Los acertijos y enigmas son un elemento característico de todas las tradiciones orales populares. Están presentes en canciones, cuentos y relatos mitológicos, y muchos de los que hoy conocemos de hecho tienen un origen antiquísimo. Algunos nos han llegado en colecciones de enigmas. Otros se han transmitido incluidos en obras literarias.

En la novela griega es un motivo recurrente. Subrayan la inteligencia de los personajes al tiempo que introducen un espacio de entretenimiento al lector, y en ocasiones juegan también un papel estructural importante[1].

El primer enigma que aparece en la novela de Apolonio es la prueba a la que el viudo rey de Antioquia somete a los pretendientes de su hija. Reza como sigue: Scelere vehor, maternam carnem vescor, quaero fratrem deum, meae matrix virus, uxoris meae filium, non invenio. [2] La respuesta equivocada a este enigma supone castigo inmediato, que no es otro sino la muerte ejemplar y con carácter disuasorio para otros posibles pretendientes. Hasta el momento de llegar el héroe nadie había dado con la solución y muchos fueron los príncipes que arriesgaron inútilmente su vida. La dificultad reside en el hecho de que el propio enigma hace referencia a la relación incestuosa que mantiene el Antioco con la joven princesa.[3]

Así empieza pues la Historia Apollonii Regis Tyri. Esta oposición entre el amor lícito y el pecaminoso adquiere, evidentemente, interés especial para el cristianismo. Es por ello que reaparece en todas las reelaboraciones posteriores.  ¿Cómo advertir la originalidad de cada adaptador medieval o renacentista? El pasaje del enigma nos da una pista. Cada autor optó por diferentes métodos a la hora de tratar dicho enigma. Algunos lo simplificaron, como hizo al parecer -si es que el manuscrito no etá corrupto- el autor de la anónima versión medieval griega titulada Διήγησις Απολλωνίου: “Εγώ εχω την εντροπήν φησίν της αμαρτίας, / εγώ συνήθισα φησίν της σαρκός της μητρός μου / όστις ανήρ της γυναικός, τον ποίον ουχ ευρίσκω” (Yo tengo la verguenza del pecado, yo me serví de la carne de mi madre, quien es marido de la mujer, a éste no encuentro).

Muchos no acabaron de entender el texto original. De entre ellos algunos cambiaron su planteamiento, creando, sin embargo más confusión. Así, una versión italiana del s. XIV presenta la forma: I’ ò peccato e vergognia, ch’io uso la carne di mia madre. Io domando uno fratello, meno che figliouolo di mia madre, marito di mia moglie, e non lo truovo.[4]

Similar confusión, producida al cambiar las relaciones familiares que formulaba el enigma, se observa en una versión francesa anónima de la misma época: je use de la char me mere, je quier men pere le barron me mere, le fil me femme.[5]

Otros prefirieron dejar tal cual el enigma en latín, lengua que al parecer ya no dominaban, a juzgar por los errores de ortografía y gramática que cometieron al copiarlo. Véase el correspondiente pasaje de la adaptación toscana del s. XIV titulada Leggere d’Apollonio di Tiro: «Vereor, paterna carnem nescor, quero fratre mi, matris mei e filio usori mei e virum ne el invenio.» E il re d’Antioccia disse: «Bene l’hai veduta e letta, ora pensa d’assolverla, e se tu no la assolverai, io ti farò tagliare la testa e faròla appicare con l’altre teste degli sciochi che sono venuti, come sei tu, per volere la mia figliuola[6]

Unos pocos se atrevieron a modificarlo, con propósitos distintos. En el castellano Libro de Apolonio leemos: la verdura del ramo escome la raíz, de carne de mi madre engrueso mi serviz, donde la simbología bíblica parece clara.

Cuando llegamos al Pericles de Shakespeare el enigma se ha convertido ya en un elemento más de comicidad: I am no viper, yet I feed on mother’s flesh which did me breed. I sought a husband, in which labour I found that kindness in a father, he’s father, son and husband mild. I mother, wife and yet his child how they may be, and yet in two. As you will live, resolve it.

Y Apolonio siempre resolvía el atrevido enigma, aunque esto no le iba a suponer en ningún caso obtener la mano de la bella princesa, sino, al contrario, el inicio de todos sus problemas y aventuras. Entre ellas la llegada en calidad de naúfrago cual errante Odiseo a al reino donde conocería a su futura esposa. Porque cuando una puerta se cierra, otra se abre.

 


[1] Véanse, por ejemplo, las preguntas que lanza Alejandro a los gimnosofistas en la novela de Pseudo-Calístenes.

[2]Joven, estás enterado de la condición de la boda?” Y él dijo: “Estoy enterado, y en lo alto de la puerta lo he visto.” “Escucha pues el enigma: El crimen me arrastra, me alimento de la carne de mi madre, busco a mi hermano, esposo de mi madre, hijo de mi esposa. No lo encuentro.” Edición de C. Puche, Akal 1997.

[3] El extraño enigma está relacionado probablemente con la historia escandalosa en su tiempo de Antioco I con su madrastra. Esta relación “incestuosa” explicaría la paradoja: Antioco se alimenta de la carne de su madre, no encuentra al hermano ni al marido de su madre, porque es el mismo, ni tampoco encuentra al hijo de su mujer, por tratarse de la misma persona.

[4] Storia d’Apollonio di tiro.

[5] Ystoire du roy Apollonius de Tire.

[6] Cf. S. Carbonell, “Il Leggere d’Apollonio di Tiro: versione inedita del ms. Magliabechiano VIII 1272”, LIA XI (2010), pp. 17-60.

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