REFLEXIONES EN LA ERA DEL TURISMO SMART

Quedan pocas dudas de que vivimos inmersos en una realidad en la que las nuevas tecnologías marcan un frenético ritmo al son del cual resulta difícil no bailar. La conexión permanente, articulada a través del smartphone y facilitada por la omnipresencia de la red de redes ha causado profundos cambios en los hábitos laborales, sociales y culturales a nivel global.

El turismo no escapa a esta trayectoria en la que la tecnología desdibuja las barreras espaciales y temporales. Se produce así una asimilación de comportamientos entre el tiempo de viaje y el tiempo de trabajo (Urry & Larsen, 2011) que hace que el turista desarrolle sus actividades cotidianas (contestar correos de trabajo, interactuar con su entorno habitual a través del móvil, leer noticias, hacer deporte…) de forma continua, cambiando un escenario por otro, como si se tratara de un simple telón de fondo. Trabajar los fines de semana y de forma intercalada con los momentos de disfrute nos está abocando a un trepidante ritmo de vida y cierto cansancio social crónico. La inclusión del ocio en la rutina de trabajo, por ejemplo a través de los popularizados afterworks, contribuye a la consolidación de este fenómeno más aún si cabe. Podemos afirmar que la filosofía de “puedes hacer lo mismo estés donde estés” ha calado profundo. Las mismas tecnologías que nos permiten buscar información de manera rápida, agilizar nuestras transacciones y ahorrar tiempo y dinero, son las que nos impiden esa ruptura que lleva a la desconexión total, y nos hacen buscar ‘experiencias extraordinarias’ que nos saquen del bucle de productividad y ruido constante en el que incluso nuestras vacaciones se han convertido.

Pero las exigencias autoimpuestas no acaban aquí. En los últimos años las redes sociales se han convertido en una inagotable fuente de inspiración para nuestros viajes en la que mostramos únicamente la mejor versión de nosotros mismos. En las redes sociales el turismo, gracias a su potencia visual y estética asociada, se da la mano con el hedonismo y la autopromoción de manera natural. El mantra de ‘si no lo muestras, no lo has hecho’ se adapta especialmente bien a los viajes. De hecho, el retorno social obtenido a través de la publicación de fotografías de viajes en redes sociales es ya un factor determinante en la elección del destino para muchos turistas (Boley et al., 2018). Estudios recientes incluso aseguran que, entre las cohortes más jóvenes de turistas, la ‘instagrameabilidad’ de un destino resulta clave para su elección en más de un 40% de los casos (Hosie, 2017). No obstante, la otra cara de la moneda nos ofrece ciertamente varias ventajas: los destinos son ahora más visibles que nunca gracias a las redes sociales, nuevos modelos y oportunidades de negocio han aparecido, y la información es más accesible que nunca para el viajero.

Lo que parece claro es que los turistas parecen encaminarse hacia un uso intensivo y diverso de las tecnologías en relación a sus viajes, en los que incorporan elementos de su vida cotidiana y una socialización de tipo virtual. En estos procesos de interacción a través de dispositivos y plataformas online con su entorno, con empresas turísticas e incluso con los propios destinos, los turistas generan consciente o inconscientemente un rastro digital (big data turístico), que está siendo aprovechado por múltiples actores con intereses diversos. De este modo, el turista hiperconectado o smart tourist (Femenia-Serra et al., 2019) y su comportamiento encajan a la perfección con lo esperable y esperado en el contexto del turismo digital.

La inteligencia artificial parece el próximo paso lógico en esta evolución y supondrá la más que probable expansión de la robótica al servicio del turista, la automatización de procesos y el uso de datos biométricos ( https://www.hosteltur.com/127924_robots-are-coming.html ). Esta nueva era promete poner a prueba hasta qué punto estamos dispuestos a sumergirnos en una experiencia turística más tecnológica que humana. Sólo el tiempo lo dirá, pero el cambio generacional y la firme apuesta por estos avances de las nuevas potencias económicas parecen jugar a favor.

Mientras que las ventajas son abundantes y las oportunidades para el empresario, destino o viajero de realizar sus sueños se han incrementado, la cara B del turismo smart es cada vez más visible. Las consecuencias psicológicas de la conexión permanente, la dificultad de romper con la rutina y la constante exposición y escrutinio en redes sociales no se han hecho esperar. La incapacidad de socializar presencialmente, el estrés y la ansiedad crecen al mismo ritmo que los avances tecnológicos y amenazan con convertirse en las mayores epidemias de nuestro tiempo (Martín, 2018). Por otro lado, los datos derivados de la actividad online de los viajeros son en la mayoría de los casos propiedad de empresas de base tecnológica cuyas prácticas poco éticas quedan cada vez más patentes. La omnipresencia de estos datos cuestiona incluso el pensamiento crítico: si todo es cuantificable, todo es predecible y todo se puede automatizar, entonces ¿para qué reflexionar?

En una reciente entrevista, el filósofo surcoreano Byung-Chul Han exponía que las tecnologías han generado la sensación de que “vivimos con la angustia de no hacer siempre todo lo que podemos”. Por si fuera poco, esta angustia vital viene acompañada de un auge del narcicismo digital (individualismo), cambios profundos en el mercado laboral y en las estructuras de gobierno. Su receta para evitar el caos: Un contrato universal que establezca las normas para la convivencia en esta nueva realidad.

¿Cómo puede la investigación en turismo contribuir a este contrato? Identificar quién gana y quién pierde con en el turismo smart, y proponer mecanismos para evitar mayores desigualdades podrían ser pasos en la buena dirección.

 

Referencias

Boley, B. B., Jordan, E. J., Kline, C., & Knollenberg, W. (2018). Social return and intent to travel. Tourism Management, 64, 119–128. https://doi.org/https://doi.org/10.1016/j.tourman.2017.08.008

Femenia-Serra, F., Neuhofer, B., & Ivars-Baidal, J. A. (2019). Towards a conceptualisation of smart tourists and their role within the smart destination scenario. The Service Industries Journal, 39(2), 109–133. https://doi.org/10.1080/02642069.2018.1508458

Hosie (2017). ‘Instagrammability’: most important factor for millennials on choosing holiday destination. The Independent, Disponible en: https://www.independent.co.uk/travel/instagrammability-holiday-factor-millenials-holiday-destination-choosing-travel-social-media-photos-a7648706.html [02/04/2019]

Martín, B. (2018). El impuesto psicológico de la tecnología. El País, Disponible en: https://elpais.com/elpais/2018/11/12/ciencia/1542040259_063401.html [02/04/2019]

Urry, J., & Larsen, J. (2011). The Tourist Gaze 3.0. London: Sage Publications Limited.

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