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LA INSTITUCIÓN: LA PRINCIPAL OBRA DE CALVINO

La Dedicación de la Institución y su Propósito

En aquellos días llegaron secretamente a París y a otras ciudades francesas una gran cantidad de carteles, escritos en francés, que protestaban contra la misa católica. En la mañana del 18 de octubre de 1534, los carteles aparecieron misteriosamente en muchos lugares públicos. Incluso, en el dormitorio del rey se encontró uno en el arca donde se guardaba los pañuelos del rey.

Francisco I, quien a la sazón era el rey, estaba en negociaciones con los protestantes alemanes con miras a conseguir su ayuda contra Carlos V. Por tanto, como medio para justificar la persecución francesa, publicó una carta abierta en febrero de 1535, donde se acusaba al protestantismo francés de tener propósitos anárquicos que ningún gobierno podía tolerar. Ante esta situación, Calvino se sintió llamado a salir en defensa de sus calumniados correligionarios. Esto dio lugar a que en 1536, mientras se encontraba en Basilea, Calvino hizo publicar la primera edición de su sobresaliente obra, Institutio Christianae Religionis, que pronto fue traducida como La Institución de la Religión Cristiana, pero luego se conoció comunmente como los Institutos de la Religión Cristiana.

Calvino dedicó su libro al rey Francisco I de Francia, quien no se imaginó que tal dedicatoria sería apreciada por siglos como una obra maestra de argumentación de las Escrituras y de la historia, y que sería leída por millones de personas en muchos idiomas.

Esta carta-prefacio es una de las obras maestras de la época de la Reforma. Cortés y respetuosa, es una presentación tremendamente vigorosa de la posición protestante y una defensa de sus adherentes contra las calumnias reales. Ningún protestante francés había hablado aún con tanta claridad, mesura y vigor, y con ella su autor, joven de veintiséis años, se colocó inmediatamente a la cabeza del protestantismo francés.

Inicialmente, la Institución de la Religión Cristiana, no tuvo la intención de hacer entrar en razón a Francisco I, sino que fue escrita para ayudar a los nuevos creyentes protestantes que necesitaban que se les mostrase las verdades de la Biblia. Hasta entonces, nadie había definido dichas verdades en una forma ordenada. La edición de 1536, aunque lejos de ser el voluminoso tratado en que había de convertirse en la edición de 1559, era ya la más ordenada y sistemática presentación popular de la doctrina y de la vida cristiana que había producido la Reforma.

El Desarrollo de la Institución y su Contenido

La primera edición de la Institución fue publicada en Basilea para el mes de marzo de 1536. El libro, en aquel entonces, tenía tan sólo 516 páginas y era pequeño, de tal manera que cabía en los amplio bolsillos de la época, y por tanto podía circular encubiertamente en Francia. Tenía sólo seis capítulos. Los primeros cuatro hablaban sobre la ley, el Credo, el Padrenuestro y los sacramentos. Los últimos dos eran un resumen de la posición protestante frente a los “falsos sacramentos romanos,” y a la libertad cristiana.

En los años subsiguientes, el libro usualmente llamado los Institutos o la Institución, creció significativamente. “Las diversas polémicas de la época, las opiniones de varios grupos que Calvino consideraba errados, y las necesidades prácticas de la iglesia, fueron contribuyendo al crecimiento de la obra.”

Tras la edición de 1536, en latín, apareció en Estrasburgo la de 1539, en el mismo idioma. En 1541 Calvino publicó en Ginebra la primera edición francesa, que es una obra maestra de la literatura en ese idioma. A partir de entonces, las ediciones aparecieron en pares, una latina seguida de su versión francesa, como sigue: 1543, 1545, 1550 y 1551, 1559 y 1560. Puesto que las ediciones latina y francesa de 1559 y 1560 fueron las últimas producidas en vida de Calvino, son ellas las que nos dan el texto definitivo de la Institución.

