Las prácticas de laboratorio

El laboratorio es uno de los elementos distintivos de la educación científica, tiene gran relevancia en el proceso de formación, cualquiera que vaya a ser la orientación profesional y el área de especialización del estudiante. En el laboratorio podemos conocer al estudiante en su integridad: sus conocimientos, actitudes y desenvolvimiento. Sin embargo, hasta mediados del siglo XIX cuando se introdujeron las prácticas de laboratorio de Física como complemento a las enseñanzas teóricas. Los primeros laboratorios docentes de Física se diseñaron en el año 1846 por Phillip von Jolly en la Universidad de Heildeberg y por Lord Kelvin en la Universidad de Glasgow, mientras que el primer centro universitario que introdujo la realización obligatoria de prácticas de laboratorio en los estudios de Física fue el King College de Londres en 1868. El primer manual de prácticas de Física, titulado “Elements of physical manipulation”, fue redactado por Pickering para el Instituto Tecnológico de Massachusetts en 1873, y su estructura era análoga a la de los actuales, aunque evidentemente con otros medios. Se incluía un primer capítulo sobra la teoría de errores, análisis de datos, construcción de gráficos, etc., y a continuación la descripción de las prácticas. Como dato anecdótico añadiré que aparece un comentario sobre el libro de Pickering en la sección book reviews del número del 2 de julio de 1874 de la prestigiosa revista Nature. A finales del siglo XIX prácticamente todas las Universidades disponía de laboratorio para estudiantes. Es evidente, por tanto, que el laboratorio es uno de los elementos distintivos de la educación científica y tecnológica, y tienen gran relevancia en el proceso de formación, cualquiera que vaya a ser la orientación profesional y el área de especialización del estudiante.

Por tanto, una parte fundamental de la enseñanza de la Física es el laboratorio y, de hecho, al tratarse de una asignatura experimental, no puede desarrollarse satisfactoriamente sin completar las clases teóricas con unas enseñanzas prácticas adecuadas. “La Física es una ciencia experimental no de elucubraciones, está basada en la observación de la naturaleza, y lo primero que hay que hacer, por tanto, es observar”. El estudiante debe adquirir una familiaridad razonable con la práctica experimental en todos los terrenos. Esta es la razón de que, tanto en las titulaciones de ciencias experimentales como en las carreras técnicas, siempre se dedique una parte importante al trabajo realizado en el laboratorio. Sin embargo, el laboratorio de Física tiene una mayor importancia en unas titulaciones que en otras, sobre todo si existen asignaturas que se cursarán con posterioridad y que harán uso de los instrumentos y métodos utilizados en el laboratorio de Física.

Centrándonos en las titulaciones técnicas, esto sucede en la ingeniería industrial, de telecomunicaciones, e incluso en la informática. No sucede lo mismo en las ingenierías de ciclo corto, como la Ingeniería Técnica de Obras Públicas, donde prácticamente no se volverá a emplear el instrumental típico de un laboratorio de Física. Por esta razón, y para estos últimos casos, las prácticas tienen fundamentalmente el objetivo de visualizar los conceptos aprendidos en las clases teóricas sin olvidar, naturalmente, la importancia de iniciar al alumno en los métodos experimentales. En todo caso, el trabajo práctico de laboratorio sirve:

  • Para motivar, mediante la estimulación del interés y la diversión.
  • Para enseñar las técnicas de laboratorio.
  • Para intensificar el aprendizaje de los conocimientos científicos.
  • Para proporcionar una idea sobre el método científico, y desarrollar la habilidad en su utilización.
  • Para desarrollar determinadas “actitudes científicas” tales como considerar las ideas y sugerencias de otras personas, la objetividad, el no emitir juicios apresurados y el trabajo en equipo.

Una correcta formación práctica en Física desarrolla habilidades, conocimientos y pautas de comportamiento que pueden ser necesarios en otras asignaturas e incluso durante el ejercicio profesional de los futuros titulados.

Laboratorio de Física de la Escuela Politécnica Superior de la Universidad de Alicante.

