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Huesca – Retablo mayor de la Catedral

Forment consigue en este retablo elaborar un estilo propio y personal.

Retablo mayor de la catedral de Huesca, de Damián Forment

Retablo mayor de la catedral de Huesca, de Damián Forment

Descendimiento de Cristo, Retablo mayor de la Catedral de Huesca.

Descendimiento de Cristo, Retablo mayor de la Catedral de Huesca.

El retablo de Damián Forment para la basílica del Pilar de Zaragoza alcanzó tal fama que a este escultor le llovieron los encargos de cabildos y parroquias, que encontraban en el estilo dual de Forment la respuesta a la dicotomía que se abría en la elección de estilo: renacimiento y gótico se funden en la escultura de Forment aprovechando las cualidades de ambas poéticas.

En el retablo mayor que le encarga el cabildo catedralicio de Huesca, Forment recurre a la misma estructura que en el retablo zaragozano para tallar el alabastro. No obstante, en este caso, la predela o banco encuentra un mayor desarrollo, conformándose éste por tres cuerpos. Sobre ellos, se localizan tres calles en las que, bajo doseles goticistas, encontramos: en el centro, la muerte de Cristo en la cruz; a la izquierda, Cristo con la cruz a cuestas camino del Calvario; y a la derecha, el descendimiento de Cristo. Por tanto, la lectura es de izquierda a derecha, al contrario que en su obra antecedente, en que la sucesión de escenas era derecha, izquierda y escena central.

Cristo con la cruz a cuestas, retablo mayor de la catedral de Huesca

Cristo con la cruz a cuestas, retablo mayor de la catedral de Huesca

Las figuras alcanzan, al igual que el retablo de la basílica del Pilar, una corporeidad y volumen muy clásicas. Sin embargo, las composiciones son más abigarradas en este caso, lo que resta a las escenas apariencia clasicista y las acerca más al gótico debido a la disposición de las figuras. El repertorio temático, en este caso pasionista, sí que ayuda a Forment, que se ve libre para plasmar en las expresiones de los personajes diferentes emociones y sentimientos, en algunos casos exaltados, algo bastante anticlásico y poco corriente del renacimiento. La máxima muestra de ello es el desmayo de la Virgen María y la expresividad de San Juan en la escena del descendimiento.

Forment consigue en este retablo, además de la fusión de gótico y renacimiento que ya comentamos, elaborar un estilo propio y personal que no teme en trabajar el patetismo o el decorativismo gótico, uniéndolo a un tratamiento renacentista de los volúmenes.

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