El impacto de “Bolonia”: balance cuatrimestre 1, curso 1

Es hora de hacer balance,

marcar prioridades para ser eficientes

y aplicar gestión de conocimiento

 

 A punto de finalizar el primer cuatrimestre de los primeros cursos de los nuevos Grados y Postgrados en esta universidad, urge hace balance de lo implementado, de evaluar sus impactos a todos los niveles (estructuras organizativas, profesorado, estudiantes, etc), con el fin de tomar, si corresponde, acciones de corrección/mejora para los próximos cuatrimestres y cursos académicos. Si no lo hacemos, si no aplicamos gestión pro-activa y en prospectiva, con inteligencia competitiva, correremos el riesgo como institución de estar a merced de la aparición quizás de “cisnes grises/negros“, que habrá que superar sobre la marcha y a destiempo por no arrancar bien a la salida en la “carrera Bolonia”, so pena de perder crédito, legitimidad, y prestigio a nivel social y educativo. Por consiguiente, es conveniente aprovechar estas primeras líneas para remarcar, desde mi humilde punto de vista como profesor, y coordinador académico en el ICE sobre innovación educativa y centros, los siguientes aspectos en pro de alcanzar a medio plazo una implementación eficaz de los nuevos títulos de Grado y Postgrado siguiendo las directrices del EEES.

Como marco en el sub-título, y aunque muchas de las redes ICE de los centros, incluso ahora GITEs, o individualmente cualquier colega PDI, ha hecho un esfuerzo enorme por evaluar y actuar en consecuencia hacia el reto “Bolonia” a lo largo de los últimos años, es importante ahora, a mi juicio, ser conscientes a nivel individual y colectivo del camino recorrido hasta aquí, y vislumbrar en el horizonte cercano los retos que nos esperan, en todos los sentidos, tanto a nivel organizativo, logístico, individual, etc.

Ahora bien, me preocupa bastante editoriales como la de título “Estudiar sin esfuerzo, un objetivo imposible”, que apareció por doquier en numerosos diarios españoles el pasado domingo 26 de diciembre, sin firma alguna, en la que, para empezar, se demanda una reforma, por no decir revolución, en la enseñanza en España, porque por ejemplo parece que “Bolonia” no ha arrancado bien … Algo similar a lo reflexionado recientemente por nuestro colega Ángel Fidalgo en su propio blog. Y, en la misma línea, tras acabar de leer hoy mismo “El desajuste del mundo”, de Amin Maalouf, reciente Premio Príncipe de Asturias Letras 2010, y aceptar y reconfirmar su análisis con otra reflexión acertada de un colega UA en el diario Información, nos tenemos más remedio que asumir que nos toca movilizarnos sin miedo, con ilusión, pero con decisión, puesto que es lo que se espera al considerar ya muchos que la apuesta por la diversidad cultural y una educación integral común es lo que nos puede salvar a nivel planetario de este futuro incierto que estamos viviendo en este siglo XXI. Por nuestros hijos y nietos, discípulos, alumnos, compañeros, familiares, etc.

En este sentido, y ya conectando con el título principal de esta entrada en el blog, toca ahora hacer balance de lo implementado en el cuatrimestre 1 del curso 1 de la era “Bolonia”. ¿Lo estamos haciendo bien como institución, como centro/deptos, como profesores, etc? A este respecto, y aprovechando una entrada anterior en este mismo blog meses atrás, me gustaría remarcar la urgencia, y también prioridad institucional, de poner a prueba, de afinar, la propuesta siguiente sobre la coordinación cuatrimestral entre asignaturas y su repercusión positiva sobre el control del volumen total semanal de dedicación del alumno y profesor. Y con ello, ser capaces, con ilusión y determinación, de aplicar retroalimentación y gestión de conocimiento para mejorar la implementación de los nuevos Grados y Postgrados. Esto puede ser de importancia capital para esta universidad, y el resto universidades en España, puesto que parece ser las primeras evaluaciones institucionales desde el MEC se aplicarán primero a los Másteres, y luego a los Grados. Así pues, ¿qué podemos hacer para afinar “la maquinaria Bolonia”? He aquí mi propuesta, respaldada por el VrPEQ-UA, pero todavía no aplicada en esta institución.

Dicha propuesta se basa esencialmente en una publicación reciente expuesta en las pasadas Jornadas Redes 2010: “Diseño de una herramienta de visualización y supervisión para centros sobre el control del volumen total semanal de dedicación del alumno y profesor”. Ni que decir que tiene puede aplicarse sin problemas a priori en cualquier centro universitario español, incluso mundial.

