto último para desencadenar el proceso de independencia. Aguirre entró en contacto con los servicios de inteligencia británicos y estadounidenses para que colaborara con ellos facilitándoles información que le llegara desde España. El hecho de que se pusieran en contacto con él los servicios de inteligencia británicos y estadounidenses le llena de orgullo, exaltando la importancia y respeto que generaban los vascos.

El diario concluye en esta etapa de la vida de Aguirre, pero por qué. Se puede plantear que los servicios de inteligencia americanos le aconsejaran que no fuera oportuno proseguir con el diario, o puede que todavía esté clasificado, o que fuera el mismo Aguirre el que decidiera suspender su diario por prudencia. En manos de los investigadores está tirar del hilo, una vez que se ha podido sacar a la luz este documento, para tratar de encontrar algún otro documento de esta importante figura del nacionalismo vasco.

En conclusión, el manuscrito de Aguirre permite el análisis de su ideología, de su identidad y así tratar de entender el nacionalismo vasco de ayer y de hoy. También permite hacerse una idea de cuál era la visión de Europa y América en plena II Guerra Mundial en los ojos de la cabeza del nacionalismo vasco del momento, y de qué actividades contra la dictadura franquista y en pro de la cultura e identidad vasca se articularon en el exilio. Para finalizar, señalar que en las notas de editor y en el prólogo de Iñaki Egaña se presenta a un Aguirre perseguido por los nazis, cuando en realidad los nazis no siguieron las pistas de la prensa falangista de Bilbao, que lo situaba en Bélgica protegido por una orden religiosa. Aunque Aguirre trató de no llamar la atención en Alemania, tampoco parece reflejar que llevara una vida clandestina en dicho país.

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