El equipamiento de laboratorio ha evolucionado mucho, las casas comerciales ofrecen gran variedad de equipos y prácticas ya diseñadas, fáciles de montar. Por el contrario, quizás sea necesario tomar precauciones frente al excesivo automatismo de algunas de ellas que dejan muy poca iniciativa al estudiante. Por ejemplo, existen equipos que transmiten los datos a un ordenador, el cual mediante un programa de tratamiento de datos se encarga de mostrar los resultados de forma gráfica o numérica. Esta situación es buena para el investigador pues le descarga de tareas rutinarias, pero no lo es para el estudiante que está aprendiendo, pues cuando la práctica está en exceso automatizada se pierde la oportunidad de aprender a:

  • Desarrollar habilidades de tipo manual.
  • Tomar datos, cuántos y en qué secuencia.
  • Realizar un análisis de los datos, representar gráficas.
  • Distinguir el sistema real del ideal, y conocer el origen de las fuentes de error.

En el laboratorio el alumno deberá lograr el máximo de participación, el profesor se convierte en guía para el alumno y su ayuda debe ser la mínima necesaria para que éste eche a andar.

A. Alonso, Sobre el laboratorio de Física General, Revista Española de Física, vol. 10, Nº 4, pp. 44-46 (1996).

J. M. Sebastiá, ¿Qué se pretende en los laboratorios de física universitaria?, Enseñanza de las Ciencia, vol. 5, Nº 3, pp. 196-204 (1987).

Profesiones: La Física. Hablando con Juan Rojo (Acento Editorial. Madrid, 1994).

C. Carreras, El trabajo experimental en la enseñanza de la Física, Revista Española de Física, vol. 20, Nº 2, pp. 55-61 (2007).

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Hélène Langevin-Joliot: “Si tuviera que elegir otra vez, no sería científica”

El diario EL PAÍS (25-04-2014) publica una entrevista a Hélène Langevin-Joliot, física nuclear y nieta de Marie Curie, de 86 años, que sorprende por su vitalidad y sus ganas de transmitir lo que sabe.

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Las ecuaciones de Maxwell cumplen 150 años (y II)

La contribución de Maxwell supone una vuelta de tuerca en nuestro conocimiento de la naturaleza, con la unificación de la electricidad, el magnetismo y la óptica, y la demostración de que todas ellas no son más que tres representaciones distintas de una misma realidad: el campo electromagnético. El propio Einstein reconoció que su novedosa teoría especial de la relatividad bebía de las fuentes de las ecuaciones del genial físico escocés. Las cargas en reposo crean campos eléctricos y las cargas en movimiento generan campos magnéticos. Pero en sistemas al cambiar de sistema de referencia los campos eléctricos y los magnéticos se entremezclan. A principios del siglo XX Einstein profundizó más en este aspecto, en la electrodinámica de los cuerpos en movimiento, logrando unificar las leyes de la mecánica clásica y el electromagnetismo dando origen a la electrodinámica clásica. Antes de 1864 se consideraba que los fenómenos electromagnéticos y los luminosos eran independientes, pero desde entonces no se pueden entender por separado y hablamos, por ejemplo, de campos y ondas electromagnéticas, como síntesis de todo lo anterior.

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Las ecuaciones de Maxwell cumplen 150 años (I)

Cada vez que al entrar o al salir con el coche de nuestro garaje abrimos su puerta con el mando a distancia, estamos haciendo uso, puede que sin saberlo, de un fenómeno físico para cuya explicación detallada necesitamos recurrir a las ecuaciones de Maxwell.

En 1831 nació en Edimburgo, la capital de Escocia, un científico cuya influencia se extendió a lo largo de todo el siglo XX y lo que llevamos de XXI. Su nombre era James Clerk Maxwell y es el tercero en un hipotético podio de excelencia de la Física, en cuyos primeros peldaños estarían Isaac Newton y Albert Einstein. Maxwell estudió en la Universidad de Cambridge en la que fue admitido en el Trinity College, precisamente el antiguo College de Newton. Con 25 años ganó la cátedra de Física en el Marischal College de Aberdeen, que abandonó cuatro años después para ocupar otra cátedra en el King’s College de Londres. Con 40 años fue nombrado el primer catedrático de Física experimental de la Universidad de Cambridge, en la que además fue el primer director del prestigioso Laboratorio Cavendish, en el que han trabajado 29 Premios Nobel, incluidos Watson y Crick, los descubridores de la estructura del ADN. Murió demasiado joven, con tan solo 48 años, de cáncer de estómago. Aun así, en su corta vida tuvo tiempo de realizar contribuciones importantes en física estadística o en teoría del color. Sin embargo, sus aportaciones fundamentales las realizó en el campo del electromagnetismo.

