Además de la literatura pagana el estudio de la novela antigua requiere atender también a algunas obras de contenido cristiano, habida cuenta del influjo que la nueva religión empieza a ejercer en los novelistas de la época. En algunos casos asistimos a una adaptación de textos antiguos a las nuevas creencias. La latina Historia Apollonii regis Tyri es un claro ejemplo de cristianización de una obra de origen griego. Otros autores aprovecharon la popularidad que tenía el género novelesco  en los primeros siglos de la era cristiana creando, con una finalidad propagandística, relatos sobre la vida de Jesús y los apóstoles que poseían unas características temáticas y estructurales similares a las de las novelas griegas. Se trata de los llamados “apócrifos”.[1]

A parte de los que existían sobre el Antiguo Testamento, cuyo origen se remonta al s. II a.C., la mayor parte de escritos apócrifos pertenecen a la literatura neotestamentaria y presentan la misma forma que los veintisiete escritos canónicos, es decir, son evangélicos, apocalípticos, cartas o hechos de los apóstoles. Algunos de estos escritos proceden de ambientes que fueron considerados heréticos por las autoridades eclesiásticas. Con ellos los supuestos herejes pretendían justificar sus ideologías atribuyendo la autoría de sus textos a algún apóstol o discípulo de Jesús. En muchos casos, sin embargo, estos escritos surgían simplemente, normalmente de manera popular, para suplir con nuevos episodios fantásticos detalles que faltaban en los libros canónicos. Del mismo modo en que la vida novelada de Alejandro vino a completar las informaciones verdaderas de los historiadores sobre el estratega macedonio, muchos sintieron también la necesidad de completar con cierto romanticismo las lacónicas informaciones que los libros sagrados del Nuevo Testamento daban acerca de los quehaceres cotidianos de Cristo y sus seguidores.[2]

Uno de esos textos apócrifos son los Hechos de Pablo y Tecla. Se trata de una de las leyendas hagiográficas más antiguas del cristianismo, que narra la historia de santa Tecla, una joven de Iconio, que se convirtió al cristianismo gracias a las predicaciones de San Pablo, rompió sus relaciones con su prometido y siguió al apóstol ayudándole en su obra misionera padeciendo no pocas tribulaciones por preservar su virginidad.

La leyenda está basada en un hecho real, la visita de Pablo a Iconio, que se menciona en los Hechos de los Apóstoles. En el año 48 San Pablo y San Bernabé emprendieron su segundo viaje misional y llegaron a Iconio, por entonces una floreciente ciudad con una importante colonia judía. Pero en el escrito oficial no aparece Tecla. La leyenda recrea este encuentro y teje una trama entorno a la figura de la virgen de Iconio.

En la época circulaban varias versiones en diferentes lenguas. La griega es una de las más antiguas y más breves. Su argumento es bastante sencillo [3]: el apóstol Pablo, huyendo de Antioquia, llegó un día a Iconio y allí lo recibió Onesíforo, quien lo acogió en su casa. Después del recibimiento, Pablo empieza a hablar a los allí reunidos acerca de la virtud de la castidad y la recompensa que recibirán los castos en el reino de los cielos. Pablo predicaba diariamente en la casa de su amigo con las puertas abiertas. Justo enfrente había una casa grande en la que vivía una joven hermosa, llamada Tecla, la cual que no se cansaba de escuchar  las palabras de Pablo sobre continencia y resurrección. El prometido de Tecla, su madre y las sirvientas intentan que la joven vuelva a su vida normal, salga del éxtasis en el que se encuentra, pero sin éxito. Los celos consumen a Tamiris, que no tarda en sospechar que Tecla está enamorada de Pablo. Por ello lo denuncia ante el gobernador de la ciudad y lo acusa de embaucador y de inculcar a las jóvenes que no se casen, por lo que es llevado a la prisión. Tecla soborna al guardián, entregándole sus joyas y consigue así entrar en prisión para ver a Pablo. Su familia la anda buscando y finalmente la encuentran junto al reo. El amor de Tamiris se trueca en odio y la misma madre acusa a su hija delante del gobernador. En castigo Pablo es azotado y expulsado de la ciudad. Tecla es condenada a ser quemada en mitad del teatro para escarnio y ejemplo de las demás mujeres. Pero se salvará milagrosamente, pues cuando está en la hoguera a punto de arder, Dios se apiada de ella y cubre el cielo con una nube que descarga un inmenso chaparrón sobre el teatro que apaga las llamas. Tecla es dejada en libertad y va al encuentro de Pablo para unirse a él en su misión. Juntos llegan a Antioquia. Allí se enamora de Tecla un aristócrata llamado Alejandro que intenta comprarla de manos de Pablo. Como este dice no conocerla, ni ser mujer suya, Alejandro se acerca a Tecla en mitad de la calle para abrazarla. Aquella se resiste y rechaza con violencia a Alejandro. Éste acude al gobernador, que condena a Tecla a ser devorada por fieras. Las mujeres presentes en el juicio protestan, pero Tecla no se inmuta, pues ha decidido permanecer casta hasta la muerte. Una rica viuda se hace cargo de su cuidado hasta que llegue el día de la pena. Su hija fallecida se le había aparecido en un sueño instándole a que así lo hiciera. Cuando llega el día de la ejecución la acompaña al estadio. La participación de las mujeres que presencian el espectáculo es decisiva, ya que gracias a las plantas aromáticas y narcóticas que echan en la arena consiguen dormir a las fieras sueltas. Al final las autoridades liberan a la muchacha y las mujeres todas dan gracias a Dios. Tras este episodio, de nuevo Tecla va en busca de Pablo para contarle sus peripecias y explicarle que se ha bautizado. Pablo le encomienda entonces que regrese a Iconio a predicar la palabra de Dios. Allí muere finalmente después de algún tiempo.

