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Corren tiempos extraños. Resulta que muchos de aquellos pocos que quieren llevar lo último son capaces de pasar toda una noche haciendo cola en la calle para adquirir un producto que encima es una caña, tecnológicamente hablando. Métodos anacrónicos para objetos ultramodernos. ¿No han pensado en una distribución más humana, racional y sensata? O la idea de hacer cola toda una noche, siempre y cuando ocupe portadas y salga en los telediarios, ¿da más valor al objeto? En otra época esta distribución y venta de productos de consumo unida a una total falta de respeto hacia los compradores hubiera sido inimaginable. Y cuanto más caro, se supone que es mejor y da más gusto satisfacción. A mí que no me esperen.