En ediciones sucesivas, Calvino lo amplió desde seis capítulos a ochenta, completando así cuatro libros. En la última edición, la de 1559, la Institución siguió el orden del Credo Apostólico, al tratar de las verdades de la religión cristiana. Al día de hoy, la Institución está disponible en por lo menos diez idiomas.

En el primer libro, Calvino aborda el tema del conocimiento de Dios en cuanto es creador y supremo gobernador de todo el mundo. El primer capítulo trata de explicar cómo el conocimiento de Dios y el de nosotros se relacionan entre sí. En cuanto a la relación de estos dos conocimientos, Calvino opina como sigue:

Casi toda la suma de nuestra sabiduría, que de veras se deba tener por verdadera y sólida sabiduría, consiste en dos puntos: a saber, en el conocimiento que el hombre debe tener de Dios, y en el conocimiento que debe tener de sí mismo. Mas como estos dos conocimientos están muy unidos y enlazados entre sí, no es cosa fácil distinguir cuál precede y origina al otro, pues en primer lugar, nadie se puede contemplar a sí mismo sin que al momento se sienta impulsado a la consideración de Dios, en el cual vive y se mueve…

El segundo libro trata del conocimiento de Dios como redentor en Cristo, conocimiento que primeramente fue manifestado a los patriarcas bajo la ley, y después a nosotros en el evangelio. En su primer capítulo, se dice que todo el género humano está sujeto a la maldición por la caída y culpa de Adán, y ha degenerado de su origen. Habla sobre el pecado original. Inicialmente explica, que para responder a vuestra vocación con humildad, es necesario conocernos tal cual somos.

Sin embargo, el conocimiento de nosotros mismos consiste primeramente en que, considerando lo que se nos dio en la creación y cuán liberal se ha mostrado Dios al seguir demostrándonos su buena voluntad, sepamos cuán grande sería la excelencia de nuestra naturaleza, si aún permaneciera en su integridad y perfección, y a la vez pensemos que no hay nada en nosotros que nos pertenezca como propio, sino que todo lo que Dios nos ha concedido lo tenemos en préstamo, a fin de que siempre dependamos de El.

El tercer libro trata de la manera de participar de la gracia de Jesucristo, frutos que se obtienen de ello y efectos que se siguen. Resulta interesante el segundo capítulo, donde se define la fe, y se expone sus propiedades. Calvino entiende que el fin único de toda fe verdadera es Jesucristo.

Es cierto que la fe pone sus ojos solamente en Dios; pero hay que añadir también que ella nos da a conocer a Aquel a quien el Padre envió, Jesucristo. Porque Dios permanecería muy escondido a nuestras miradas, si Jesucristo no nos iluminase con sus rayos. con este fin, el Padre depositó cuanto tenía en su Hijo, para manifestarse en El y, mediante esta comunicación de bienes, representar al vivo la verdadera imagen de su gloria.

Para finalizar, el cuarto libro trata de los medios externos o ayudas de que Dios se sirve para llamarnos a la compañía de su Hijo, Jesucristo, y para mantenernos en ella. El primer capítulo habla de la verdadera Iglesia, a la cual debemos estar unidos por ser ella la madre de todos los fieles. En cuanto a la comunión de los santos, Calvino declara:

<<La comunión de que aquí se trata debemos entenderla como la describe San Lucas: “La multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma” (Hch. 4:32); y de la que San Pablo hace mención cuando exhorta a los efesios a ser un solo cuerpo y un solo espíritu, ya que son llamados a una misma esperanza (Ef. 4:4). Porque, efectivamente, si en verdad están persuadidos de que Dios es el Padre común de todos, y de que Cristo es su única cabeza, se amarán los unos a los otros como hermanos, comunicándose mutuamente lo que poseen.

Aquí os dejo el enlace para acceder a la institución completa:

http://www.iglesiareformada.com/Calvino_Institucion.html

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