El Pago del Tributo, Masaccio (1424-1428)

El Pago del Tributo es una de las escenas más famosas y enigmáticas de los frescos que Masaccio pintó en la Capilla Branacci de la iglesia de Santa María del Carmine en Florencia.

La pintura se fecha entre el 1424 y 1428, es decir, en los inicios del renacimiento y nos sirve para ejemplificar algunas de las máximas que marcaron este periodo, tales como la profundidad, la perspectiva e incluso, si se estudia con detenimiento, la realidad moral del Quatroccento.

Esta situado en la fila superior del muro lateral izquierdo de la capilla y nos muestra un episodio de la vida de Jesucristo narrado en el evangelio según San Mateo (17, 24-27) en el cual un recaudador solicita el tributo a Cristo para entrar en Cafarnaún, Jesús le dice a San Pedro que se dirija al río y pesque un pez en el que hallará una moneda con la que pagar la cantidad debida.

El primer impacto de la imagen se encuentra en la disposición de las escenas dentro del fresco, hay una clara representación de los hechos, Jesús junto con los apóstoles y el recaudador al medio, San Pedro tomando la moneda del pez a la izquierda, y a la derecha pagando el tributo; la disposición de las escenas no está en orden cronológico, la línea del tiempo está representada de forma anárquica. Pero, ¿por qué esta colocación? ¿Responde acaso a una jerarquía en importancia?

Por supuesto Jesús está en el eje central de la visión rodeado por sus apóstoles, señalando hacia el lago en un gesto que San Pedro imita. Todos los hechos que ocurren en el cuadro dependen de esta voluntad de Jesús, Masaccio pretendía mostrar simultaneidad entre el mandato y el acontecimiento, subrayando así una postura ética conforme a las obligaciones; el acto propiamente milagroso (San Pedro sacando la moneda del pez) queda en segundo plano, desdibujado y con colores más fríos. En cambio, la consecuencia y el cierre del suceso tienen una claridad que resalta el hecho. Esta parte derecha soporta una gran diferencia conforme al resto de la composición, como si alejara a Cristo de ese hecho terrenal siendo el intermediario del pago de nuevo San Pedro. Así evidencia el cambio de paradigma de esta época, lo importante no es el acto milagroso sino la voluntad que permite su realización.

Así pues el tratamiento de la perspectiva y la profundidad es vital para la explicación del cuadro, las líneas de fuga que traza el edificio de la derecha convergen en Jesucristo resaltando así de nuevo su figura, al igual que los apóstoles que están avocados hacia él, en cambio el recaudador nos da la espalda en la parte central evitando así darle protagonismo y añadiéndolo al grupo que envuelve a Jesús. Otro alarde de perspectiva se consigue gracias a los diferentes planos de las montañas que sirven de fondo difuminándose conforme a la lejanía. Esta perspectiva dentro de los cuadros es clásica dentro del Quattrocento italiano que estuvo muy influenciado por las matemáticas arquitectónicas.

Los colores también ayudan a resaltar y armonizar las diferentes zonas de la pintura, dotando de colores vivos y de luz las zonas que se querían resaltar, como la escena central y diestra, y utilizando colores más fríos y disposiciones más simples de forma intencionada (San Pedro y el pez, la naturaleza muerta al fondo)

En cuanto a la representación de las figuras estas muestran gran monumentalidad, como si se tratasen de esculturas, dotadas de movimiento y expresividad en los cuerpos y haciendo alarde de una gran maestría en el plegamiento de las telas de las túnicas, de nuevo la escena de la izquierda es el elemento distintivo, el gesto y las representación del milagro no son grandilocuentes, no destacan, se vuelve a restar importancia a lo milagroso.

La unión de todos estos elementos evidencia la maestría del fresco siendo uno de los mas importantes del Quattroccento, aunando gran parte de las características de este excepcional movimiento.

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Josep Giner López

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