David Brufal Selva on enero 18th, 2012

En el Vall de Gallinera, concretamente en el Llombai alicantino, apenas resiste en pie el lateral de una calle. Aunque ahora se haya rehabilitado una de sus casas y alguna otra conozca vecino, hace muchas décadas que el pueblo fue abandonado a su suerte. Fue a finales de los 40, cuando la soledad se le presentaba como el mejor refugio, cuando Stefan Gregor llegó a Llombai despertando la curiosidad en los alrededores. Hombre de actitudes poco corrientes, Don Estéfano, españolizado ya su nombre, gustaba de apropiarse de huertos ajenos y, por vaya usted a saber qué motivo, dio sepultura a su automóvil  en un corral. Habitante único de Llombai, parece que Stefan intentaba dejar atrás un pasado reciente de esvásticas y brazos en alto; de desesperación, dolor y muerte que él mismo podría haber provocado. O intentaba redimir sus pecados o, lo más probable, huir de quienes lo perseguían para hacer justicia. ¿Criminal de guerra? Según la revista Spiegel, Gregor era austriaco y había sido jefe de uno de los crematorios de un campo de concentración nazi. Aún así, al día de hoy no se puede confirmar que esto sea cierto, pero su comportamiento, aunque quizás de orate, apuntaba a ello. Vivió en Llombai, pero se construyó una casa en lo alto de la atalaya rocosa de Penya Grossa, al lado de los restos del castillo de Benissili, un lugar privilegiado para vigilar los caminos y quitarle las ganas a quien pudiera querer apresarle, cosa que ya se había intentado infructuosamente. Con burros, nos cuentan, solían subirle los enseres a esa casucha, hoy convertida en refugio de montañeros. «El nazi de Llombai», como se le llama popularmente, murió sin aspavientos, pero su sombra creció aún más al hallarse en su casa unos jeroglíficos indescifrables y un manuscrito en el que se leían las palabras Kremlin y Rasputín. ¿Quién era este hombre?

David Brufal Selva on enero 18th, 2012

En el monte del Mascarat, por donde se abre el paso de Altea a Calpe o viceversa, dicen los relatos orales que vivió un temido bandolero cuya máscara dio nombre al lugar, aunque, según algunos historiadores, el término no viene sino de maka-as, palabra íbera que significa «piedra cortada». Tan pronto vino como pareció irse el malhechor, encontrándose, al poco de su «marcha» y en la montaña en la que solía ejercer su oficio de delincuente, el cadáver de un hombre irreconocible por la lepra. Unos se aventuraron a decir que se trataba de «El Mascarat», a quien anteriormente ya habían querido identificar con un joven desaparecido del pueblo cercano, pero la versión más osada de la leyenda dice que el finado no era otra que el propio Judas Iscariote… ¿Judas? ¿El traidor? Pues sí, ya que el más viejo relato del lugar se remonta, nada más y nada menos, que a los años errantes del apóstol. Sin dar crédito a San Mateo, la leyenda da por vivo a Judas y lo conduce hasta el mismo Mascarat, aún carente de tal nombre, y en esta huida, buscando reposo en su intento de atravesar el barranco, se sienta en una piedra y decide permanecer en la montaña hasta que, siglos después, se le encuentra muerto con todos los indicios de haber sido él el ladrón enmascarado.

David Brufal Selva on enero 18th, 2012

Remontándonos de nuevo al tiempo de los moros nos topamos con otra leyenda, centrada ahora en la impresionante cueva turística de Benidoleig. Aunque repleta de grutas, Alicante tiene aquí una de las más bellas y misteriosas, acondicionada con cuidado para que se pueda disfrutar de ella como merece. Situada a unos 1.000 metros de Benidoleig, poblado muy cercano a Denia, aquí la tradición quiso que un rey moro, Ali Moho, se ocultara junto a sus 150 mujeres, y las joyas de éstas, de la terrible espada de un Cid Campeador que no dejaba turbante con cabeza. Encerrados pues en la cueva, Moho y su harén pudieron o bien suicidarse ante el sitio de los cristianos o bien fallecer de inanición a causa del aislamiento provocado por el desprendimiento de alguna galería. Al descubrirse la gruta se encontraron 150 calaveras formando un círculo y otras dos en una barca de un lago interior, lo que dio pie a esta historia.