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Electromagnetismo: Una invención y dos descubrimientos

Sin riesgo a equivocarse, puede decirse que el electromagnetismo moderno está basado en una invención y dos descubrimientos, realizados todos ellos en el primer tercio del siglo XIX [1,2]. La invención es la construcción de una fuente de corriente eléctrica continua, la pila eléctrica, realizada por Volta hacia 1800. Gracias a este invento “la electricidad triunfa” [2]. Los dos descubrimientos son la demostración de los efectos magnéticos producidos por corrientes eléctricas realizada por Oersted y Ampére en 1820 y la generación de corriente eléctrica a partir de campos magnéticos obtenida por Faraday en 1831 [1,2].

Los trabajos de Oersted y Ampère permitieron sentar las bases experimentales y matemáticas del electromagnetismo, mientras que Faraday es responsable, además, de la introducción del concepto de “campo” para describir las fuerzas eléctricas y magnéticas [1-5], idea revolucionaria en su día ya que suponía apartarse de la descripción mecanicista de los fenómenos naturales al más puro estilo newtoniano, es decir, mediante “acciones a distancia” [2] sin intermediación de medio alguno. Con estas tres contribuciones se pusieron los pilares del electromagnetismo moderno, cerrado por la aportación de Maxwell, ya en el último tercio del siglo XIX [3,4]. Con Oersted, Ampère y Faraday empieza a gestarse la “síntesis electromagnética” de Maxwell [2], cuya formulación matemática de los fenómenos electromagnéticos descritos por sus predecesores supuso para la electricidad, el magnetismo y la luz una síntesis -“la síntesis de Maxwell”-, de tanta relevancia como en su día fue “a síntesis newtoniana” de la física de los cielos y la física terrestre, es decir, del movimiento de los planetas y la caída de los cuerpos [5].

Desde el siglo XVII no se había producido en la ciencia una teoría unificadora igualable a la de Newton y Maxwell lo hizo, aportando el soporte conceptual y la formulación matemática necesaria para elevar el electromagnetismo a las más altas cotas de la física. Esta unificación resulta de tal importancia que los historiadores incluyen entre los grandes inventos de la humanidad el descubrimiento de la relación entre la electricidad y el magnetismo, junto con la invención de la rueda y el establecimiento de los sistemas de numeración [1]. Las ecuaciones que introdujo Maxwell permiten describir la interacción electromagnética, fundamentada en la idea de que los campos eléctrico y magnético son descripciones complementarias que se derivan de la misma propiedad básica de la materia: la carga eléctrica. Esta “síntesis de Maxwell” constituye uno de los mayores logros de la física, pues no solamente unificó los fenómenos eléctricos y magnéticos, sino que permitió desarrollar toda la teoría de las ondas electromagnéticas, incluyendo la luz [1]. De este modo, a partir de Maxwell, otra parcela de la Física hasta entonces independiente, la Óptica, quedó en cierta mediada englobada en el electromagnetismo [1,3,4].

[1] M. C. Pérez y P. Varela, Orígenes del electromagnetismo. Oersted y Ampère. Nivola libros y ediciones. Madrid, 2003.

[2] J. A. Díaz-Hellín, El gran cambio de la Física. Faraday. Nivola libros y ediciones. Madrid, 2001.

[3] J. M. Sánchez Ron (editor y traductor). Materia y Movimiento (J. C. Maxwell). Editorial Crítica. Barcelona, 2006.

[4] J. Ordóñez, V. Navarro y J. M. Sánchez Ron, Historia de la Ciencia. Editorial Espasa-Calpe. Madrid, 2007.

[5] A. Udías, Historia de la Física: De Arquímedes a Einstein. Editoríal Síntesis. Madrid, 2004.

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