Antecedentes Culturales

Realmente la cultura que hoy conocemos como clásica nunca desapareció por completo, sino que pasó por distintas fases mientras se iba transformando a medida que eran adoptadas nuevas ideas y nuevas poblaciones en el continente europeo.

La razón por la que esta cultura sobrevivió a todos los grandes cambios políticos, sociales, económicos y religiosos que se produjeron desde la caída del Imperio Romano de Occidente es que éste imperio fue recordado con admiración por todas las capas sociales productoras de cultura.

Para las poblaciones “bárbaras” la cultura y la organización política del Imperio Romano eran incuestionablemente más sofisticadas que las suyas propias, por lo que en la mayoría de los casos sus élites trataron de copiar ese sistema en sus territorios recién conquistados; para el clero, Roma y su imperio eran considerados sagrados, por algo era esta ciudad considerada, al menos teóricamente, como cuna de la Iglesia, y su caída en manos de las poblaciones hérulas, a pesar de haber sido estas poblaciones convertidas al cristianismo, desató una gran conmoción en los clérigos de toda Europa, quienes preservaron y copiaron afanosamente los textos clásicos, incluyendo los de carácter pagano; dentro de la nobleza y la realeza altomedieval persistió hasta siglos más tarde de la toma de Roma por Odoacro el deseo de recuperar la unidad y el poder de la época altoimperial, siendo el intento de Carlomagno, conocido como “Renacimiento Carolingio”, en el siglo IX el más destacado de ellos.

En la mitad superviviente del imperio, en la parte oriental cuya capital era Constantinopla, no solo se mantuvo la identidad romana sino que se produjo además una recuperación de enormes dimensiones de la cultura helenística, ya que el historiográficamente conocido como Imperio Bizantino encontraba sus raíces más cerca de la Grecia Clásica y Postclásica que de la Roma Imperial.

Incluso un pueblo como el árabe, en cuya historia no había tenido especial trato ni político ni cultural con las civilizaciones occidentales, se interesó por la filosofía clásica, especialmente por la de Aristóteles, y tradujo sus textos, en gran parte olvidados por los propios cristianos.

Es, por tanto, incorrecto decir que la cultura greco-latina renació a partir del siglo XIV, ya que para renacer, primero debería haber muerto, y eso nunca ocurrió. Más bien se trataría de un resurgimiento de carácter más general, pues lo que ocurrió realmente fue que esta cultura cayó en un letargo de varios siglos en el que a pesar de permanecer en el conocimiento de las clases cultas, sí que cayó en el olvido para las clases populares, especialmente para los campesinos que habitaban el mundo rural (y que eran por mucho la mayor parte de la sociedad, todo sea dicho). Lo que marcó la diferencia entre el renacimiento del quattrocento y el resto de renacimientos acaecidos durante la Edad Media, y que le permitió pasar a la posteridad como el Renacimiento por excelencia, fue el hecho de que durante el siglo XV la cultura clásica se generalizó en muchas ciudades italianas, pasando un siglo más tarde a generalizarse por el resto de Europa, cosa que nunca antes había sucedido con tal fuerza.

Fue a partir de los siglos XIII y XIV, cuando el conocimiento sobre el arte clásico ya estaba bastante más generalizado entre las clases cultas italianas, que empezó a decirse de los buenos artistas que sus obras eran tan grandes como las de los antiguos. Fue a partir de entonces cuando, intencionada o desintencionadamente, los artistas empezaron a reproducir de nuevo los viejos esquemas e incluso a mejorarlos con aportaciones técnicas modernas.

Lo que hizo el Renacimiento fue sacar de nuevo a la luz una cultura y una cosmovisión antropocéntrica que llevaban muchos siglos recluidas en los monasterios para pasar a mostrarse en el interior y en las fachadas de las iglesias, en los edificios públicos, en las plazas, en los palacios, o incluso en los hospitales (como es el caso del famoso Hospital de los Inocentes de Brunelleschi), extendiéndose no solo a través del arte sino también de la literatura o de la ciencia. Siendo muy revelador el hecho de que incluso la antigua mitología romana pasara a popularizarse y a ser conocida por la población casi tan bien como los relatos bíblicos, siendo el tema escogido por innumerables artistas de la época para sus obras, algo completamente impensable tan solo unos cuantos siglos atrás, lo cual nos da una idea de hasta que punto alcanzó la cultura romana su expansión por el nuevo mundo moderno.

 

 

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