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Conflictos Imperio Política exterior.

Los enemigos del Imperio III.

Los príncipes alemanes y la Reforma Protestante.

El problema del protestantismo (tuvo su origen en la figura de Martín Lutero) fue el que acabó arruinando la política de Carlos V. El emperador era contrario a la herejía, pero no pudo disponer de medios para acabar con ella, tal como hizo en España y en los Países Bajos.

Las opiniones de Lutero fueron interpretadas como un ataque a la Santa Sede y en 1520 fue excomulgado por León X quien presionó a Carlos V para que reprimiese por la fuerza la extensión de la herejía, pero el emperador prefirió un procedimiento más pacífico y en 1521 convocó la Dieta de Worms donde Lutero defendió su postura siendo proscrito.

En 1529, Carlos V ratificó la postura de Worms contra el luteranismo. Esta decisión provocó las protestas de los príncipes luteranos, que empezaron a mejorar su organización política. En 1530 Carlos se dirigió a Alemania con el fin de terminar con la cuestión protestante. Convocó la Dieta de Augsburgo optando por la vía de la concordia, llamando a Augsburgo a los principales teólogos pero no se llegó a un acuerdo.

Los protestantes reforzaron su posición política con la formación de la Liga de Schmalkalden. Carlos quiso evitar la violencia y le solicitó al papa la convocatoria de un Concilio pero éste se negó. Agotadas las dos vías pacíficas, Carlos V reconoció no tener fuerza para una represión violenta y aplazó la resolución del problema.

En 1532 Carlos aceptó un arreglo provisional del tema protestante, la Paz de Nuremberg, que establecía que nadie podría ser condenado por herejía hasta la convocatoria de un concilio.

En 1545, Carlos V intentó sin éxito negociar un acuerdo en la Dieta de Worms, allí se convenció de la imposibilidad de solucionar la ruptura por las vías pacíficas y solicitó a la Santa Sede ayuda para enfrentarse militarmente a la Liga Schmalkalden, el papa aceptó la solicitud. A finales de ese mismo año comenzaron las sesiones del Concilio de Trento. En 1546, Carlos convocó una nueva Dieta de Ratisbona, pero las negociaciones fracasaron de nuevo. Poco después Carlos declaró proscritos a dos de los príncipes luteranos más influyentes, lo que dio inicio a la guerra contra la Liga. En 1547 las tropas imperiales atacaron el corazón de Alemania, logrando la victoria de Mühlberg. Muerto Francisco I (1547) y dominados los príncipes luteranos, Carlos se encontró con una ocasión excelente para lograr el control efectivo del Imperio y el fin del cisma protestante, pero las medidas tomadas por el emperador no tuvieron el éxito deseado.

En 1548, Carlos trató de solucionar el problema religioso con independencia del Papado, proponiendo un compromiso llamado Interim, en el que imponía a los protestantes el respeto a la doctrina católica y a la autoridad del papa. El documento no satisfizó ni a los protestantes ni a la Iglesia Romana y quedó sin efecto.

En 1551, Francia volvió a cobrar protagonismo con Enrique II que se alió con los príncipes protestantes a cambio de tres plazas de gran importancia estratégica y consiguió que Solimán abandonase su tregua, tomase Trípoli y se acercase a la frontera austriaca. Además, Mauricio de Sajonia abandonó las filas imperiales para aliarse a los protestantes. Acuciado por las amenazas y con grandes dificultades financieras, Carlos asistió al desmoronamiento de su idea imperial.

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Conflictos Imperio Política exterior.

Los enemigos del Imperio II.

El Imperio Otomano.

Los turcos dificultaron el comercio con el Mediterráneo Oriental y atacaron las posesiones italianas de Carlos. No obstante, no hubo un riesgo real de invasión de las costas españolas aunque la amenaza fue latente durante todo el reinado. Franceses y berberiscos eran aliados de los turcos y la posibilidad de que los moriscos españoles les ayudasen desde dentro generaba mucha inquietud. Esta amenaza se manifestó tanto por tierra como por mar.

En el frente terrestre ( a lo largo del Danubio), Solimán el Magnífico tomó Belgrado en 1521 y en 1526 inició una gran campaña sobre Hungría. Los turcos llegaron a Budapest (la aportación de Carlos V a la defensa del Danubio no fue muy grande al estar más pendiente de sus guerras contra Francisco I). En 1529 llegaron a asediar Viena pero en 1532 el emperador acudió personalmente y los turcos se retiraron a Budapest. El emperador tras su marcha dejó en Viena un contingente armado.

