El episodio “Flandes”
Al final de la década 1560, se inició la llamada Guerra de los Ochenta Años. Esta guerra
encontraba su sentido en el deseo de los pueblos de los Paises Bajos de defender la libertad religiosa reformada contra la puesta en marcha de los decretos tridentinos en la zona por Felipe II. Pero sobre todo, se consideraba generalmente como una revolución contra el absolutismo del rey, que queriá suprimir las libertades de esos territorios.
Después del gobierno conciliadoro de Don Luis de Requeséns y Zuñiga, Felipe II nombró a su hermanastro Don Juan de Austria nuevo gobernador de Flandes (1576). Pero ya está desastrosa la situación, respecto al descontento, tanto por parte de los católicos como de los protestantes, contra los Tercios que acababan de protagonizar el Saco de Amberes con su furia española.
Para establecer una situación de paz, consintió en licenciar sus tropas y respetar las libertades flamencas y firmó en 1577 el Edicto Perpetuo, por el que se reconoció el acuerdo al que llegaron los Estados Generales de las provincias de los Paises Bajos. Ante este estado de conciliación, Don Juan de Austria entró en Bruselas triunfalmente y luego, envió a su secretario Juan de Escobedo para que lograra su regreso a España o medios para su plan de invasión de Inglaterra.Pero el rey rechazó su petición.
En julio 1577, se degeneraron en Flandes y el hermanastro del rey rompió el pacto, llamando de nuevo a las tropas.
“Las Alteraciones de Aragón“
En 1591, después de ser condenado por la Inquisición, se trasladó a Antonio Pérez a la prisión de esta institución, de donde organizó la resistancia a la autoridad real. Diego de Heredia y sus seguidores le ayudaron a huir, conduciendo una revolución con la ayuda de Juan V de Lanuza, del Duque de Villahermosa y del Conde de Aranda. Estos eran ardientes defensores de las libertades de Aragón y emplearon esta revuelta, exclusivamente en Zaragoza, contra la Corona.
El mes siguiente, Felipe decidió acaba de una vez y así castigar los rebeldes y aumentar su autoridad en Aragón. Envió fuerzas armadas en la zona. Ante el gran nombre de soldados en los Tercios, el ejército aragonés no resistió, huyendo hacia el sur. Pérez y sus seguidores se fueron a Francia, donde Heredia fue detenido y ejecutado. Juan V de Lanuza fue decapitado y Villahermosa y el Conde de Aranda fueron capturados y enviados a la prisión de Castilla.
En 1592, Felipe II convocó a las Cortés aragoneses y reformó el gobierno. Entre otros, abolió los fueros aragoneses, obtuvó los derechos a nombrar sus virreyes en Castilla como en Aragón y revocar la Justicia Mayor.
