El ideal de Carlos V y su época

La idea imperial y los nacionalismos


Sábado, diciembre 11th, 2010

La diplomacia de Carlos V

Conforme a un rasgo muy pronunciado de su personalidad, Carlos V dio una nota muy personal a su diplomacia. Tanto fue así que fueron especialmente llamativas, por extraordinarias sus entrevistas en la cumbre. Ningún soberano del Quinientos lo aplicó tantas veces. Se entrevistó en diversas ocasiones con Enrique VIII, con el papa Clemente VII, con Paulo III y con su gran rival, Francisco I. Además, frecuentemente estas entrevistas no se reducían a una única jornada. Era la actitud de un hombre con gran iniciativa personal y que creía en la bondad de sus objetivos, llevando un tono de honestidad política a su quehacer imperial.

La emperatriz

La emperatriz Isabel

También era muy del estilo imperial el amplio uso de la dinastía para sus objetivos diplomáticos, siguiendo con fortuna lo hecho por los Reyes Católicos. Él mismo entrará en su propio juego al casarse con la princesa Isabel, hija de Manuel el Afortunado, rey de Portugal.

Sábado, diciembre 11th, 2010

El mando de Carlos V

Carlos V gobernó territorios muy diversos. Su formidable imperio no tenía ni capital fija ni un verdadero cuerpo de Estado que agrupase a todos sus miembros: su único vínculo de unión era la propia persona del Príncipe.

El Emperador tenía bajo su mando un doble imperio: por una parte, la Monarquía Católica supranacional, que había heredado de los Reyes Católicos, con su núcleo hispano, sus piezas italianas, sus enclaves norteafricanos y su proyección en el Nuevo Mundo, a la que él mismo había aportado los Países Bajos; y por otra, el Sacro Imperio Romano Germánico, con un poder sobre el mundo germánico más nominal que real, pero que al menos le daba el título de emperador de la Universitas Christiana. Estaban, además, los señoríos de la Europa central de la Casa de Austria, con sus dos territorios principales: la propia Austria y el reino de Bohemia.

Su autoridad efectiva quedaba circunscrita únicamente a sus territorios patrimoniales. En el resto del Imperio las distintas casas principescas eran las que, de hecho, gobernaban sus territorios. Así, mientras en Castilla, Aragón, Sicilia, Nápoles, Países-Bajos o en el Franco-Condado actúa siempre como soberano absoluto, sólo atado por los privilegios locales, en Alemania, Carlos debe la corona no a la herencia, sino a una elección basada en un pacto frente a los Príncipes Electores. Estos Príncipes son verdaderas potencias en sus Estados y muestran unos aires fieros de independencia, y su pacto con Carlos incluyó un gran número de capitulaciones que condicionaban el mando del emperador. Esa circunstancia hace que Carlos se mueva siempre con menor libertad en las tierras del Imperio.

Martes, diciembre 7th, 2010

La evolución política del Emperador

Aunque Carlos V dispone de unas determinadas creencias básicas, esencialmente el universalismo político-moral de base cristiana, su ideal imperial se va modulando a lo largo de su mandato y autores como Menéndez Pidal han diferenciado algunas etapas en el mismo.

Al principio no entendía el particularismo político de tipo estatal moderno, lo que provocó el rompimiento de las Comunidades y dificultades con Alemania, Francia y con la Iglesia. Pero, poco a poco, este factor va adquiriendo peso en su política. Esto queda patente en el reconocimiento de su culpa en la cuestión de las Comunidades. Aceptaba así sentimientos políticos prenacionales.

Paulatinamente también iría aceptando formas militares de técnica moderna, que desplazan en él los primeros modos caballerescos. Por tanto, por debajo de su política imperial se fue dando en él una atención creciente a los problemas de la maquinaria estatal en los diferentes reinos particulares.

Lunes, diciembre 6th, 2010

Otros autores influyentes en la ideología política del siglo XVI

Además de Erasmo y Maquiavelo,  aparecen en el primer cuarto del siglo XVI numerosos autores decisivos en cuanto a la actitud política del hombre de la época:

–          Tomás Moro (1466-1536) refleja, en Utopía (1516), las profundas tendencias de disconformidad y reforma del orden social. Este escritor ultracatólico, escribió, paradójicamente, el primer gran alegato marxista de la historia de la filosofía.

