En las siguientes entradas abordaremos el tema del divorcio entre los reyes. Divorcio en el que no sólo se ven involucrados los reyes de Inglaterra, el cardenal Wolsey, los consejeros del monarca o el arzobispo de Canterbury. La llamada “cuestión real” involucrará al emperador y al papado durante un período de tiempo que comprende, a grandes rasgos, desde el 1527 al 1533.

A continuación nos referiremos a la cuestión real desde la perspectiva del rey Enrique. Dieciocho años de matrimonio con Catalina y ningún hijo varón que asegurase el futuro dinástico del reino. Alguien le sugirió que tal vez su matrimonio no era legítimo al ser contrario a lo que se dice el vigésimo capítulo del Levítico: “si un hombre se une a la mujer de su hermano  es cosa impura  y morirán sin descendencia”. Temeroso de haber vivido en pecado con la mujer de su hermano llamó a juristas y teólogos.

Pero hay que hacer notar que debido a la educación del monarca él ya conocía  el versículo mencionado y, además este mismo había sido discutido tanto en Inglaterra como España antes de que expidiese la bula de Julio II. La postura de Enrique será cuestionar la dispensa papal que debiera tener algún error que la hacía  defectuosa y ofensiva a Dios que se vengaría del rey dejándole sin heredero varón.

El rey le confió el asunto de la cuestión real al hombre más importante de su gobierno: Thomas Wolsey. Tuvo lugar una reunión en York House de un grupo liderado por el cardenal  y el obispo Warham en el que se decidió la forma de actuación respecto al tema. Se buscaba invalidar la dispensa papal porque parecía el medio más rápido y factible de declarar nulo el matrimonio. Roma sólo debía reconocer las acciones emprendidas en Inglaterra mediante una bula.

El primer tribunal arzobispal en el que se presentó el caso, donde Enrique declara pero no así Catalina que aún no estaba enterada,  concluyó que el matrimonio parecía objeto de duda y que merecía el más estricto examen por parte de canonistas y teólogos. Había que practicar dos diligencias antes de que la causa pudiera concluirse como deseaba el rey: asegurarse el consentimiento del papa y decírselo a Catalina. Wolsey se encargaría del primer asunto, al rey le correspondía el segundo.