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S. XVI: La economía sociedad en España

julio 4th, 2011

Desde el punto de vista demográfico, el siglo XVI español se caracterizó por un incremento continuado de la población en Castilla, alrededor de un 15% anual entre 1530 y 1594, con mayor concentración en las regiones del sur, más relacionados con el comercio y las rutas americanas. Sin embargo, en la Corona de Aragón apenas hubo aumento de población.

Como efecto del crecimiento de la población y de la demanda de productos desde América, la agricultura tuco un alza constante. Así, aunque las tierras de labor eran escasas, por su concentración en manos de nobles y clérigos, y los precios de arriendo, elevados, muchos campesinos sin tierra o pequeños propietarios, estimulados por los altos precios de los productos agrícolas, hipotecaban sus fincas o pedían préstamos para arrendar nuevas tierras. Pero cada vez que había una mala cosecha o bajaban los precios agrarios, no podían pagar los arriendos, ni devolver los préstamos. Entonces, los pequeños propietarios perdían sus tierras, que pasaban a los grandes latifundistas, y los campesinos arrendatarios debían abandonar las propiedades. En definitiva, la expansión económica del Siglo XVI ni mejoró ni transformó la estructura agraria heredada en la Edad Media.

A principios del siglo XVI, también se produjo la expansión de la industria artesanal, estimulada por la demanda del mercado americano. Fue la época de la metalurgia vasca, de la construcción naval en Valencia y Cataluña pero, sobre todo, de los gremios textiles de Sevilla, Toledo, Cuenca y Segovia. Sin embargo, la monarquía favoreció a los exportadores de lana frente a los  productores de tejidos, y otorgó protección a los industriales textiles flamencos. De este modo, poco a poco, el mercado interior y el americano quedaron en manos de los competidores extranjeros, capaces de ofrecer productos de más calidad y a un mejor precio.

El comercio fue el sector que conoció un mayor desarrollo a lo largo del siglo XVI, gracias a la explotación del Nuevo Mundo. El crecimiento comercial se centró en las ciudades castellanas y en los puertos del Atlántico, mientras que en la Corona de Aragón y en los puertos del mediterráneo, el comercio decayó debido a la presencia turca.

En Castilla, al no transformarse la estructura agrícola ni artesanal, la producción fue incapaz de abastecer la demanda de productos. Esta escasez, unida a la gran cantidad de oro y plata circulante, dio lugar a una espectacular subida de los precios. Ante esta situación, la monarquía permitió la importación de todo tipo de productos del extranjero, tanto para España como para reenviar a América. Además, los fuertes impuestos sobre los exportaciones originaron una reducción de los beneficios y de los incentivos para producir. En resumen, el enorme flujo del comercio americano no sirvió para transformar la estructura económica de Castilla.

 

La sociedad del siglo XVI se caracterizó por la preeminencia de la nobleza y el clero, y la persecución de cualquier distancia religiosa o ideológica. Todo ello tendió a conformar una sociedad dominada por los grupos más conservadores, en la que el mayor valor era no ser plebeyo sino hidalgo (noble), aunque no se tuviera fortuna.

La nobleza, aproximadamente un 5% de la población, abarcaba desde los Títulos de Castilla y Grandes de España, verdadera élite que acumulaba inmensos patrimonios, hasta los caballeros e hidalgos con haciendas mucho más precarias. Asimismo, a lo largo de los siglos XVI y XVII fueron habituales la compra de títulos y de dignidades, y el acceso a la nobleza por servicios a la monarquía (nobleza de toga y espada).

Igualmente eran notables las diferencias en el clero, que representaba ente un 5% y un 10% de la población. El alto clero (arzobispos, cardenales y abades) mantenían situaciones semejantes a la nobleza, mientras el bajo clero (párrocos, capellanes, monjes,…) vivía, en general, de forma parecida a los artesanos o campesinos. El señorío (posesión vinculada a una família o institución eclesiástica) era la forma más extendida y sólida de su preeminencia social.

Entre los no privilegiados, los pecheros, sujetos al pago de tributos y a la justicia ordinaria, eran tanto campesinos, seguramente el 80% de la población, como población urbana. Entre ellos existían notables diferencias de fortuna. La vida de los propietarios acomodados o de los grandes mercaderes y maestros de gremio poco tenía que ver con la de los pequeños campesinos, los jornaleros o el proletariado urbano. Sin embargo, todos aquellos estaban sujetos al dominio nobiliario y cargaban con los impuestos, que en Castilla eran muy numerosos.

Por último, existían grupos diferenciados por su procedencia étnica o religiosa: éstos eran los moriscos y los judíos conversos. Su origen fue siempre causa de marginación o persecución y muchos de ellos intentaban ocultar su origen ante el temor a represalias, ya que la limpieza de sangre era indispensable para el prestigio social, la pertenencia a la nobleza y el desempeño de cargos públicos.

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