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Tomas Moro, por Hans Holbein el Joven

–          Luis Vives (1492-1540) coincide en parte con las tendencias de Tomás Moro, aunque orienta sus soluciones en otra dirección. En De concordia et discordia in humano genere (1529) plantea que el modelo del buen príncipe no puede ser otro que el del sabio. Pero, este autor no ve en el Imperio más que un principado más de entre los varios que coexisten en Europa. Así que se aparta de las ideas imperialistas.

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Luis Vives

Junto con estos dos pensadores, también ejercieron gran influencia  Claude de Seyssel (1450-1520), que en La Grande Monarchie de France (1519) pone al descubierto la pretensión de colosalidad con que surgen los nuevos Estados, y Fray Alonso de Castrillo, que en su Tratado de República (1521) teoriza sobre los elementos democráticos que se desarrollan en el seno de las nuevas sociedades.

El peso que todos estos autores tuvieron demuestra la importancia del pensamiento político en el siglo XVI. Carlos V no se quedará alejado de esta tendencia y una prueba de ello es que muchos de sus hombres de Estado fueron además pensadores políticos. Así, mantuvo como agente diplomático en Italia a Diego Hurtado de Mendoza, un gran escritor, poeta, traductor y comentador de Aristóteles.

Esta conciencia típicamente renacentista es lo que tiene Carlos de moderno. El hombre no es una pieza en un orden fijo, preestablecido, sino que proyecta y realiza su obra tal y como su pensamiento la construye. Esto tiene, en su figura de político, un innegable valor intelectual. El Emperador obra según su pensamiento, que trata de hacer encarnar en al realidad.

Esta intelectualidad de Carlos V fue uno de los motivos de su retiro a Yuste. Abdicó debido a su debilidad de enfermo, pero también por el afán de ponerse en claro consigo mismo. Esta actitud concuerda con la tesis de su secretario, Alfonso de Valdés, que en su Diálogo de Mercurio y Carón, aconseja al rey que si no puede salvar la paz y encuentra ser obstáculo para lograrla, debe renunciar a seguir siendo rey. Quizás, después de 1552,  el Emperador pensó que ya no podía salvar la paz, pues su imperio era incompatible con la misma. Y por ello decidió quitarse de en medio.

Lunes, diciembre 6th, 2010

Erasmo de Rotterdam

Erasmo de Rotterdam (1466-1536) fue un humanista, filósofo y filólogo holandés que  coincidió con Carlos en sus primeros años en la Corte de su tía Margarita. Era defensor de un humanismo cristiano que abogaba por la tolerancia y el diálogo con los disidentes.

En 1516, conoce que su señor se va a convertir el monarca más poderoso de su tiempo y le dedica un breve tratado de educación política, Institutio Principis Christiani.

Mientras en la política medieval el hombre es un ente abstracto, sumergido en su estamento en el que apenas se acusa su personalidad (como si de una catedral gótica se tratara), la política humanista es una empresa para hombres reales, con sus ideas, sus sentimientos, sus aspiraciones, sus intereses, sus pasiones, todos ellos concretos y singulares.

El erasmismo protestaba contra los abusos y defendía una reforma de los reinos, de la Iglesia y del hombre. Ve en los príncipes al instrumento para llevar a cabo estos cambios en el mundo, lo cual supone una especie de despotismo ilustrado adelantado a su época. Por esta razón los erasmistas se hallan siempre relacionados con los gobernantes. Los servidores españoles de Carlos V se ven influidos en gran parte por este afán de reforma: Valdés, Lope de Soria, Luis Vives…

Erasmo de Rotterdam 3

Erasmo de Rotterdam

Erasmo trató, con sus escritos y amistad personal, de orientar en este sentido al Emperador y a sus colaboradores. Pero nunca concibió la reforma de la sociedad cristiana como una tarea única del Imperio, ni pensó que el Emperador fuera a ser el decisivo instrumento de esa reforma. Muy al contrario, los partidarios de este humanismo se desligan de la fórmula jurídico-política del Imperio. Son profundamente universalistas, pero, su sentimiento de universalidad se expresa en el plano de la cultura y del espíritu, y no sólo no es incompatible con la pluralidad de Estados, sino que encuentra en ese sistema de variedad de príncipes una solución para hacer caminar los pueblos hacia una comunidad superior. Vives, que ha vivido en Flandes y está ligado a la vida social y cultural es, entre los españoles, el más puro representante de esta actitud política.

