vida de Francisco Javier

[kml_flashembed movie="http://www.youtube.com/v/CigZTNtZERM" width="425" height="350" wmode="transparent" /]

Posted in Descripciones de los jesuitas destacados | Comments Off on vida de Francisco Javier

Monopodio en las misiones de las Indias Orientales (II)

En la última década del siglo XV, el orbe cristiano fue repartido por el Papa entre España y Portugal. En contrapartida, ambos soberanos asumieron su evangelización. Roma les convirtió en vicarios de la Iglesia católica, otorgándoles diversos derechos, deberes y privilegios para que pudieran ejercer su función de patronos, es decir, protectores de la fe. El patronato concedía a dichos monarcas facultades necesarias para proveer de misioneros y de infraestructura eclesiástica a sus respectivas zonas de influencia: tramitaban los visados de salida hacia aquella tierras; nombraban obispos, canónigos y abades; determinaban los límites de las diócesis…

El prelado describía el triste caso de la provincia de Japón. En la década de 1620, este país se componía de 66 reinos, y en ellos no se contaban más de 30 jesuitas. La Compañía dividió la provincia en parroquias, pero no permitía predicar en ellas a ningún sacerdote que no fuese jesuita.

Así pues, los jesuitas formaron “ una clase separada de ministros evangélicos”. Los lograron con “mil artes”: arrogándose duduosas facultades, impetrando breves bajo falsos supuestos, suscitando “contiendas y divisiones” entre los fieles y los misioneros de otras órdenes…

Estas circumstancias derivaron en el “detrimento de la religión y ruina de tantas almas”. Los nuevos fieles, observando las discordias que reinaban entre los que predicaban el amor a Dios y al prójimo, “se entiviaban en la devoción, tituveaban en la fe”. Decían que había dos dioses: el de los jesuitas, rico y poderoso, y el de los más religiosos, pobre y humillado, y que el primero se burlaba del humilde.

Posted in controversias provocadas | Comments Off on Monopodio en las misiones de las Indias Orientales (II)

Monopodio en las misiones de las Indias Orientales (I)

En 1581, Alessandro Valignano sentó las bases de lo que Carvalho denominaba “plan de monipodio”, calificándolo de “diabólico sistema”. En esa fecha, el visitador de las misiones extremorientales elaboró “la gran consulta del Japón”, a raíz de una serie de preguntas que le fueron planteadas por sus hermanos de regla.

A partir de las resoluciones dadas por Valignano, Carvalho resumía en cuatro las principales máximas del plan general de la Compañía para las miciones de China y Japón.

a) No era conveniente invitar a otras órdenes religiosas a que ayudasen a los jesuitas en la empresa de catequizar estas tierras. Sólo supondría “grande escándalo, confusión y perturbación para esta nueva Iglesia”, ya que su distinto modo de actuar desbarataría los lentos progresos que los jesuitas estaban logrando. De modo que “el clero y todas las órdenes regulares [quedaron] privadas de trabajar en estas vastísimas viñas del Señor”.

b) Como complemento de la pauta anterior, Valignano se mostraba contrario a la creación de obispados en Japón, y tampoco era partidario de que el diocesano de Macao realizase visitas en aquel país. El motivo: “los japones son diversísimos de todas las gentes del mundo”; su lengua, costumbres y comportamientos característicos hacían desaconsejables que se les pusiera bajo la jurisdicción y el gobierno de obispos, y muchos menos extranjeros. Cuando el número de convertidos fuese mayor, quizá llegara el momento de permitir la entrada a los prelados, pero para prevenir “desórdenes e invonvenientes”, habrían de salir de las filas de los propios misioneros. Carvalho concluía que de esta manera quedaron los jesuitas “estableciendo a favor de su codicia una secta exclusiva de todas las gerarquías y órdenes religiosas de la Iglesia universal”.