Una de las claves iniciales de este trabajo es la consideración ergonómica del estudiante, y también del profesor, entendidos como personas con vitalidad y dedicación finita que NO son capaces de asimilar tanta información, y por consiguiente tareas, de forma continua, puesto que física y mentalmente no son asumibles por nuestra frágil dualidad cuerpo-mente las 24 horas del día, ni de forma semanal. Es decir, que las tareas, actividades, tecnologías, etc, en docencia deben adaptarse a los usuarios, y no al revés. Este principio queda bien conectado con la otra clave: la zona de rendimiento cognitivo óptimo de D. Goleman, que aparece en su monografía “Inteligencia social“.

 

En este capítulo de su libro (sección VI: “Consecuencias sociales”, capítulo 1), Goleman, al final de una sub-sección titulada “Una clave neuronal del aprendizaje” escribe:

Dada la extraordinaria importancia que parecen tener las emociones en el rendimiento, la principal tarea emocional de los profesores y de los líderes empresariales es la misma: contribuir a que sus alumnos y subordinados alcancen y se mantengan el mayor tiempo posible en la cúspide de la U invertida.

Si me permiten, yo añadiría al final de este párrafo super-revelador lo siguiente: “Y esto implica proponer y supervisar retos de aprendizaje al alcance (proporcionales) a las capacidades individuales de cada estudiante“. O sea, como diría Ángel Fidalgo, aprendizaje individualizado (“custom …”) gestionado inteligentemente. ¿Llegaremos a algún día a tener una aplicación informática útil para los docentes capaz de eso? Quién sabe si lo veremos, pero al menos podemos intentarlo de forma no tan automática, aunque nos cueste más tiempo y esfuerzo, ¿verdad? ¿Vale la pena? Yo creo que sí.

Ahora bien, aún afinando como docentes esta zona de rendimiento cognitivo óptimo para nuestros alumnos en nuestras asignaturas, ¿somos conscientes si tales evaluaciones continuas están en consonancia temporal con otras asignaturas “hermanas” durante el mismo cuatrimestre? ¿Son capaces los alumnos de superar todas las actividades de aprendizaje continuo de todas las asignaturas en un cuatrimestre, “no morir en el intento”, y sacar además buenas notas? ¿Qué opinan ellos al respecto de todo esto? ¿Y nosotros como docentes? ¿Se está ya agrietando el plan Bolonia nada más empezar? ¿Realmente los balances semanales y cuatrimestrales del estado emocional y rendimiento del estudiante son como los mostrados aquí? ¿Mejores o peores? Realmente no lo sabemos … ¿Y aplicado al profesorado?

 

          

 

Por tanto, frente a este segundo aspecto de reflexión, es importante aquí ser conscientes de nuestras fuerzas individuales y colectivas, nuestra predisposición para cultivar eficazmente el trabajo en equipo, etc, para marcarnos metas asequibles en materia de innovación educativa para este primer curso de la “era Bolonia”, ni super-fáciles ni super-exigentes, con cierto matiz de reto para mantenernos el máximo tiempo posible a lo largo de este primer curso en la cúspide de esta “U invertida” (gaussiana). Esto, por ejemplo, y a pesar de lo formalizado en los nuevos planes de estudio, va implicar retos como la priorización de las actividades semanales de aprendizaje, tanto presencial como virtual, para no sobrepasar en exceso las capacidades cognitivas de todos los estudiantes, y llegar con ello a estresarlos, y quizás también nosotros los docentes. Si permitimos estos excesos, y esto ya es una labor, que a mi juicio, deben supervisar todos los centros cruzando cronogramas semanales entre las asignaturas, no descartemos en el futuro próximo un “cisne gris/negro” en forma de manifestaciones estudiantiles, o cosas inimaginables … Y si pasara esto, más tarde o temprano, sería evidente que aquí, o en cualquier universidad española, se habría fracasado en la implementación eficiente del plan “Bolonia”.

¿Cómo conseguirlo, implementar esto, y no “morir” en el intento? Pues, a mi juicio, aunque no me corresponde tomar esta decisión, sin miedo, con ilusión, toca pasar a la acción con una gestión pro-activa en los centros/deptos. ¿Qué Universidad será la primera en llevar a cabo esto, o propuestas similares relacionadas con el seguimiento del plan Bolonia, y alcanzar el éxito a nivel social y educativo?

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