Consecuencia de este pensamiento de Erasmo es que, pese a su condición de consejero imperial y de vasallo en tierras del Imperio, mantuvo también relación con los principales reyes de la cristiandad y dirigió a todos ellos sus consejos. Entre 1522 y 1523 dedicó sus comentarios sobre cada uno de los cuatro Evangelios a Carlos V, Fernando I, Enrique VIII y Francisco I. En 1524 dedicaría a Clemente VII su Paráfrasis de los Hechos de los Apóstoles.

Domingo, diciembre 5th, 2010

Las dos principales ideologías de poder del siglo XVI

Durante el Renacimiento coexistían en Europa dos tipos de pensamiento político: uno realista, basado en un análisis de la experiencia de los grandes protagonistas del pasado; el otro, utópico, que lamentando los males provocados por los abusos del poder, trataba de encontrar una fórmula acorde con las exigencias éticas. Cada una de estas dos tendencias estuvo representada por dos de los grandes teóricos del siglo XVI: Maquiavelo y Erasmo.

Maquiavelo

Maquiavelo

La polémica comenzó cuando Maquiavelo publicó El Príncipe (1513), que se convirtió en el modelo a seguir para gran parte de los dirigentes de la época. El gobernante tenía que emplear todos los medios para afianzarse en el poder y la religión tenía que ser un instrumento más del Estado. Si el Príncipe tenía que escoger entre ser amado o ser temido por sus vasallos, debía escoger el ser temido. Además, habría de estar siempre preparado para la guerra, e incluso acometerla si veía alguna posibilidad de victoria, porque eso aumentaría su prestigio; prestigio que sería, a su vez, una mayor garantía de mantenerse en el poder. Así que no se trataba de dilucidar entre guerras justas o injustas, como habían especulado santo Tomás de Aquino y todos los padres de la vieja escolástica, sino de ceñirse a la descarnada realidad. Así lo enseñaba la experiencia del pasado o los éxitos de reyes contemporáneos. Entre estos últimos destacaba Fernando el Católico, en cuya figura se basó Maquiavelo para escribir su famosa obra.

Erasmo

Erasmo de Rotterdam

Frente a esta ideología se encuentraba el holandés Erasmo de Rotterdam. En 1516, cuando supo el enorme poder que su joven señor iba a concentrar en sus manos, dedicó a éste un tratado sobre el Príncipe cristiano, el Institutio Pricipis Christiani. Erasmo advertía a Carlos que el verdadero príncipe cristiano debía huir siempre de la guerra. La política debía subordinarse a la moral. Pero en esta línea de pensamiento, el particularismo político no estaba excluido, todo lo contrario, precisamente porque frente a la unidad eclesiástico-imperial medieval, la cultura humanista lo ofrecía como el camino para llegar a una universalidad espiritual.

Su más renombrado seguidor, Alfonso de Valdés, sostendría en su Diálogo de Mercurio y Carón:

“Procura ser antes amado que temido, porque con miedo nunca se sostuvo mucho tiempo el señorío…”

Nada más contrario a la visión de Maquiavelo.

Estas dos concepciones políticas tan dispares, una realista y cínica; otra, idealista y hasta utópica, marcarían las líneas fundamentales de la acción política de los dos grandes rivales del siglo XVI. Así, según la concepción maquiavélica, Francisco I pasará todo su reinado rompiendo la paz y guerreando sin cesar, mientras que Carlos V, según la ideología erasmista, tratará de defenderse como puede, también buscando alianzas, en Roma o en Londres.

Domingo, diciembre 5th, 2010

El fallido “espíritu de Locarno” del siglo XVI

Cuando Carlos V acababa de recibir la corona de los reinos hispánicos parece que se extiendía ante Europa un largo futuro de paz y concordia. El gran humanista Erasmo de Rótterdam escribía en esas fechas a algunos amigos cargas llenas de gran confianza.