c)El visitador consideraba que los japoneses no debería leer otros libros que los porporcionados por la Compañía, protegiéndoles así de entrar en contacto con “heregías, controversias, y errores de filósofos que los puedan perjudicar”. El jesuita Francisco de Sousa añade que en China el peligro era el mismo, y que allí no pudo evitarse que penetraran religiosos de otras órdenes con ideas “muy contrarias a las nuestras”. El historiador juzgaba que la única solución era no enseñar el latín entre los nativos, y utilizar solamente “libros compuestos en sus propias lenguas, que de ningún modo traten argumentos ni questiones de donde se les puedan originar dudas contra la fe”.

d)Por último, Valignano expresaba su parecer de que era más ventajoso para la Compañía que los convertidos al cristianismo fuesen “muchos y poderosos”.

Posted in controversias provocadas | Comments Off on Monopodio en las misiones de las Indias Orientales (I)

Idolatría

 

Las imputaciones de idolatría y de desobediencia fueron las de mayor envergadura y trascendencia. La primera se distinguió por una más amplia repercusión popular, merced a su morbosidad. No obstante, la acusación de desobediencia tuvo mayor eco entre los círculos elevados de Roma.

El término “idolatría” por sí solo no abarca todos los matices que vamos a ver en este epígrafe. Adorar a un ídolo no fue lo único que se recriminó a los jesuitas. Permitir la práctica e incluso creer en muchas supersticiones paganas del Extremo Oriente, no constituyen más que dos aspectos de la cuestión principal: culpar a los jesuitas de contaminar y corromper el catolicismo.

Mezcla de cristianismo e idolatría

Los enemigos de la Compa ñía acusaban a ésta de hacer un exceso compatible el cristianismo con las creencias idolátricas de chinos, japoneses e indios malabares, a los cuales se suponía debían ganar para la causa cristiana. Casi todos los textos con los que hemos trabajado se refieren a esta mezcla:“el simultáneo incienso que tributaban estos regulares a Dios y a Confucio”; “defender y practicar, en unión con los sagrados ritos de la región católica, los usos y ceremonias sacrílegas de la gentilidad”; “las nuevas iglesias de la China que, por la detestable condescendencia o empeño de la Compañía, vieron exaltados juntamente en sus aras a Dios y al Idolo”; “la unión en un mismo culto a Dios y a Belial”; “confusión de Christo con Belial”, “mezcla de sagrado y porfano”; “introduciendo ritos gentílicos en la Iglesia de Dios, procuraron unir la luz con las tinieblas, y a Jesuchristo con Belial”…

El anónimo autor de Reflexiones… espresaba que, después de San Francisco Javier, pocos jesuitas habían propagado bien la fe, pues habían combinado la idolatría con el Santo Evangelio. El padre Flórez denuncia que la Compañía hacía “una mezcla monstruosa del cristianismo y de la idolatría”, viéndose a los jesuitas honrar como a dioses a hombres muertos en la idolatría (es decir, Confucio y los emperadores chinos), hacer ofrendas y sacrificios a los antepasados, etc.

El temor que traslucen todos estos testimonios era que los jesuitas inventaran “una nueva religión de cristianos idólatras”, en palabras del obispo de Segovia, Juan José Martínez Escalzo. Una religión que hacía compatibles el culto del Dios cristiano con el de otros ídolos, truncándose así el verdadero sentido de la Sagrada Escritura y de los Santos Padres.

El padre Flórez se muestra muy preocupado por esta cuestión. Asegura basarse en declaraciones de Propaganda Fide cuando sostiene que en algunos lugares donde a los paganos les horrorizaba la cruz, la Compañía no predicaba a Jesucristo crucificado, sino solamente glorioso. También afirma que los misioneros jesuitas mantenían a sus fieles en la ignorancia respecto al Misterio de la Cruz, y que por ello no hacían pública, ni en la calle ni en los altares, la imagen del Hijo de Dios.

