Un ciudadano argelino

Esta mañana tomando un zumo en el café Zaidi, frente al hotel Royal de Orán, mi amigo Momo me ha contado una historia que necesito  transmitir al mundo a través de este blog que, de momento, sólo leerá una amiga.

Los años de lenguaje científico, de escribir directamente lo que quiero decir le han sustraído todo vestigio literario a mi estilo, pero ¡poyejali!

Una mañana de hace pocas semanas estaba mi amigo esperando en la cola de una oficina de correos del centro de Orán cuando entró un hombre. Pasando de todo el mundo llegó a la taquilla y pidió lo que necesitaba. Al ver las dudas de la dependienta apartó con la mano el lado derecho de su chaqueta para que ésta viera, no un revolver, sino un walkie talkie que lo identificaba como policía.

La mujer de la ventanilla dijo que no tenía inconveniente en atender si la gente que aguardaba tampoco veía inconveniente en ello. Como nadie decía nada era evidente que el policía iba a ser atendido, como siempre ha sucedido.

Pero, en ese momento surgió una voz de entre la gente, la voz de un joven que dijo: “si se trata de un asunto oficial puede pasar, pero si es un asunto personal debe guardar cola, como todo el mundo”. El policía le respondió que estaba trabajando y que no tenía tiempo. El joven le dijo que también estaba trabajando y que había pedido permiso a su jefe para hacer el trámite.

Es entonces cuando la gente de la cola se movilizó increpando al policía. Éste, derrotado, salió de la oficina no sin antes pararse delante del joven y mirarlo fijamente a lo que éste le respondió desafiante: “¿Qué vas a hacer detenerme, identificarme?”.

Esta pequeña anécdota es lo que me contaba un poco emocionado mi amigo. En sus 39 años de vida en Argelia había visto escenas parecidas, pero nunca algo “tan fuerte”.

Con este mensaje quiero mostrar un pedacito de este país que siente y existe, y rendir homenaje a este ciudadano y a los millones de argelinos y de árabes que se sienten ciudadanos. Conozco a algunos de ellos y me siento orgulloso de ellos.

Cambiar el sistema es muy difícil y en este país será especialmente complicado, pero así están las cosas.

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