Alcoholismo o cómo evitar que te pisotee un elefante en la salita de estar

Todos conocemos algunos de los efectos del Alcohol. Hay mucha información en todas partes sobre sus efectos negativos.

¿Pero qué hacer cuando un ser querido tiene el problema, alguien con quien convives que ves todos los días?

Los expertos dicen que es como convivir con un elefante en la sala de estar. Nadie quiere hablar del tema, pero continuamente te empuja y te hace la vida imposible en el salón, sin parar de romper cosas y sin poder mirar a otra parte, porque allí donde mires se encuentra un problema por su causa.

Poco a poco, situaciones en las que nos vemos envueltos se complican, se enredan, se deja de cumplir con las tareas asumidas y las relaciones se van degradando cada vez más, hasta que nos exige un esfuerzo extra el tener que suplir las carencias de quien consume alcohol en casa. Luego, al estar desbordados por las tareas domésticas, descuidamos nuestras obligaciones, nuestros objetivos y entonces todo parece venirse abajo.

Esta situación, generalmente, es demasiado grande, tanto como un patoso elefante rosa en el salón, como para tratar de manejarla uno mismo solamente .

Existen multitud de recursos a nuestro alcance para sobrellevar esta carga, sirvan como ejemplo los siguientes:

Como norma general, se recomienda:

  1. No adaptarnos a la situación y esperar a que se solucione por sí sola
  2. Informarnos de la adicción al alcohol y de los servicios de ayuda
  3. Intentar mantener las costumbres sanas del hogar y las que marque el sentido común
  4. Tener paciencia, muestrar apoyo y comprensión a la persona que padece la adicción, insistiendo en la necesidad de acudir a tratamiento
  5. Recibir uno mismo asesoramiento profesional

Para abordar el tema con el familiar:

  • Escoger un momento de distensión familiar
  • Disponer de folletos, información sobre el tema y de sitios donde acudir
  • Ofrecer apoyo incondicional sin presionar excesivamente
  • Dejar claro que la decisión es suya pero ofrecer ayuda en cualquier momento

 

Pensamientos preocupantes

Entender los pensamientos preocupantes

Los pensamientos preocupantes tienen unas características particulares. Suelen adoptar la forma de preguntas que empiezan con “¿Y si…” y tienden a ser negativos en vez de positivos.

Ejemplos de este tipo de pensamientos son:

“¿Y si no sé que decir?” o “¿Y si suspendo el examen?”

Además, los pensamientos preocupantes tienden a empeorar hasta el punto de que la persona pasa a esperar no sólo cosas malas, sino la peor cosa posible. Y tienden a manifestarse en los momentos más inoportunos: en clase, cuando vamos a estudiar, cuando nos acostamos, …

Cuando una persona con pensamientos preocupantes, irracionales, piensa en la posibilidad de que el profesor le pregunte en clase, lo más probable es que le venga a la mente pensamientos del tipo:

 

“¿Y si contesto mal?” o “¿Y si me equivoco?” o “¿Y si hago el ridículo?”

También puede tener pensamientos como:

“No puedo hacerlo. Es demasiado difícil y me impone demasiado. Meteré la pata. Lo haré mal.”

A menudo, el lenguaje interno todavía empeora más la ansiedad y perpetúa el patrón de evitación de las situaciones temidas. Los principales mensajes que la gente con fobia social se envía a sí misma son:

“Me da demasiado miedo” y “No lo puedo afrontar”

Los psicoterapeutas pueden ayudar a las personas que tienen este problema a identificar y examinar esos pensamientos. Por ejemplo, un estudiante a quien le preocupa que el profesor le pregunte en clase, puede analizar qué probabilidades tiene de dar una respuesta incorrecta. Si se da cuenta de que suele saberse la respuesta, será bastante improbable que se equivoque.

El examen de esos pensamientos conlleva valorar la validez y la polaridad de los mismos. La validez hace referencia a saber si son pensamientos relacionados directamente con la situación que se está considerando, si son relevantes para lo que estamos tratando. La polaridad hace referencia a su valencia positiva, negativa o neutra, es decir si nos ayudan a resolver la situación (polaridad positiva), si no nos ayudan (polaridad negativa) o si no afectan (neutra).

Seguidamente, el terapeuta puede trabajar con el estudiante sobre cómo afrontar la situación en el caso de que efectivamente dé una respuesta incorrecta y cómo sustituir los pensamientos de preocupación por otros de calma y tranquilidad cuando tenga que afrontar situaciones sociales estresantes.

Por ejemplo, se puede imaginar qué le diría a un amigo que necesita que lo tranquilicen, y aprender a decírselo a sí mismo.

De ahí, en adelante, el trabajo más importante continua con la búsqueda de pensamientos positivos que sustituyan a los negativos y a los neutros. Han de ser creidos por cada persona y por tanto, han de trabajarse y asumirse por cada uno, porque a fin de cuentas, actuamos siguiendo nuestras creencias.

Si la situación se cronifica y extiende peligrosamente a diversos ámbitos se llega a hablar de fobia social. A veces se utilizan unos medicamentos que ayudan a regular los niveles de serotonina (una sustancia química presente en el cerebro que ayuda a trasmitir mensajes eléctricos relacionados con el estado de ánimo). Pero nunca se debe automedicar uno mismo. Los medicamentos se han de tomar bajo prescripción médica siempre. Incluso los que parecen inocuos.

¿Cómo te las ingenias tú para manejar los pensamientos negativos? ¿Cuáles son las estrategias que mejor te funcionan?

Anímate a dejarnos tus impresiones en los comentarios.

Apoyo psicológico online de Fundación Eduardo Punset

La Fundación Eduardo Punset facilita un programa de Apoyo psicológico online (FEP).

Este foro es un canal abierto a las personas interesadas, que permite a los visitantes leer todos los casos que se publican, acceder a la respuesta que aportan los profesionales y hacer comentarios desde su propia experiencia. Aquí no solo encuentra apoyo quien expone su problema, sino todas las personas que se sientan identificadas con una consulta.

Miedo a hablar en público

El miedo a hablar en público es algo normal, casi todo el mundo lo siente, pero si se controla adecuadamente, es algo que se transforma en un punto a nuestro favor.

Para que ese temor no nos atenace, sigue estas pautas:

  1. Comienza gradualmente: primero con los miembros de tu familia, amistades, en casa, luego en el aula vacía, en el aula con gente, etc.
  2. Practica primero con quien te sientas más seguro y en los sitios que más confianza te den y luego avanza a las situaciones más difíciles.
  3. Practica a diario. Practica a diario. Practica a diario. Siete días a la semana. Aunque parezca que no avanzas.
  4. Practica sólo, sin acompañantes. Si la situación es muy temida, puede acompañarte alguien las primeras veces.
  5. Filtra tus pensamientos: Te ayudan y te interesan los que se centran en el beneficio que vas a obtener, la tarea que vas a realizar, lo que vas a contar. Felicítate por tus avances y date premios.
  6. Valora los pequeños logros y los grandes. TODOS. Para tí son un gran paso.
  7. La ansiedad no tiene porqué desaparecer completamente. Incluso un poco de ansiedad te puede beneficiar. Sirve de señal para tomar las cosas en serio y centrarse en lo que vas a decir.

Si con todo, sigues sintiendo que no puedes superar la situación, quizá te convenga contactar con los psicólogos del CAE.

Si estás interesado en mejorar tus habilidades oratorias en un seminario con un grupo reducido de compañeros en la U.A., ingresa en la Oficina Virtual y déjanos tu petición en una consulta on-line.

Artículo redactado por Domingo Martínez, Psicólogo del CAE