Una vez sentada la premisa de que la Compañía practicaba la diolatría, en la undécima y duodécima “astrocidades” se describen y se consideran como idolátricas las tres ceremonias principales que los chinos realizaban en honor del filósofo Confucio, asegurando que los jesuitas animaban a los fieles y ministros cristianos a participar en ellas.

Se recoge un largo trozo de la carta de Palafox a Inocencio X: desde el número 138 al 149. El obispo transcribe párrafos relativos a las otras órdenes regulares, en los que Palafox resalta los méritos de éstas en contraposición a la vergonzosa labor de evangelización que desarrollaban los jesuitas. También el prelado se hace eco de la acusación del Venerable de que la Compañía permitió la contaminación del catolicismo para así salvar la vida de sus misioneros en China y no sufrir persecuciones.

En general, es evidente que las palabras de Palafox(“Dios y Belial en una misma mesa, en un misma altar, y en unos mismos sacrificios”) aún resuenan en la mente de algunos obispos español, pues utilizan expresiones muy similares. Es el caso del arzobispo de Burgos, que, menciona “la unión de un mismo culto de Dios y de Belial”, y en su patoral alude también a la fusión “ de las tinieblas con la luz, y el Dios omnipotente con Belial”. Igualmente es el caso del obispo de Segovia, Juan Martínez Escalzo, que acusó a los jesuitas de introducir “ritos gentílicos en la Iglesia de Dios” con el propósito de “unir la luz con las tinieblas, y a Jesucristo con Belial”. Cabe citar también a Felipe Betrán, que hablaba de “juntar en un mismo altar” y de “venerar a un mismo tiempo a Dagon y al Arca del Testamento, Belial y a Cristo”.

Posted in controversias provocadas | Comments Off on Idolatría

Confrontación de dos filosofías misioneras: la entrada en escena de las otras órdenes regulares

 

El breve pontificio del 26 de enero de 1585 denegaba la entrada en China y Japón a todos los misioneros que no fueran jesuitas, reservando a la Compañía la evangelización de estas tierras. Las reticencias de la orden de San Ignacio a tratar con las restantes órdenes religiosas en el campo misional de Asia respondían en parte, a razones de índole política, pues los jesuitas se hallaban bajo el patronato portugués, y los dominicos, franciscanos y agustinos, con su sede en Filipinas, bajo el español.

No obstante, los principales reparos de la Compañía residían en la poca estimación en que tenían a los frailes. Les consideraban carentes del tacto y pericia diplomáticos necesarios para calmar las suspicacias de los chinos y japoneses. Cummins destaca la confianza de los jesuitas en su habilidad para manejar los delicados problemas que caracterizaban a la misión china, al tiempo que creían que los otros regulares, con su ignorancia y celo imprudente, harían otra cosa que complicar la situación. Dado el rigorismo y actitud inflexible que de habían hecho gala en las Indias Occidentales, los jesuitas temían que si se permitía a las órdenes mendicantes la entrada en el Imperio, “they would upset and confuse the converts there, would stir up persecution and destroy the mission”. Sánchez Fuertes, por su parte, juzga que el breve de 1585 muestra los miedos y complejos de los jeguitas ante la irrupción en la zona de religiosos más susteros que podrían poner en evidencia su conducta menos evangélica, y ejercer una mayor atracción sobre los indígenas.

Posted in controversias provocadas | Comments Off on Confrontación de dos filosofías misioneras: la entrada en escena de las otras órdenes regulares

Roberto de Nobili y la evangelización de la India

 

