En La deserción silenciosa de los universitarios: “Ir a clase me parece una pérdida de tiempo” (El País, 26/04/2026) se describe el creciente problema del absentismo en las universidades, donde un porcentaje significativo de estudiantes asiste poco o nada a clase, alcanzando hasta un 60% de inasistencia en algunas asignaturas según un estudio de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Esta tendencia, acentuada tras la pandemia, responde a múltiples factores.
Entre las principales causas destacan el tiempo y las dificultades de transporte, especialmente en universidades alejadas, así como metodologías docentes percibidas como poco dinámicas o anticuadas. Muchos estudiantes consideran que algunas clases no aportan valor, especialmente cuando se limitan a la exposición de contenidos que pueden estudiarse de forma autónoma. Esto lleva a priorizar solo aquellas asignaturas que resultan más interesantes o útiles.
El problema es transversal a distintas titulaciones y cursos, y se manifiesta desde el inicio del semestre. Aunque algunos docentes intentan fomentar la participación, reconocen que la asistencia sigue disminuyendo. Además, el contexto post-COVID ha reforzado la idea de que es posible aprender sin presencialidad.
No existe una solución única, pero se apunta a la necesidad de mejorar la orientación previa de los estudiantes, alinear expectativas y fomentar metodologías más participativas y relevantes. También se subraya la importancia de la responsabilidad individual del alumnado y el valor añadido de la asistencia presencial para un aprendizaje más profundo. En definitiva, el absentismo responde a una combinación de factores estructurales, pedagógicos y motivacionales que requieren un enfoque integral.
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