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Maximiliano I y su familia: Felipe “el Hermoso”, su esposa María de Borgoña, sus nietos Fernando (I) y Carlos (V) y Luis II de Hungría, esposo de su nieta María de Austria

La constelación de cuatro príncipes, formados en una mezcla de caballería y humanismo – Maximiliano I, Enrique VIII, Carlos I y Francisco I – parecía integrar un grupo de príncipes con una cultura común que iban a ser capaces de actuar conjuntamente en empresas universales, dando realidad política a la Cristiandad.

Pero la formación de estos  descasaba, en gran medida, en los relatos de una historiografía triunfalista, en la que se destacaban las acciones bélicas de los grandes de la Historia, desde Alejandro Magno hasta Aníbal o Julio César.

FRANCISCO I

Francisco I

Así que, no es de extrañar, que los deseos de gloria y las conveniencias particulares acabaran pronto con este sueño. En 1515, Francisco I invadía el Norte de Italia. No menos ansioso de gloria militar andaba Carlos. Pero el futuro Emperador se hallaba bajo cierta influencia erasmista, tan fuerte en sus Países Bajos natales en el principio de su reinado y por ello soñó con canalizar esos afanes bélicos

Carlos V

Carlos V

Y esto es, según Manuel Fernández Álvarez, lo que daba a nuestro Emperador un tono de elevación moral sobre su adversario.

Domingo, diciembre 5th, 2010

Los orígenes medievales del ideal de Carlos

Carlos V dedicó su vida a intentar llevar a la práctica el viejo sueño medieval de la restauración del Imperio romano bajo el paraguas del cristianismo. El Emperador se sentía heredero de Carlomagno pero, también, de Constantino y Justiniano.

Los orígenes medievales de este ideal de restauración de la Cristiandad podemos encontrarlos, sobretodo, en el pensamiento filosófico y político de San Agustín de Hipona, además de en la obra de Dante Alighieri.

SAN AGUSTIN BOTTICELLI

Agustín de Hipona, por Sandro Botticelli

San Agustín de Hipona (354-430) sintetiza, en De Civitate Dei contra paganos, su pensamiento tras la caída de Roma. S. Agustín temió que la entrada de los bárbaros a Roma hiciera desaparecer la sociedad cristiana, lo que le llevó a contraponer dos modelos sociopolíticos: la Civitas Terrena y la Civitas Dei. La ciudad terrena es una ciudad pagana que, al no tener dioses, es incapaz de mantener el orden. La ciudad de Dios es el modelo ideal propuesto por S. Agustín: una ciudad gobernada por Dios y que tiene como principal instrumento al Emperador, para hacer cumplir los deseos del Papa. El Papa había de restaurar un Imperio romano cuyo nexo volvería a ser la religión. Sería, por tanto, un Imperio cristianizado, cuyo emperador había de defender la Civitas Dei y la fe cristiana. El poder laico debía ser así un instrumento para la iglesia.

Esta teoría del llamado “padre de la Iglesia” se hizo realidad en la figura de Carlomagno, bajo cuya figura resurgió el Imperio en la Navidad del año 800, cuando fue coronado por el papa León III.

DANTE BOTTICELLI

Dante, según Botticelli

El otro pensador medieval que influyó notablemente en la idea imperial de Carlos V fue Dante Alighieri (1265 –1321). En De Monarchia (1310) expone cuál es su forma de gobierno ideal. Para el poeta florentino, al igual que Dios gobernaba el universo, un solo gobernante debía liderar una monarquía cristiana universal. Sólo mediante la fórmula del Imperio es posible mantener la paz, pues el emperador posee todos los bienes materiales y así no tiene la codicia (cupidigia), que es la verdadera causa de guerras y luchas. Como consecuencia de esta afirmación, Dante era partidario de la existencia de un Sacro Imperio Romano y de la separación de Iglesia y Estado. Por ello, el Estado debía estar gobernado por un monarca que no fuese el Papa.

Según Dante Dios da el poder tanto al Papa como al Emperador: al primero, el poder religioso o espiritual; al segundo, el poder político o temporal. La tarea del Emperador debe asegurar la felicidad terrenal del hombre, mientras que el Papa debe prepararle para la felicidad después de la vida.

El poeta italiano utilizará más adelante estas ideas políticas en la Divina Comedia.

No obstante, algunos autores como José Antonio Maravall (Carlos V y el pensamiento político del Renacimiento) sostienen que dado lo oscilante y complejo de esta idea imperial dantesca, es difícil proyectarla sobre otro momento histórico y no sirve para caracterizar la fórmula política del Emperador.