Ricci tuvo en el toscano Roberto de Nobili (1577-1656) un digno continuador de su labor de aculturación en las Indias Orientales. Establecido desde 1606 en el Maduré, región interior del extremo sur de la India, Pronto se dio cuenta de que las reducidas dimensiones de la cristianidad en aquel país se debían a las irrelexivas disposiciones que hasta entonces habían adoptado los superiores de la misión, ignorando la organización social y religiosa de la población. Por ejemplo, los misioneros se habían ganado el desprecio de los brahmanes (o también bracmanes, la primera de las castas indias) por frecuentar el trato con los parias, mientras que éstos consideraban a los europeos como unos salvajes porque comían carne de buey y se calzaban con zapatos de cuero. A imitación de Ricci, Nobili comprendió que sería más provechoso empezar por realizar ciertas concesiones a la elite india. Se inició en el hinduísmo, y aprendió las costumbres de los sannyassi, especie de penitentes o ascetas, muy respetados por los brahmanes: larga casaca de color amarillo y rojo, turbante, sandalias de suela de esparto (deferencia hacia el principio hinduísta de no matar seres vivos ni siquiera al caminar)…

Viviendo apartado del bullicio social, Nobili se sumergió en el estudio de las diversas lenguas de la región, así como en la literatura filosófica y religiosa de la India, en la que buscaba, como Ricci, puntos de contacto con el dogma cristiano. Nobili nunca exigió a sus convertidos que renunciaran a las tradiciones y ceremonias propias de su casta, una vez se convenció de que no contenían ni idolatría ni superstición.

El misionero capuchino fray Noberto de Lorena, alias “abbé Platel”, famoso por sus disputas con los jesuitas en materia de prácticas misionales en China e India, y al que nos referiremos con frecuencias en esta investigación, acusaba a Nobili de beneficiarse de la credulidad de los nativos del lugar. El religioso relata cómo el jesuita, ante el desprecio que suscitaron en un principio sus palabras, recurrió a la argucia de elaborar un pergamino falso en el que se probaba “la descendance directedes jésuites de Rome du dieu Brum”, pretendiendo así ser su origen más antiguo que el de los propios brahmanes de la India. Esta idea, aseguraba Platel, fue fomentada por los mienbros de la Compañía “parleurs discours et par leurs exemples”, y con ella les fue fácil conseguir que los indios malabares abrazaran la religión de los “brames de Rome”.

Este revolucionario método de evangelización despertó entre los misioneros jesuitas de la India recelos mucho mayores que en China, condenado por la Inquisición de Goa. Sin embargo, el papa Gregorio XV emitió una bula en 1623 autorizando la práctica de los ritos propios de la costa malabar, lo que continuía una aprobación oficial de la Santa Sede de los procedimientos utilizados por el jesuita.

Posted in Los jesuitas en el mundo oriental | Comments Off on Roberto de Nobili y la evangelización de la India

un personaje destacado: Matteo Ricci (II)

 

Hacia 1593, Ricci escribió El verdadero significado del Señor del Cielo, donde pretendió demostrar que se podía establecer una relación entre el catolicismo y ciertos principios de los clásicos confucianos. Refiere Lacouture que Ricci intenó conciliar ambos sistemas de creencias, buscando en el confucianismo las huellas de una espiritualidad en consonancia con el Evangelio. Hechizado por la idea de reenocontrarse en Confucio con las fuentes del cristianismo, quiso asimilar en vano al Señor del Cielo de los chinos con el Dios de la Biblia.

 En la praxis cotidiana de la espiritualidad china, Ricci se encontró con el grave obstáculo que suponían los ritos y ceremonias en honor de los muertos, los antepasados y Confucio, de una importancia vital para el pueblos chinos, pero en apariencia opuestos a la escencia no idolátrica del cristianismo. Tras muchos estudios, Ricci concluyó que se trataban de meros actos civiles y que no eran en verdad idolátricos, sino muestras de respeto y de piedad filial: “Puesto que [los chinos] no reconocen ninguna divinidad en sus muertos, ni les solicitan ni piden nada, todo ello permanece fuera de la idolatría, y probablemente también fuera de la superstición”. Así pues, su práctica podía permitirse, no era peligrosa para la integridad de la fe católica:“ritus sinenses possunt tolerari quia solide probabile est illos esse licitos”, una temprana aplicación del probabilismo jesuita.

