Junto con la popular biografía novelada de Alejandro de Pseudo-Calístenes, el “Apolonio de Tiro” es seguramente una de las narraciones antiguas que más difusión tuvo en la edad Media y el Renacimiento en toda Europa. La primera redacción de la que tenemos noticia es la latina Historia Apollonii regis Tyri, una versión cristianizada de finales del siglo V, derivada probablemente de un original griego compuesto aproximadamente a mitad del siglo III d.C. [1]

Este relato anónimo  fue copiado en infinidad de manuscritos, se tradujo y se adaptó en las diversas lenguas romances, inspirando incluso a Shakespeare para su Pericles. Aparte de los numerosos manuscritos, la historia del rey Apolonio nos ha llegado en una gran cantidad de ediciones impresas datadas desde la segunda mitad del siglo XV hasta el siglo XIX. La fortuna de este edificante relato llega hasta nuestros días através de la  tradición popular neogriega en forma de cuentos y canciones. [2]

En parte el gran éxito de esta novela hay que buscarlo en el episodio inicial. La novela arranca con una historia de incesto entre un rey viudo y su hermosa y paciente hija, una relación con final trágico y ejemplar del castigo divino ante los excesos del amor contra natura. Por primera vez  en el género novelístico se nos muestra pues una oposición entre el amor lícito y el pecaminoso, un tema que adquiere, evidentemente, un interés especial para los lectores cristianos.
Para evitar a los pretendientes, el rey establece un enigma como requisito para poder desposar a la princesa, un enigma que habla precisamente de su propio crimen. Todos los pretendientes fracasan en el intento y son, consecuentemente, decapitados. Hasta que llega Apolonio, príncipe de Tiro, quien con su inteligencia consigue descubrir el enigma y con él la relación incestuosa que mantiene el rey con su desdichada hija. Pero éste no acepta la derrota,  le da un plazo de treinta días para que piense mejor la respuesta, término que aprovecha Apolonio para huir. Antíoco manda buscarlo y Apolonio, fugitivo, naufraga en el mar. Todos perecen menos él, a quien da refugio un pescador que lo encuentra en la costa. De aquí marcha a la ciudad de Pentápolis. En la corte conquista con su música a la joven hija del rey Architrastres con la que acabará casándose. El episodio sucede del siguiente modo: en el banquete que el rey ofrece al náufrago aparece la joven princesa que no tarda en observar su misterioso porte. Todos quedan encantados con el recital del extranjero, en especial la princesa, que le hace entrega de dones y convence al rey para que pase la noche en palacio. Curiosamente, lo que despierta su amor es no tanto una atracción física, sino el talento artístico del huésped. A consecuencia de este amor-admiración, la princesa pasa la noche sin dejar de pensar en Apolonio y al día siguiente se presenta en la habitación de su padre para solicitarle que lo retenga como maestro suyo. Las lecciones diarias hacen que aumente su amor hasta el punto de caer enferma en el lecho. El rey se acaba enterando por medio de una carta de que su hija ama a Apolonio y finalmente lo acepta como yerno. Como era de esperar, la heroína se casa así con el amado, aunque no oímos en ningún momento los sentimientos del héroe.

¿Qué es lo que leemos de este episodio los mencionados papiros griegos?  En el papiro catalogado como PSI 151 aparece una escena de banquete en la corte de un soberano oriental con presencia de sátrapas y magnates. Entre los asistentes, reclinados sobre sus lechos habituales, destacan el rey, la reina y los homenajeados, Apolonio y Dionisio. Tal vez el protagonista es Apolonio, mientras que Dionisio sería tal vez el típico personaje del fiel amigo que acompaña al héroe en sus aventuras. El segundo papiro PMil. Vogl.260, aún peor conservado, parece describir lo que sucedió durante la noche inmediatamente después del banquete, cuando, al parecer, la reina intentó seducir a Apolonio. ¿Qué problemas presentan estos papiros de cara a la hipótesis del original griego? En la novela latina no se menciona a ningún Dioniso; es además la hija del rey quien se enamora de Apolonio, no la esposa del rey. Estos cambios, como tantos otros, los podría haber introducido el adaptador latino, posiblemente cristiano, para evitar presentar un episodio de adulterio. [3]

La escena en cuestión está presente en la mayor parte de reelaboraciones medievales.  La mentalidad y gustos de la época, las costumbres del lugar o la influencia de la tradición literaria particular aportan detalles nuevos al escenario. Así, por ejemplo, el autor del poema castellano del s. XIII Libro de Apolonio se recrea en la descripción del ambiente palaciego, la buenas maneras de la doncella y la interpretación musical que realiza en medio del selecto auditorio de caballeros.

