Me siento un poco más huerfano tras la muerte de Jorge Semprún ayer: francés, español, intelectual y profundamente europeista por convicción y necesidad.
Poco a poco se nos va la generación de nuestros abuelos, ahora le toca a los que nacieron en los años veinte. La última generación que sufrió plenamente la guerra y la postguerra. La última que tuvo necesidades, la que en definitiva sabe realmente lo que vale un peine.
Nos vamos quedando solos antes los retos del XXI. Enzarzados en nuestro consumismo y en nuestros temores. Los problemas del XXI son ciertamente muy diferentes del XX. Pero los retos humanos son en gran parte los mismos y cada vez hay menos intelectuales y menos personas que nos puedan explicar como encararon los graves problemas de su tiempo y como ven los problemas actuales. Es ley de vida, pero no estoy nada seguro de que nosotros vayamos a saber como resolver los nuestros.
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