 Matteo Ricci, sin proponérselo conscientemente, supo seducir a la orgulosa y autosuficiente clase letrada china. Sus estudios y escritos se lo permitieron: “Ricci did not set about his task as a self confident person ready to set the world on fire. He came as a sympathetic inquirer with a deep interest in and respect for the chinese and their culture”. Además, logró sorprenderles con sus conocimientos científicos y su extraordinaria capacidad memorística. Cautivada la atención y admiración habría de resultar más fácil. Por otro lado, Ricci esperaba eludir la prevención de los chinos hacia lo foráneo presentándoles el cristianismo no como una doctrina “bárbara”, sino como un conjunto de creencias muy cercanas al confucianismo, por aquello de su origen monoteísta.

 La obsesión de Matteo Ricci por los estratos más acomodados e instruidos de la sociedad china obedecía a su convencimiento de que la cristianización de las clases altas traería consigo la del resto de estamentos. Una táctica que Sebes ha denominado “working from the top down”. De aquí provendrían las frecuentes acusaciones que se formularon contra la Compañía acerca de su elitismo.

 Más que poner los fundamentos de un cristianismo chino, Ricci dio origen a la sinología. Cuando el jesuita italiano murió, dejó tras de sí a un número de convertidos no demasiado abultado, aunque su principal aportación la constituyó haber conseguido abrir las puertas del continente a sus sucesores. A partir de 1610, la postura acomodaticia de Ricci fue adoptada como política misionera oficial de la Compañía en Asia, acallando algunos brotes de disconformidad que habían germinado entre los misioneros jesuitas ya antes de la muerte de Ricci. Niccolo Longobardo, sucesor de Matteo Ricci como superior de la misión china, escribió diversos tratados en franca oposición a los dictados del de Macerata, lo que provocó que su propia orden le apartarse de la escena asiática y que triunfase como oficial la postura de Ricci,.

Posted in Descripciones de los jesuitas destacados | Comments Off on un personaje destacado: Matteo Ricci (II)

un personaje destacado: Matteo Ricci (I)

Al hablar de los jesuitas que había viajado a China, no se puede ignorar a un personaje muy importante, Matteo Ricci, que no sólo trajo mucho cambio a las maneras de evangelización de la Compañía de Jesús, sino también  dejó mucha influencia en el Imperio chino en el siglo XVI.

Matteo Ricci, en chino Lì Mǎdòu (利瑪竇), (Macerata, 6 de octubre de 1552 – Pekín, 11 de mayo de 1610) fue un misionero católico jesuita. La Compañía de Jesús lo destinó a China donde pasó casi treinta años predicando el cristianismo.

Nacido en Macerata, en los Estados Pontificios (actualmente en Italia), estudió en la escuela jesuita local y en 1568 se desplazó a Roma, donde comenzó estudios de derecho. En 1571 pasó a formar parte de la Compañía de Jesús. Fue alumno del también jesuita Cristóbal Clavio, con quien estudió matemáticas y astronomía.

En 1577 continuó sus estudios en la Universidad de Coímbra. Ese año solicitó formar parte de una expedición misionera a Asia, y en 1578 se embarcó desde Lisboa con destino a Goa, enclave portugués en el este de India. Nunca volvería a Europa.

Ricci pasó dos años en Goa, donde en 1580 se ordenó sacerdote. En 1582 viajó a China, llegando a Macao, también territorio portugués, el 7 de agosto de 1582.