En la versión cretense rimada de principios del s. XVI Ριμάδα του Απολλωνίου,[4] se destaca la belleza de la muchacha, así como la indiferencia con que Apolonio observa y escucha la pieza musical que interpreta primero la princesa. El narrador justifica su desdén introduciendo un tema nuevo, el de la importancia que para la formación y el conocimiento tienen los viajes y las aventuras. A instancias del rey, Apolonio demostrará a continuación en qué consiste realmente la virtuosidad musical. Curiosamente, a pesar de la sabiduría que su particular odisea le ha proporcionado, Apolonio será incapaz de percibir el sentimiento de amor que le empieza a profesar desde el primer momento la joven. La ciencia tampoco es capaz de hacer un diagnóstico eficaz de la patología de la joven y los médicos llamados para asistirla se manifiestan incapaces de averiguar la causa de su dolencia.

En algunos casos aparece el elemento tradicional que presentaban las novelas helenísticas de la atracción física. Un breve ejemplo muestra la versión griega en decapentasílabos, probablemente chipriota, de finales del s. XIV titulada Διήγησις του πολυπαθοῦς Απολλωνίου της Τήρου.  En ella vemos que la princesa se queda prendada al observar el arte del extranjero y su belleza, cuando βλέπει και το κάλλος του, βλέπει την εμορφιάν του.

Este elemento adquiere mayor relevancia para el adaptador francés de L’ystorie du roy Apollonius de Tire del s. XIV que, interesándose por la psicología de la heroína, describirá en una especie de crescendo el despertar amoroso del personaje femenino.  Nada más observar al extranjero, los dardos de Eros la cautivan. Inmediatamente se acercará al triste caballero para preguntarle por su pasado y tratar de consolarlo. Le ofrecerá primero una copa de vino, la excusa perfecta para rozar su piel. Y a continuación, para que el resto de invitados no los escuchen, bajará la voz y  se arrimará un poco más. Según va contándole Apolonio su infortunio, la joven se da cuenta de que l’ama assés plus que devant, sobre todo al verlo llorar recordando sus aventuras. Además de por su belleza y sensibilidad, la princesa acaba enamorada de Apolonio por su habilidad musical. Cumple pues todos los requisitos para desearlo como esposo: biaux, saiges, de hault linaige,  en definitiva moult boin chevallier. Esta versión explota originalmente el episodio añadiendo un par de escenas más. La primera se produce a los pocos días del banquete. Durante las lecciones de música que la princesa recibe escuchamos una conversación sobre el comportamiento ideal de la mujer en las relaciones amorosas. La muchacha plantea a su maestro una serie de cuestiones de amor que funcionarían como manual erótico para los lectores de la época. La joven le pregunta, por ejemplo, cómo debiera actuar ante los requerimientos amorosos de los pretendientes. Los consejos de Apolonio tienen carácter moral y la conducen hacia el amor cortés. La mediación paterna en todos los asuntos amorosos, el rechazo del amor pasional y carnal, son algunas de sus normas. La segunda original escena se introduce la noche previa a la  boda.  Se trata de una escena de diálogo entre la princesa y su nodriza. Al no poder dormir, la muchacha llama a su nodriza, para que le haga compañía en el lecho, y ésta le explica entonces la razón natural de su inquietud en tono irónico. Todo se debe a sus anhelos sexuales, por eso lo que necesita es la compañía de su amado, no la suya. Porque si la muchachas supiera, comenta el narrador, que aquél dispone de otro instrument que la nodriza no posee, entonces la princesa ya no querría que la noche acabase. Aprovechando que surge el tema sexual, la princesa pregunta entonces cómo ha de comportarse en la noche de boda y si ha de satisfacer todos los deseos del esposo. La nodriza no entra en detalles, aconsejándole simplemente que actúe según su entendimiento, dejando así el asunto a juicio del lector.