Estefanía Durá Sáez on enero 18th, 2012

Era Mubarak el sabio y prudente alcaide de Benidorm y bajo su gobierno vivían en paz y concordia moros y cristianos. Mubarak no tenía hijos varones pero se consolaba con las cualidades con que la naturalez y una excelente educación habían dotado a su única hija Zobeida.
Zobeida se enamoró perdidamente de un apuesto caballero cristiano por nombre Diego pero pese a la armonía en que, como he dicho, vivían las dos comunidades, la cosa no llegaba al punto de ver con buenos ojos el amor entre una mora y un cristiano. Por ello los dos amantes planearon huir una noche descolgándose con una soga desde el acantilado  a la playa.
Sin embargo, fueron descubiertos y devueltos a palacio en el que el Alcaide, enfurecido mandó encerrar a su hija y ajusticiar a Diego. Pero movido por la clemencia, decidió perdonar la vida al cristiano y encerrqarle de por vida en una lóbrega mazmorra del alcázar. “Saldrás de ella – anunció – cuando los campos de Benidorm se cubran de blanco”. Sabía que eso era imposibloe porque en aquella comarca nunca nieva.
Pasaron los meses, florecieron los almendros y la campiña se cubrió de flores blancas. Diego recordó a Mubarak su promesa y estefiel cumplidor de sus promesas, le otorgó la libertad y accedió, por fin, a consentir la boda de su hija con el caballero. Con el correr de los años, el matrimonio rodeó de nietos al caudillo muslmán y Diego fue un leal vasallo que auxilió a su suegro en todo lo que no se oponía a su religión.

Estefanía Durá Sáez on enero 18th, 2012

Dice la leyenda que antiguamente en la glorieta de Cox había un huerto de olivos. Un día un moro fue a coger olivas, pero no terminó de llenar su canasto cuando, en un momento que se dio la vuelta apareció volcado. El moro, como si nada, volvió a llenarlo pero nuevamente, en otro descuido, el canasto apareció vuelto y las aceitunas desparramadas. Observó entonces que había un niño por allí y pensando que él era el culpable le arrojó una piedra, dando no al niño sino a una mujer, que resultó ser la Virgen de las Virtudes, y el niño, claro está, era su Hijo.

Estefanía Durá Sáez on enero 18th, 2012

Jaime José Cayetano Alfonso, conocido con el sobrenombre de Jaime “El Barbudo” nació un 26 de octubre de 1783, en Crevillent, hijo de Jaime Alfonso Juan y de María Antonia Juan Carrillo.

Jaume el Barbut, es un famoso bandolero del siglo XIX, época en la que el bandolerismo tuvo su máximo apogeo, convirtiéndose en un elemento fundamental en la guerra contra los franceses.
Viviendo en la vecina localidad de Catral, sucedió el hecho que desencadenó su futura actividad delictiva , uno de los bandidos de la zona , conocido como “el zurdo”, intentó robar en la finca que cuidaba Jaime, pero en el enfrentamiento entre los dos, Jaime tuvo que disparar al bandido, muriendo éste en el acto. Jaime tuvo que huir a la montaña, al ser perseguido tanto por la banda de el zurdo como por la justicia.
El bandolero comenzó su vida de asaltos y robos, ocupando una parte de la zona montañosa de Alicante , Murcia y Albacete.
Durante la invasión napoleónica de la Península, 1808-1814, lucho contra los franceses , comenzando la implicación política de sus acciones y gracias a este hecho fue absuelto de sus deudas contraídas con la justicia y retornó a la vida civil. Empujado por el hambre volvió de nuevo al monte. Durante el Trienio Liberal fue atraído por las causas realistas y con la proclamación de Fernando VII, se convirtió en un verdadero héroe.
Pero fue la promesa de un indulto lo que le llevó al bandolero a colaborar, promesa que no sólo fue incumplida sino que acabó en traición . Fue detenido en Murcia en 1824 y ejecutado el 5 de julio, en la plaza de Santo Domingo. Ejecutado en la horca, su cuerpo fue mutilado y descuartizado en cinco partes y expuestos sus trozos en distintos lugares donde había cometido sus fechorías, para que la gente tuviera constancia del hecho y no lo mitificara. La cabeza fue expuesta públicamente en su pueblo natal; Crevillent.

También cuenta la leyenda, que en la sierra de Crevillente, en una cueva, tenía base su escondite, a la cual solo se podía acceder con una cuerda o escalera. Pues dicen que cuando huía y estaba llegando a dicha cueva, silbaba y descendía una cuerda, cuando los que le perseguían llegaban a dicho punto, no encontraban restos de Jaime ni de ningún escondite, pues la cueva tenía tapada la entrada de tal forma que parecía parte del relieve natural de la montaña, y en su interior guardaba un secreto, se rumorea que Jaime había amaestrado a un perro y que cuando silbaba, el animal tiraba o recogía la cueva, para que así el escondite nunca fuera encontrado.