 

 

Posted in Descripciones de los jesuitas destacados | Comments Off on un personaje destacado: Matteo Ricci (I)

Los jesuitas en China

La ciudad de Nankín fue la siguiente morada del jesuita de Macerata. Frecuentemente era invitado a enormes banquetes donde se discutía acerca de cuestiones religiosas y científicas. Todos sus esfuerzos diplomáticos se centraban entonces en conseguir una audiencia con el emperador, lo que finalmente logró gracias a las numerosas e influyentes amistades de que se había ido rodeando. Wan-li le recibió el 24 de junio de 1601 en la Ciudad Prohibida. El hijo del cielo halló gran satisfacción en los regalos ofrecidos por Ricci, maravillado especialmente por los relojes, astrolabios y algunos instrumentos musicales, como el clavicordio, Lacouture opina que sólo el espíritu curioso de Wan-li le llevó a mostrar algún interés por Matteo Ricci y sus compañeros.

En Pekín Ricci cosechó abundantes éxitos personales; sus publicaciones habían sido leídas por miembros de las clases más elevadas de todo el país, los cuales iban a menudo a visitarle a la capital. Los misioneros jesuitas allí establecidos eran recibidos ocasionalmente por el emperador. Cuando en 1610 falleció Ricci, Wan-li concedió a sus hermanos de regla un territorio en las afueras de la ciudad donde le enterraron al año siguiente. La Compañía de Jesús defendió desde el principio el necesidad de ser flexible en la evangelización de las naciones de Asia oriental. En el caso de China, esto era especialmente necesario. Una serie de factores motivaron la asunción de una política de acomodación que habría de conducir al enriquecimiento mutuo de ambas culturas. En primer lugar, el carácter de los habitantes del Imperio del Medio no dejaba demasiadas opciones: sinocéntricos, convencidos de su superioridad respecto al resto del mundo (ellos vivían en el Imperio situado en el centro de la Tierra), y xenófobos. No creían posible que un extranjero, un “bárbaro”, puediera tener algo interesante o novedoso que enseñarles. Sofisticados y muy inteligentes, los chinos no parecía que fueran a ser tan sumisos y crédulos como los filipinos o los indígenas americanos. Para poder entrar siquiera en territorio chino, los jesuitas hubieron de penetrar en sus crencias religiosas, además de aprender a hacer el “kowtow”, la habitual genuflexión china.

La admiración que los discípulos de San Ignacio experimentaron por la cultura y pensamiento chinos fue otro factor que favoreció la asimilación de muchos de sus elementos. Por otro lado, se trataba de una cultura milenaria profundamente arraigada, por lo que no sería posible neutralizar o minimizar su relevancia.

 Dadas las particulares caracerísticas que iba adquiriendo la empresa china, Ricci consideró preciso desarrollar una metodología misionera de aculturación. No obstante, Alessandro Valignano ya había pensado en ello, y unos pocos años antes de la entrada de Ricci en el Imperio, el Visitador se había dirigido así a los misioneros de China y Japón: “no intentéis de ninguna manera convencer a estas gentes para que cambien sus costumbres, hábitos y comportamientos, mientras no sean abiertamente contrarios a la religión y moral. ¿Qué podría ser más absurdo que trasladar Francia, Italia, u otro país europeo, a los chinos? No les traigáis de ningún pueblo, mientras no sean perversas; más bien al contrario,[la fe] deseaba que éstas sean conservadas íntegramente”. Puede decirse que Valignano modeló la estructura de la política misionera de las Indias Orientales, mientras que Ricci la dotó de contenido.

 El jesuita estudió en profundidad la literatura y pensamiento chinos. Criticó a los neoconfucianistas haber tergiversado los escritos del filósofo, por lo que sólo confiaba en el confucianismo original y puro de los textos clásicos. En ellos cifraba sus esperanzas de encontrar lo que buscaba con afán: la evidencia de que los chinos habían conocido, al menos en los albores de su civilización, un monoteísmo que guardaría muchas semejanzas con el judaísmo. La tesis de Ricci era que el budismo y el taoísmo, con sus teorías nihilistas del “karma”, habían corrompido el confucionismo.