La felicidad del matrimonio se trunca a los pocos días. La noticia de la muerte del rey Antioco y su hija, fulminados por un rayo, llega a Pentápolis con unos mensajeros que le ofrecen a Apolonio el trono de Antioquia. Apolonio acepta y embarca con su esposa hacia Tiro para recuperar su reino. Empieza aquí la separación de la pareja y nuevas tribulaciones para ambos, ya que en la travesía nacerá una hija y su madre, aparentemente muerta tras el parto, será arrojada al mar en un cofre que llega a la orilla de Éfeso. Allí la encontrará un médico que la reanima, tras lo cual ingresa en un templo. Mientras tanto Apolonio deja a su hija con unos amigos en Tarso, para que la eduquen hasta que llegue la edad de casarla, pero los celos de la mujer pondrán pronto en peligro su vida.

Junto a su temática, el esquema argumental es otra particularidad de la novela de Apolonio que la diferencia respecto de las novelas helenísticas griegas. Aunque se trata de un esquema cíclico, el amor juega un papel secundario, [5] ya que la novela se centra no sólo en la relación sentimental, más bien desequilibrada, entre Apolonio y su mujer, sino en las aventuras y peligros que corre también su hija. La narración se desdobla a mitad de la obra para cubrir no solo la vida de la pareja central, sino también las peripecias de Tarsia.

La historia pasó al folckore griego y se transmitió oralmente de generación en generación en canciones populares y cuentos. Uno de ellos es el registrado a principios de s. XX en Aibalí. Los héroes son ya anónimos, siguen siendo bellos, aunque su belleza poco tiene ya que ver con el prototipo de belleza griega clásica, aunque ésta sigue yendo a la par con su nobleza, según la tradición de las novelas de amor y aventuras helenísticas.

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1.- Hay un par de papiros que se han considerado restos del hipotético original griego. Ambos fragmentos presentan el nombre del protagonista Apolonio en escenas similares a las del texto en latín. Cfr. G.A.A. KORTEKAAS, Commentary on the «Historia Apollonii Regis Tyri», Leiden, Brill, 2007. Edición reciente de ambos papiros a cargo de  A. STRAMAGLIA, PSI 151+ P.Mil.Vogliano 260 (LDAB 5254): δεύτεραι φροντίδες, in «Aegyptus. Rivista italiana di Egittologia e di Papirologia», LXXXIII (2003), 1-2, pp. 97-103.

2.- Sobre la difusión de la novela de Apolonio en la literatura europea cf. G.A.A. KORTEKAAS, “The Latin Adaptations of the «Historia Apollonii regis Tyri» in the Middle Ages and the Renaissance”, GCN, III (1990), pp. 103-122, E. ARCHIBALD, Apollonius of Tyre. Medieval and Renaissance Theme and Variations, Cambridge, 1991, S. CARBONELL, Οι νεοελληνικές διασκευές του «Απολλώνιου της Τύρου» μέσα στα ρομανικά τους συμφραζόμενα, Salónica, 2002, L’Apollonio di Tiro nelle letterature euroasiatiche dal Tardo-Antico al Medioevo, Atti del Seminario (Roma 2000), Collana «Medioevo Romanzo e Orientale», Colloqui 6, a c. di F. Beggiato e S. Marinetti, Soveria Manelli, 2002, M. GRAZIA CAPUSSO, “Sulla tradizione galloromanza dell’ Apollonio di Tiro“, Studi Mediolatini e Volgari, XLVII (2001), pp. 205-221, “L’ Apollonio di Tiro»  anticofrancese: nuove acquisizioni da Danzica”, S», XLIX (2003), pp. 125-149, Riflessi citazionali dell’ A», S», LII (2006), pp. 33-54, “Tra Francia e Catalogna. Sondaggi testuali per l’Apollonio di Tiro, C», X/2 (2007), pp. 69-114, e R. RABBONI, “Per l’Apollonio di Tiro veneto e per il F» (ms. Toledo, Bibl. Capitular, 10-28)”, LIA,  IX, 2008, pp. 221-49.

3.- Como señala la editora M. Paz López, Fragamentos papiráceos de novela griega, Alicante 1998,  p.335.

4.- Cf. la edición de Γιώργου Kεχαγιόγλου, Απολλώνιος της Τύρου, ΙΜΤ, Salónica 2004.

5.- Cf. S. Carbonell, «Ο έρωτας στη μυθιστορία του Απολλώνιου της Τύρου», Κοντυλοφόρος 2 (2003), 7-35.

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