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Destino final : Francia

Por fín, Peréz volvió en Francia en 1595, a petición de Enrique IV de Navarra. El rey francés le nombró consejero real y esté acabó consultado por altos personajes y embajadores, franceses o europeos. Imaginó varios planes de invasión de España para ellos, planes dichos cada vez más atolondrados. Pero en intento de invasión en 1597, Francia perdió Amiens y tuvó que en 1598 la Paz de Vervins con Felipe II.

Frente a una desconfianza creciente por parte del rey francés, el exiliado español decidió volver en su país  y pidió a Enrique IV que solicitara el pardón al rey español y el permiso de su regreso, en cambio de del regreso de un refugiado francés en Flandes. Pero los dos monarcos no trataron eso. A la muerte de Felipe II en finales de 1598, volvió a intentar pedir perdón pero el sucesor real hizó caso a los planes de invasión y a los libros compuestos por Peréz, juzgando eso como una tración y un gran trastorno. Aún intentó pedir una pensión, aunque era fuera del país, pero no lo consiguió.

En 1608, su hijo mayor pensó que todos sus esfuerzos eran inútiles y le visitó en Francia. El ex-secretario real falleció en París 3 años después. Fue enterrado en el Convento de Celestinos en esa ciudad. Al final, en 1615, sus hijos lograron que se eliminó su condena como hereje.

 

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El expatriado

Hasta Inglaterra

Frente al fracaso de su plan de invasión, Antonio Peréz decidió hacer una estancia a Inglaterra. Fue primero en Tours, a encontrarse con el francés Enrique IV. Le dió consejos, entre cuales sublevar los moriscos.

Se alojó en el Colegio de Eton, en Londres, en abril 1592. Al saber las hostilidades entre Inglaterra y España y que la reina Isabel I mantenía relaciones glaciales con Felipe II, el ex-secretario real anheló proponer sus servicios a esta. Pero nunca pudó visitarla, aún la llamada Reina Virgen nunca dió prueba de simpatía hacia Antonio Peréz.

No obstante, entabló amistad con el Conde de Essex, Robert Devereux, quien se decía ser uno de los favoritos de Isabel I. Esté le ayudó en la publicación de la versión ampliada de sus Relaciones pero con el título Pedaços de historia, obra utilizada por numerosos enemigos de España para difundir la “Leyenda Negra”. Esta “Leyenda” era una opinión muy negativa de lo español y Peréz la apoyó al hacer en su texto muchas criticas de Felipe II. Además, Devereux escuchó los nuevos planes de su amigo, queria volver a intentar a invadir España pero esta vez por mar. 4 años después, con la ayuda de Devereux, el almirante Charles Howard condujo la escuadra inglesa a atacar Cadíz.

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El fracaso francés

Durante los cuatro meses que pasó en la prisión del Justicia, Peréz organizó la revuelta, que acabó por llamarse Las Alteraciones de Aragón. Cuando se estalló la crisis, Antonio Peréz y algunos de sus partidarios se fueron hacia Francia, mientras fue condenado a ser quemado por la Inquisición.

En Noviembre 1591, el ex-secretario real cruzó la frontera y se instaló en Pau, la capital bearnesa, bajo la protección de Catalina de Bearn, hermana de Enrique de Navarra (futuro Enrique IV). Felipe II intentó convencerle volver a España, alegando que era por el bien de su mujer y de sus hijos pero en vano. Así, se decidió intentar matarle y envió sus hombres en Francia.

Con otros exiliados españoles, como Martín de Lanuza, estableció un plan de invasión de España. Recibió pronto el apoyo de Enrique de Navarra, quien reunió para él unas centenas de soldados armados. Así listos, penetraron el territorio español. Pero los hombres del rey ya le habiá enterado del proyecto francés de Peréz. Con la ayuda de unas tropas, Felipe les expusó rapidamente del Estado real.

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El conspirador

Estancia penitenciara (Part 2)

A mediados de 1590,  con la ayuda de su mujer y de un amigo, Gil de Mesa, Peréz huyó de prisión disfrazado de mujer. Gil de Mesa le llevó a Aragón, donde se declaró aragonés porque sabía que podía tener privilegios y el apoyo de una justicia implacable. Estaba recogido en un convento de dominicos, cuando los oficiales de Felipe II le pudieron coger. Se acogió al “Fuero de Manifestación”, ley por la que debieron juzgarle por el Justicia de Aragón.

