“Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro”, decía Platón.

La filosofía griega no sirve para nada, dirán los tecnócratas. Hemos olvidado que la filantropía es en realidad una parte esencial de la verdadera inteligencia. En días como hoy uno tiene la sensación de que en el hombre hay más de Epimeteo que de Prometeo y que la torpeza, guiada por el egoísmo, nos convierte en seres de una irracional mezquindad. Una sociedad donde finalmente la fuerza domina sobre la persuasión no se puede llamar civilizada.

En días como hoy me vienen a la mente aquellas palabras de A. Samarakis en el prólogo de su colección de novelas cortas titulada Se busca esperanza:

Coexisten en nosotros luz y obscuridad, el bien y el mal, en esta antinomia queda plasmada nuestra tragedia y, también, nuestra grandeza: la grandeza de la lucha, la gloria de la lucha por la superación del lado oscuro de nuestra propia luna. Al menos, si no ambicionamos paraísos, podemos luchar siempre, tenemos el deber de luchar para que nuestra humanidad llegue a ser menos inhumana

La memoria nos impide a veces ser felices. Hoy acabo el día menos feliz recordando el rostro de Isaías.

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