Por lo que Jaime el Barbudo se ha convertido en un verdadero mito histórico, personaje que entremezcla la leyenda con la realidad.

Estefanía Durá Sáez on enero 18th, 2012

Cuenta la leyenda que en la ladera de el Puig Campana hubo un gigante llamado Roldán, era el dueño y señor de todo aquello y vivía en una cabaña que él mismo había construido. Tenía todo lo que un gigante de sus características podía querer… pero no era feliz, le faltaba el amor.
Cuentan que un día conoció a una bella jovencita de la que quedó enamorado. El amor fue mutuo y ambos vivieron su romance en la cabaña del gigante. Desde aquel día Roldán hacía todo lo posible por complacer a su amada dándole toda clase de caprichos y comodidades para que se sintiera cómoda y feliz.
Pero un día, Roldán volvía a su cabaña se cruzó con un extraño que le dijo que a su bella doncella le quedaban muy pocas horas de vida, justo las que quedaban para que el sol se pusiese por la ladera de la montaña. Al final del día su joven amada moriría sin remedio.
Roldán partió corriendo hacia su cabaña y comprobó como su amada poco a poco iba apagándose. Conforme pasaban las horas y el sol bajaba, ella se encontraba peor. Ante la impotencia, el coloso salió furioso a recriminarle al sol. Entonces recordó la frase del extraño “cuando se oculte el sol morirá” Enfurecido salió corriendo hacia la cumbre del Puig Campana y de un puntapié rompió un trozo de montaña dejando así pasar el sol unos minutos más. Bajó corriendo a por su amada para intentar alargar el máximo tiempo su vida, pero el sol no tardó en ponerse.

Roldán no pudo dejarla por lo que se dirigió como un sonámbulo hacia el mar en busca de la luna con la esperanza de que su luz la salvase. Al no funcionar, la enterró en el nuevo islote y se quedó junto a ella el resto de sus días, “se abrazó a ella para con su cuerpo seguirla amparando y protegiendo por toda la eternidad”

Cuentan, que el trozo de roca que salió disparado del puntapié que Roldán le dio a la montaña del Puig Campana fue a parar al mar de Benidorm.

 

David Brufal Selva on enero 18th, 2012

En lo alto de la Sierra de las Águilas, muy cerca del Santuario de Ntra. Sra. de Orito y de San Pascual, se encuentra la Cueva de San Pascual, en la que se dice que se refugiaba el santo en su época de pastor. Es el lugar más popular de la devoción al santo. Su origen como lugar de oración tuvo lugar en el siglo XVI, en que los frailes la usaban como eremitorio y aquí también San Pascual tuvo sus vigilias de oración. Anteriormente esta cueva había servido de refugio de pastores ante el mal tiempo. Tras la beatificación del santo se la llamó “Cueva de San Pascual” y, desde entonces, es visitada a lo largo del año, muy especialmente cada 17 de mayo, en que se celebra la romería al santo, por miles de peregrinos que depositan allí sus exvotos por favores recibidos. En sus proximidades puede contemplarse una escultura con la imagen del santo, levantada en 1996 por suscripción popular, y un pedestal con la cruz de Santiago, pues por aquí pasa el camino a pie desde Alicante a Santiago de Compostela. El monumento a San Pascual  está colocado sobre un pedestal de hormigón de unos 3m de altura. Se puede acceder en automóvil hasta la cueva, pero lo tradicional es hacerlo a pie por la empinada cuesta que accede a ella, desde la que puede observarse una hermosa panorámica del valle del Medio Vinalopó y la costa alicantina.

 

David Brufal Selva on enero 18th, 2012

Esta leyenda cuenta que el alcaide de Orihuela, Benzaddon, residía en la alcazaba, y no lejos de allí, en el Arrabal Roche, vivía Pedro Armengol con su esposa e hijas. La mujer era nodriza de los hijos del alcaide, por lo que tenia libre acceso a la fortaleza. Los mudéjares locales se unieron con los del reino de Murcia para pasar a cuchillo a los residentes cristianos, y se fijo la fecha para ello el 16 de julio. Benzaddon quiso exceptuar a la nodriza y su familia del exterminio contra los cristianos.