 Este religioso desarrolló un peculiar método de adaptación cultural: quiso presentar a los chinos no una religión local de Occidente, sino una religión univeral con un mensaje común a toda la humanidad. Se trataba de purificar el cristianismo de los elementos no cristianos de la civilización occidental, representándolo como un sistema ético sociall y de moral individual bastante acorde con la doctrina de Confucio. Ricci confiaba en que el cristianismo podría completar y perfeccionar al primigenio confucianismo, despojándole de las corrupciones introducidas. Su ambición era retaurar ese prístino monoteísmo de cuya existencia, hacía dos mil año, estaba seguro.

 

Posted in Los jesuitas en el mundo oriental | Comments Off on Los jesuitas en China

Matteo Ricci y la política de acomodación

II modo soave” de Alessandro Valignano: Matteo Ricci y la política de acomodación

Matteo Ricci(1552-1610) nacía el mismo año en que moría Francisco Javier, hecho que no deja de tener su simbolismo, puesto que sería el jesuita que continuaría la labor evangelizadora diseñada por el santo en China y Japón. Adquirió en su patria italiana y en Coimbra una formación humanista: derecho, matemáticas, literatura, filosofía, poesía, mecánica, geografía,astronomía… Fue discípulo de Bellarmino, Clavius y Molina. Un hombre culto por excelencia, que se distinguió por su inmenso apetito de conocimientos. Lacouture destaca el humanismo de Ricci, pues habría de condicionar su modo de abordar la cristianización de China: su actitud respetuosa para con la cultura del Oro, queriendo sustituir la conquista por una suerte de síntesis espiritual.

Arribado a Goa en 1578, fue llamado a Macao por Alessandro Valignano dos años después, donde junto al que sería su compañero de fatigas en el Imperio chino, el jesuita italiano Miguel Ruggieri, se preparó intensamente para el anhelado evento de introducirse en el continente. Estudió el idioma, así como los principios de las corrientes religiosas más importantes del país: confucianismo, taoísmo y budismo. En 1583 obtenía permiso para establecerse en Chao-ch’ing, al oeste de Cantón(provincia de Kwangtung). Allí ambos jesuitas, pero en especial Ricci, lograron el respeto y amistad de ciertos miembros de las clases letradas chinas, y captaron su curiosidad mediante la exposición de relojes, mapas, prismas, pinturas, libros… En estos primeros momentos de la misión, Ricci y Ruggieri se asimilaron a los monjes budistas en su apariencia externa: se afeitaron la cabeza y el rostro, y vistieron una larga ropa marrón cruzada en el pecho.

 

 

 

En 1589, Ricci promovió el traslado a Shao-Chow, al norte de Kwangtung. En esta nueva residencia, el jesuita de Macerata conoció a Kiu Taisu, el hijo de un afamado mandarín, con el que establecería una estrecha relación. Kiu Taisu se acercó a Ricci no para oír la palabra de Dios, sino atraídod por el rumor de que el extranjero de ojos azules y elevada estatura era capaz de transpormar el cinabrio en plata. Ricci le instruyó en matemáticas, alquimia y astronomía, y, finalmente, en la fe católica, convirtiéndose al cristianismo diez años después.

Kiu Taisu, por su parte, les descubrió que adoptar una imagen budista no hacía sino mermar los potenciales progresos de su tarea evangelizadora. Los monjes gozaban de un estatus social muy bajo, lo que había originado el desprecio e las clases altas chinas en general, imbuidas del confucianismo. Ricci comprendió que los letrados eran mucho mejor considerados, y Valignano le autorizó en 1595 a cambiar su indumentaria. En adelante, los misioneros jesuitas se dejarían crecer el pelo y la barba, llevarían las uñas largas, y vestirían de seda. Ricci justificaba este quebrantamiento del voto de pobreza aludiendo a los escasos frutos que conseguía el catolicismo en aquel país, al carecer sus predicadores del suficientes crédito y reputación.

Posted in Los jesuitas en el mundo oriental | Comments Off on Matteo Ricci y la política de acomodación