Por lo que se refiere  a la amenaza marítima (por todo el Mediterráneo), Solimán inició su ofensiva conquistando en 1522 la isla de Rodas contando con el apoyo de Jeireddin Barbarroja que desde Argel organizó numerosos ataques de corsarios berberiscos sobre las costas napolitanas, el Levante español y las Islas Baleares, Córcega, Cerdeña y Sicilia.

Hasta 1532, las expediciones turcas y berberiscas causaron el temor en el Levante español. Carlos V no fue capaz de organizar una fuerza naval suficiente para combatir al turco por mar. Así que con el fin de romper el frente musulmán mediterráneo y poner una base entre Argel y Constantinopla, Carlos V consiguió tomar Tunéz en 1535, en ese momento en manos de los turcos.

Tras la Tregua de Niza con Francia, Carlos V trató de organizar una nueva ofensiva contra el Turco, suscribiendo una alianza con Venecia y el Papado pero sufrieron una derrota en 1538 y en 1540 se deshizo tras la firma entre Venecia y el Imperio Otomano de un tratado particular de paz. Sin el apoyo de la flota veneciana, Carlos V se planteó la toma de Argel pero fue todo un fracaso.

A partir de este momento, la posición de Carlos en el Mediterráneo empeoró progresivamente, los turcos tomaron todas las plazas españolas del Norte de África, los berberiscos entorpecían el comercio y las comunicaciones entre España e Italia…

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Conflictos Imperio Política exterior.

Los enemigos del Imperio I.

Francia.

La rivalidad franco-hispana ya existía antes de la llegada al trono de Carlos V, ya que la idea de un asedio diplomático a Francia ya la había promovido Fernando el Católico, al forjar la alianza hispano-germano-inglesa, que Carlos V reforzó.

Francisco I, rey francés, pretendió el trono imperial y siempre mantuvo una actitud de constante hostilidad respecto a Carlos V. Francia estaba rodeada por el poder del emperador: al norte, Carlos V dominaba Flandes y el Artois; al sur, las coronas de Castilla y Aragón; al este, el Franco-Condado, por ello el objetivo de la política francesa era resistir el poder de los Habsburgo, aliándose a sus enemigos.

El enfrentamiento entre Carlos V y Francisco I tiene su origen en la posesión de Borgoña por la corona francesa y en las aspiraciones de los dos monarcas de dominar Italia. Comenzó en 1521 y se prolongó hasta la firma de la paz de Cateau-Cambrésis en 1559

  • 1ª etapa (1521–1526): Francia, se apoderó del Milanesado y ayudó a Enrique II a recuperar el Reino de Navarra, tras su conquista en 1512. Sin embargo el monarca francés fue derrotado y hecho prisionero, junto al monarca navarro, en la batalla de Pavía. Francisco fue llevado a Madrid, donde firmó el Tratado de Madrid (1526), por el cual no volvería a ocupar ni el Milanesado ni apoyaría al rey de Navarra (pacto que renunció meses después por firmarlo bajo coacción) y entregaría Borgoña a Carlos, además de renunciar a Flandes e Italia.
  • 2ª etapa (1526–1529): las tropas imperiales asaltaron y saquearon Roma (Saco de Roma), obligando al papa Clemente VII, aliado de Francisco I —tras la Liga de Cognac—, a refugiarse en el castillo de Sant´Angelo. Mediante la Paz de Cambrai, España renunció a Borgoña a cambio de que Francisco I renunciara a Italia, Flandes y el Artois, además de entregar la ciudad de Tournay. Coronado por el papa como emperador del Sacro Imperio Romano (1530), Carlos I continuó sus luchas contra Francia.
  • 3ª etapa (1535–1538): se produjo por la invasión francesa del ducado de Saboya, aliado de España, con la intención de continuar hacia Milán. Acabó con la firma de la tregua de Niza debido al agotamiento de ambos contendientes.
  • 4ª etapa (1542–1544): concluyó debido a la reanudación del conflicto con los protestantes en Alemania. Agotados, los dos monarcas firmaron la Paz de Crépy, mediante la cual España perdió territorios del norte de Francia —comoVerdún, etc.— y próximos a Flandes; una vez más Francia renunciaba a Italia y Países Bajos, entrando Milán en la política matrimonial mediante un previsible enlace hispano-francés.