La mujer de Pedro Armengol quedo traspasado con la confidencia. Decidió salvar a su pueblo con una estrategia ingeniosa que consistió en vestir con las ropas de sus hijas a dos robustos soldado y acompañada de estos y de su marido se presento en la alcazaba y los guardias fueron sigilosamente degollados. Las santas Justa y Rufina, que eran muy veneradas en esta tierra se aparecieron en forma de resplandecientes lucero para posarse sobre la fortaleza.

Armengola, empuñando las armas y luchando como un hombre, hizo prodigios de valor. La torre de homenaje fue coronada con la cruz en su más elevada almena

La muerte del alcaide, la caída del castillo en manos de los cristianos y la noticia de que se acercaba el ejercito salvador del rey Don Jaime impidió a los mudéjares poner en practica su proyectada masacre.

La tradición continua arraigada entre el vecindario de Orihuela, la festividad de la liberación de la ciudad de manos de los musulmanes se conmemora el 17 de julio.

En la víspera, se encienden luminarias entre las ruinosas paredes del castillo y al día siguiente, la Corporación municipal bajo mazas y con el pendón de la ciudad al frente acuden a una solemne y concurridísima función religiosa en la parroquia de Santas Justas y Rufina. Allí el consejo y los demás ciudadanos escuchan cada año del oficiante natal la portentosa hazaña de la valerosa mujer de Pedro Armengol.

Estefanía Durá Sáez on enero 18th, 2012

En 1474 llegó una asoladora peste sobre la villa y gran parte de la población huyó a la Fuente del Chopo, donde levantaron barracas para cobijarse. Como continuaban los estragos de la peste, decidieron elegir un patrón o patrona para confiar en su intercesión. Para ello depositaron en un cántaro los nombres de santos y santas que cada uno prefería y eligieron a un niño para que sacase uno de los nombres. El elegido fue el de Virgen de las Virtudes, que nadie había escrito. Se repitió dos veces más y volvió a salir este nombre, con lo que se dieron cuenta de que la Virgen quería que la veneraran bajo esa advocación. Así pues, encargaron a dos villenenses que partieran a diversos pueblos y ciudades a fin de adquirir una imagen de la patrona. Apenas se habían alejado unos metros cuando vieron a dos jóvenes con un arca que contenía la imagen de la Virgen. Se la entregaron y, antes de poder mediar palabra, desaparecieron. Desde entonces, se levantó un santuario y se hicieron dos votos a la Virgen, que se cumplen cada año en marzo y en septiembre.

David Brufal Selva on enero 18th, 2012

Una antigua leyenda agostense, narra que San Pedro bajó de los cielos para apresar una bruja que atormentaba al pueblo de Agost. De ese episodio, se quedó grabada en una parte del lateral de la iglesia un rostro con unas llaves que según el mito popular, se trata de la imagen de San Pedro, el cual se quedó en esa parte de la iglesia.

David Brufal Selva on enero 18th, 2012

Cuenta la historia que Nicolás Perich, Alcaide y defensor del Castillo de Santa Bárbara, murió defendiéndolo, oponiéndose a la voluntad de rendir la plaza ante Aragón pues él: “juró fidelitas (fidelidad) a su señor castellano”.
 Tan grande era la lealtad de este súbdito que, cuando cayó la muralla don Nicolás defendió, piedra a piedra, su honor. En mitad de esta pelea herirá a Don Berenguer, amigo de Jaime II, que viendo que su señor estaba batiéndose en duelo con el castellano, intervino apoyando a su soberano. Esta intervención le salvará la vida, pero como contrapartida tendrá el resultado de la muerte de Perich. Su cuerpo quedó tendido sobre la fría piedra del suelo, con la espada derecha empuñando su espada y la izquierda asiendo, fuertemente, las llaves de la fortaleza, negando, con tal hecho, la rendición. Tan grande fue la lealtad del alcaide que tuvieron que cortarle la muñeca para poder quitárselas, al igual que el resto del cuerpo que fue despedazado y entregado a los perros.