¿Por qué se puede calificar esta pieza como novela cristiana? ¿Qué ingredientes posee propios del género novelístico griego?[4] Tenemos una joven hermosa y virgen, el pretendiente noble, que pasa después al papel de contrincante celoso, el motivo del viaje, la separación de la pareja central, escenas de juicio, sueños, o la salvación milagrosa de un castigo [5]. El elemento amoroso también está presente. Pablo y Tecla no se casan, pero su relación recuerda mucho la de los héroes paganos novelescos. Las miradas, los gestos y las palabras que se dirigen muestran claramente que su relación no es sólo espiritual. La primera reacción de la protagonista, cuando escucha a Pablo predicando en su casa recuerda los efectos físicos que provocaba el amor en las novelas helenísticas, pues ni come, ni bebe, adopta una actitud melancólica que preocupa a todos, etc. La virginidad es otro motivo principal de las novelas románticas, aunque aquí se presenta bajo el punto de vista cristiano, se mantiene hasta la muerte y por razones religiosas. Tecla se mantiene casta gracias a su fe, no esperando el matrimonio, y gracias a la intervención divina.

En la recepción encontramos otro elemento común entre la novela helenística griega y los apócrifos. Probablemente los mismos lectores que leían novelas griegas empezaron a consumir también historias de apóstoles y mártires. Entre este público habría quizá no pocas mujeres. En la vida novelada de Tecla es curioso destacar en este sentido que, además del mensaje de una vida ascética, los hechos de Pablo y Tecla tienen un marcado carácter feminista. Véase, por ejemplo, cómo el apóstol permite a las mujeres predicar y bautizar en las primeras reuniones cristianas. Por otra parte, es interesante señalar que las mujeres tienen un papel protagonista en toda la obra y están además siempre de la parte del bien, mientras que los personajes masculinos, a excepción de Pablo, que es más bien secundario, son siempre negativos. ¿Tal vez fuera en realidad una mujer quien la compuso? ¿Seria fiable el testimonio de Tertuliano, que afirmaba que su autor fue un sacerdote despojado de su dignidad?

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[1] En su sentido etimológico apócrifo significa en griego obra “oculta”. En la Antigüedad el término servia también para designar los libros destinados para uso privado en una secta o misterio. Posteriormente pasó a significar, de manera más concreta, libro de origen dudoso, desde el punto de vista del canon cristiano.

[2] Estos escritos tienen una gran importancia para averiguar las tendencias y costumbres de la iglesia primitiva, representan los primeros ensayos de literatura novelesca cristiana, ya que son el precedente de las vidas de santos y mártires medievales, y son además son imprescindibles para entender el arte cristiano antiguo de miniaturas en libros litúrgicos, vidrieras de las iglesias, iconos, etc.

[3] El texto griego editado por R.A. Lipsius-M. Bonet, Acta Apostolorum Apocrypha, Leipzig 1891, t. I, pp. 253-272. Se conocen multitud de versiones posteriores que añaden visiones, raptos y viajes de Tecla, así como inverosímiles aventuras y prodigios extravagantes (entre ellos, por ejemplo, la fábula del león bautizado), que hicieron que la Iglesia no viera con buenos ojos la obra. Fue San Jerónimo quien la acabaría colocando en el catálogo de textos apócrifos.

[4] Conclusiones extraídas de T. Hägg, “Οι νέοι ήρωες απόστολοι, μάρτυρες, άγιοι”, en Το αρχαίο μυθιστόρημα, MIET, Atenas 1992, pp. 193-202.

[5] En Jenofonte de Éfeso Abrócomes es condenado a la muerte en la hoguera y se salva gracias a la intervención del Nilo. Suplicio similar padece Cariclea en Heliodoro.

Una Respuesta a “La novela cristiana griega: hechos apócrifos de Pablo y Tecla”
  1. Luis Inclán says:

    Benvolgut Santi,
    m’ha agradat molt llegir el que has escrit sobre Sta. Tecla. Potser el interesaria a la gent de Tarragona (n’és la patrona).
    Salutacions ben cordials.
    Lluís.

  2.  
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