Fue condenado a muerte en Madrid pero en Aragón, se iban tratando el juicio lentamente. Por eso, el monarca decidió retirar los cargos y poner el juicio en los manos de la Inquisición, contra que aún los fueros de Aragón o la autoridad del Justicia no podían intervenir. Aunque no era hereje, construyeron un caso contra él, bajo este motivo. En mayo 1591, la Inquisición reclamó su traslado a su cárcel. Por ello, los seguidores del ex-secretario real se revoltaron, diciendo que habían violado las fueros aragoneses, exigiriendo la liberación del detenido.

De eso, resultó que Peréz reintegró la prisión del Justicia, bajo la juridicción inquisitorial. Desde ahí, condujo una campaña contra el rey y la Inquisición, estimulando la animosidad popular.

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El conspirador El secretario de Estado

Estancia penitenciaria (Part 1)

A principios de 1579, la viuda y el hijo de Juan de Escobedo acusaron a Antonio Pérez y Ana de Mendoza ser los agentes del asesinato del hombre. Mateo Vasquez, secretario del Gabinete del Rey, era enemigo de Pérez porque reprobaba la influencia que esté tenía en el Rey. Entonces, apoyó a la familia de Escobedo y intentó demostrar la implicación del secretario real en la  muerte del secretario de Juan de Austria.

Felipe II empezó por protegerle porque se sentía culpable pero cuando murió su hermanastro Juan de Austria y sus documentos llegaron a Madrid, descubrió la trama y los mentiras de Pérez y la total lealtad de don Juan. En julio 1579, ordenó la detención de su secretario y de la Princesa de Eboli. Ella fue recluida en su palacio y Pérez fue puesto en arresto domiciliario pero no dejó de trabajar.

En 1585, el Rey hizó abrir dos pleitos contra Pérez, en uno le acusó por su implicación en el asesinato de Escobedo, el otro por prevaricación. Juzgado por el presidente del Consejo de Hacienda, fue condenado por el segundo a diversas penas de prisión y a pagar una enorme multa. Trás algunos años de encarcelamiento, fue torturado y confesó ser el agente intelectual del asesinato pero dijó en sus Relaciones haber actuado por razones de Estado.

Antonio Pérez detenido, el partido “ebolista” perdió importancia y se vió el aumento de poder del gobierno de Granvel.

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Vida Privada

El hombre detrás del secretario de Estado

Desde su juventud, Antonio Pérez era conocido como un hombre muy carnal, se decía que su única debilidad era las mujeres. Pero para convertirse en secretario de Estado, tuvó que obtener más credibilidad y entonces casarse con Juana de Coello.

Pérez no consentió facilmente contrer matrimonio con esta mujer de origen noble, porque no era rica ni hermosa. El Principe de Eboli, que tenía mucha inflencia en este hombre, y el Rey actuaron para que se casara con ella porque ya la habia dejado embarazada. Así, en 1567, Antonio Pérez se casó con Juana de Coello, que estaba esperando su primera hija : Gregoria. Aunque su esposa le estaba completamente devota, sigó seduciendo otras mujeres.

Aún se le conocía una relación con Ana de Mendoza, la Princesa de Eboli. Era la mujer de Ruy Gomez de Silva, principe de Eboli, padre de sus 10 hijos (aunque solo 6 vivieron) y favorita de Felipe II. Viuda cuando tuvó 33 años, sostuvo relaciones con el secretario de Estado. Estas relaciones están recalcadas en la serie La Princesa de Eboli, estrenada en Antenna 3.

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El conspirador El secretario de Estado

El asunto “Escobedo”

El 31 de marzo de 1578, Juan de Escobedo, secretario de Juan de Austria, fue asesinado por unos espadachines en Madrid. Pronto, la mujer y el hijo del secretario demostraron la implicación de Antonio Pérez en el asesinato, aunque estuviera en Alcala este día . ¿ Pero que occurió realmente ? Para saberlo tenemos que remontarnos al año antes.

Durante la estancia de Don Juan de Austria en Flandes, Juan de Escobedo quedó su última y mejor contacto con el Rey. Antonio Pérez, que ya tenía un gran papel en el alejamiento de Juan de Austria del corte, se pusó a  cizañar las conversaciones de ambos. Convinció al Rey de que Escobedo declaraba que el Rey y sus decisiones eran contestables y que le quería reemplazar por Don Juan de Austria. Además aconsejó el Rey de eliminarle.

Luego, el Rey envió una carta a su secretario para decirle que acabara con Escobedo. Trás unas tentativas de envenenamiento, Pérez contrató hombres para matarle, mientras él se escondería en Alcala.

Muchas fuentes demuestran que Antonio Pérez deseó la muerte de su compadre porque esté sabía  que era parte de un tráfico secretos de Estado, y era consciente  de las relaciones que cultivaba el secretario real con la favorita del Rey, la Princesa de Eboli y amenezaba de contarlo todo a Felipe II.