Una de las cosas que más nos fascina a todos es que nos cuenten historias. De terror, de amor, de aventuras, el tema casi no importa. Escuchar de viva voz las palabras y seguir los gestos de alguien que nos narra con pasión un cuento, una fábula o un hecho real del pasado, supone poner a funcionar la parte imaginativa de nuestras neuronas.

Las historias que hoy escuchamos son básicamente las que nos plasman directores y actores en la gran pantalla. Pero allí el mecanismo de la imaginación por parte nuestra no se produce. Como mucho, si la película es buena, nos puede hacer pensar al salir de la sala. Sucede además que en ocasiones se trata de historias que hemos leído previamente y con las que hemos disfrutado más al recrear situaciones y personajes con imágenes sugeridas en el papel.

Como lectores de novelas más que de poesía, nos suelen interesar más los argumentos, la trama y el final de cada historia. Como decía aquél, son malos tiempos para la lírica.

Todo esto a colación del famoso catálogo de las naves del Canto II de la Ilíada. Son muchos quienes al tener en sus manos por primera vez la obra homérica se saltan el pasaje, por contener una morosa y -para nuestro frenético ritmo de vida-, tediosa descripción de todos los contingentes participantes en la guerra. Primero se describe a los aqueos según su distinta procedencia y a continuación sigue la enumeración de las fuerzas troyanas y sus aliados.

Un ejemplo simpático es el de pjorge:

Parece que muchos libros tienen un escollo que si consigues superar casi te garantizan que podrás acabarlo (en El señor de los anillos era aquella cosa de Tom Bombadil, aunque yo me lo pasé y aún así no terminé el libro). En el caso de la Ilíada debe ser el Catálogo de las naves, que ocupa la segunda mitad del canto segundo. Se trata de un quién es quién y de dónde vienen de los que se están peleando frente a las murallas de Troya. No llega a extremos bíblicos, pero yo soy de los que se pierden con tanto nombre y tanto sitio. Pero ya lo he superado y navegado hacia costas extrañas por el resto del poema.

Como no aporta nada a la acción, solemos pasar de largo, pensando que sólo a filólogos puede interesar. Y no nos equivocamos. De hecho hay algún trabajo por ahí al respecto, relacionado no sólo con la filología, sino también con la arqueología. Algunos estudiosos lo valoran como documento histórico interesante para comprender mejor la geografía de época micénica. Para otros se trata de una simple reelaboración poética, simple ficción literaria de Homero. No falta quien lo considera interpolación posterior.

En cualquier caso parece un pasaje necesario al principio de la obra, ya que ésta da inicio en el décimo año de la guerra. Quienes escuchaban esta versión necesitaban pues saber quiénes participaron en ella. Se trataba además de presentar un acontecimiento de enorme importancia para la época, un hecho sin precedentes a juzgar por la cantidad e importancia de linaje de los guerreros que acudieron a Troya. A algunos de los protagonistas es probable además que el auditorio ya los conociera por otros poemas épicos del ciclo troyano que se vendrían recitando desde época micénica.

Véase por otra parte el recurso retórico que utiliza el poeta para destacar lo extraordinario de la situación. En su debilidad para describir y presentar los acontecimientos necesita de la asistencia de las Musas (vv. 481 y sigs.):

Decidme ahora, Musas que poseéis las mansiones del Olimpo, pues vosotras sois diosas y asistís a todo y todo lo sabéis, mas nosotros sólo rumores oímos y nada sabemos, decidme quiénes eran los conductores y jefes de los dánaos. Que las tropas no las podría yo contar, ni nombrar, ni aunque tuviera diez lenguas y diez bocas y una vox que no se rpmpe y un corazón de bronce dentro de mí hubiera, a menos que las Musas del Olimpo, hijas de Zeus el portador de la égida, me recordara cuántos llegaron al pie de Ilión. Voy a decir por mi parte los jefes de las naves y el total de las naves.

Para quienes tengan curiosidad por ver qué aporta la filología a este pasaje os recomiendo echéis un vistazo al artículo de M. Unanua Garmendia, “El catálogo de las naves de la Ilíada”, en la revista Helmántica 54 ( 2004), pp. 219- 246. Desde casa en red podéis consultar los trabajos de J.L. García Ramón, “En torno al Catálogo de las naves homérico“, F. J. González García, “Por qué Menesteo? La entrada ateniense del Catálogo de las naves (Il. II 546-556) y la edición pisistrática de los poemas homéricos “, y C. Bocchetti en la web de la Universidad de Colombia, quien sugiere la que el catálogo es

un texto de descripción del paisaje Griego unido a la idea de patria, un mapa cultural de Grecia que, gracias a la tradición oral, pudo ser modificado y transformado a lo largo de los siglos, pudiendo ser utilizado como un mapa vigente en diferentes períodos de la historia griega. Allí quedaron plasmados aspectos geográficos reales e históricos ligados con informaciones mitológicas e historias épicas que dieron sentido de pertenencia y unidad cultural al pueblo griego.

Una compra interesante para estas navidades puede ser la monografía de F. J. González García, El catálogo de las naves: Mito y parentesco en la épica homérica.

Y también, para los amantes de la tecnología, es imprescindible este mapa.

Una Respuesta a “Catálogo de aqueos y troyanos”
  1. Roberto says:

    Sin duda el catálogo de Aqueos y Troyanos resulta tedioso si únicamente a la relación casi interminable de guerreros nos ceñimos. Sin embargo a mí me ha gustado mucho la descripción de los reinos o ciudades de ambas turbas, no tan confusas. Las campestres Hiria, Pilos, Crocilea, Metona, o Dodona, a orillas del hermoso Titaresio, en el banco Aqueo, o Sésamo en la facción Troyano; o aún más concretamente las en uvas abundantes Arna, Histeia y Epidauro, o la herbosa Haliarto, o la sacra Onquesto, delicioso bosque de Poseidón, o Ítaca y su frondoso Nérito, o Píraso florido, o la herbosa Pteleo, o el frondoso Pelión, todos ellos en el primer campamento, o la fértil Larisa Ilíaca. Las bien construidas ciudades de Medeón, Hipotebas, Atenas, Micenas, Cleonas, Epi y Yaolco Aqueas o los Troyanos habitantes de magníficas casas a orillas del Partenio, en Cromna. Y termino, para no ser tedioso, con Tisba y Mesa, en palomas abundante, Orcómeno, en ovejas abundante e Itón, también criadora de ovejas, en el bando Aqueo o los paflagones Troyanos, procedentes del país de los énetos, donde se crían las mulas cerriles. En fin, podría continuar, pero lo dejo para que vosotros también lo gocéis.

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