Sábado, diciembre 4th, 2010

Los acontecimientos que llevaron a Carlos a quedarse con su tía

Los Reyes Católicos habían maniobrado para lograr la alianza de las potencias que se encontraban al norte de Francia, su principal rival. De ahí su acercamiento al emperador Maximiliano I a través de dos enlaces matrimoniales: el de la infanta española doña Juana con Felipe, señor de los Países Bajos, y el de Juan de España con Margarita de Austria.

Maximiliano I

Maximiliano I, por Alberto Durero

Las muertes de Juan de España (1497) y de Isabel, la hija mayor de los Reyes Católicos, dejaron como heredero al hijo de ésta, Miguel. Pero este niño murió también en julio de 1500. Se abrieron así las puertas a la sucesión para Felipe el Hermoso y Juana. En octubre de 1501 viajaron a España para recoger oficialmente el título de príncipes de Asturias y de sucesores a la Corona, lo que les obligó a dejar a sus tres hijos (Leonor, de 3 años, Carlos, de 18 meses e Isabel, de 100 días) en la Corte de Malinas a cargo de su tía Margarita.

juana loca

Juana la Loca, por Juan de Flandes

Felipe no regresaría hasta 1502 y Juana hasta 1504. Carlos crecerá  muy unido a sus hermanas Leonor (futura reina de Portugal y luego de Francia), Isabel (futura reina de Dinamarca) y María (sería reina de Hungría). Esta unión fraterna se mantendrá durante toda su vida. Sus otros dos hermanos, Fernando y Catalina permanecieron en Castilla. Fernando como favorito de Fernando el Católico y Catalina, hija póstuma nacida cuando Felipe ya había muerto, recluida junto a su madre Juana en Tordesillas.

Los niños se volverá a quedar solos con su tía en 1506, cuando Juana vuelva a dejar aquella corte, ya para siempre, junto a Felipe para reclamar su herencia de la Corona de Castilla a principios de 1506. Felipe moriría súbitamente el 25 de septiembre de 1506 y Juana se convertirá, debido a su enfermedad mental, en cautiva de Tordesillas, de donde ya no saldrá el resto de su vida.

Felipe no regresaría hasta 1502 y Juana hasta 1504. Carlos crecerá  muy unido a sus hermanas Leonor (futura reina de Portugal y luego de Francia), Isabel (futura reina de Dinamarca) y María (sería reina de Hungría). Esta unión fraterna se mantendrá durante toda su vida. Sus otros dos hermanos, Fernando y Catalina permanecieron en Castilla. Fernando como favorito de Fernando el Católico y Catalina, hija póstuma nacida cuando Felipe ya había muerto, recluida junto a su madre Juana en Tordesillas.

Los niños se volverá a quedar solos con su tía en 1506, cuando Juana vuelva a dejar aquella corte, ya para siempre, junto a Felipe para reclamar su herencia de la Corona de Castilla a principios de 1506. Felipe moriría súbitamente el 25 de septiembre de 1506 y Juana se convertirá, debido a su enfermedad mental, en cautiva de Tordesillas, de donde ya no saldrá el resto de su vida.

MARIA DE HUNGRIA

María de Hungría, por Hans Knell

Margarita de Austria será, junto con la emperatriz Isabel, la esposa de Carlos V, y María de Hungría, su  hermana, una de las tres mujeres más importantes en la vida de Carlos V. Y no sólo en el ámbito personal, sino también en el político. Si estáis interesadeos en el papel de las mujeres en el equipo de gobierno del Emperador os recomiendo consultar la obra de Fernández Álvarez, Carlos V, el César y el hombre (pág. 239-243).

Sábado, diciembre 4th, 2010

Carlos y hermanas

Carlos con sus hermanas Leonor e Isabel, a los 30 meses de edad

El 17 de octubre de 1506, Carlos tuvo su primer acto oficial. Los Estados Generales iban a  reconocerlo como su nuevo Señor. Un niño de seis años, se presentó entonces rodeado de su corte borgoñesa: los príncipes de sangre, los grandes cargos palatinos, los caballeros de la Orden del Toisón de Oro, los ministros de su Consejo. Aunque no tenía plena conciencia, aquella solemne ceremonia haría impacto en su ánimo.