 

 

 

La historia siempre es más cruel que la triste realidad, y hoy por hoy, una mano cortada aferrando unas llaves es parte del escudo de la fortaleza de Santa Bárbara.
Esto es la historia, o se supone, pues de aquí nacerán varios, mitos, leyendas o, para algunos dogmáticos: “irrealidades”.
La primera de ellas dice que el día que la mano de piedra se abra y deje de sujetar los preciados “fierros”, la ciudad de Alicante será conquistada ante cualquier enemigo (la historia nos ha demostrado que esta fortaleza goza de fama de inexpugnable. Alicante nunca fue conquistada, ni por los Ingleses en la guerra de sucesión -1700-1713-, ni por Napoleón 1808-1812- cuando invadió la Península Ibérica junto con Lisboa y Cádiz son las únicas tres ciudades que se “salvaron” de la invasión francesa-). Parece que la maldición de Perich y el reconocimiento de lealtad por parte de sus asesinos, sirvieron para algo.
Otra leyenda que nacerá de esta acción es, como no podía ser de otra manera, que, año tras año, el día que tal combate se llevó a cabo, vuelve a suceder. Dicen que en esa fecha, de madrugada (que es cuando sucedieron los hechos), podemos oír caballos, ruidos de espadas, injurias, gritos… todo el fragor de la batalla.
Pero hay una tercera más romántica: Cuentan que cuando hay peligro para ésta ciudad, cuando un invasor se acerca, se puede oír y ver a Don Nicolás Perich, vestido como aquel triste día, dando órdenes a su ejército para defender la urbe. Cuentan que este alcaide leal y fiel, no sólo juró fidelidad a su Rey, sino también a la ciudad que tenía bajo sus pies. Cuentan que cuando juró dijo: “la defenderé con mi honor por siempre”, y eso es lo que sigue haciendo, pues la muerte, como siempre ocurre en las leyendas, puede ser vencida por la lealtad, la fidelidad y el honor.”

David Brufal Selva on enero 18th, 2012

En la vida y hechos de San Jorge, la leyenda y la realidad pueden ser lo mismo aunque vistos de distintos ángulos. Lo que no cabe es la menor duda de ser tanto el mártir de Diocleciano por profesar su fe, como el legendario caballero defensor del cristianismo.

La Leyenda Áurea relata tanto el martirio como los maravillosos milagros del Santo. Pero quizá lo que ha calado más en la gente de todo el mundo es la leyenda en la que el Santo Caballero venció al dragón salvando a la princesa de sus fauces y a toda la ciudad de Berito de la terrorífica bestia

Los alcoyanos, lo califican de fiel protector en el himno a él dedicado como agradecimiento por su ayuda aquel 23 de abril de 1276 en que nos dio nuestra identidad y sentido de ser, lo nombraron nuestros antepasados patrón de la villa y prometieron erigirle un templo y celebrar su fiesta anualmente.

Varias veces ayudó, según cuentan las crónicas, a las huestes cristianas en sus batallas: a los cruzados en Antioquia y Jerusalén y en España lo hizo en tres ocasiones a favor de la Corona de Aragón, además de la última que propició la derrota y muerte de Al-Azraq ante los muros de Alcoy. Lo hizo en Alcoraz en 1096 ayudando a Pedro I de Aragón; también intervino en la toma de Mallorca cuando Jaime I la conquistó en 1229; la tercera vez lo hizo en1237 en la batalla del Puig, muy cerca de Valencia, a las tropas de Bernardo Guillem de Entenza , tío del rey Don Jaime.

De esta forma, San Jorge ha protegido a la cristiandad en muchas ocasiones y por eso ha sido nombrado patrón de tantos pueblos, venerado, cantado y representado en todo el orbe cristiano.

La admiración y devoción que los cruzados tuvieron por San Jorge la trajeron de Oriente y la popularizaron en Occidente, lo que dio lugar a que los caballeros medievales europeos lo tomasen como modelo y patrón.

San Jorge, además de ser protector de muchas ordenes de caballería de toda Europa, la mayoría ya desaparecidas, también ha inspirado otros sentimientos en los creyentes siendo en algunos países o regiones protector de cosechas, del agua, de los armeros, del moviendo scout y tantos otros que lo eligieron por la juventud, genio y nobleza que inspira.

David Brufal Selva on enero 18th, 2012

El preventorio se hizo famoso en 2002, cuando el investigador Pedro Amorós publicó un artículo sobre los supuestos fantasmas de la dama blanca cuyo espectro se aparecía en el espejo que había en el rellano situado entre la segunda y la tercera planta y el del monje de la escalera, cuya figura aparece presuntamente en una fotografía con un bebé en brazos. A partir de entonces el enclave comenzó a recibir numerosas visitas, algunas de personas interesadas en los fenómenos paranormales, otras de simples curiosos y la mayoría de vándalos, lo que generó cierto malestar en Aigües de Busot.
Presuntos fantasmas que aparecen reflejados en espejos, damas blancas, rostros que miran desde la nada, sombras en los pasillos y voces insólitas, entre otros fenómenos inexplicables, han sido asociados a este inmueble.

Cuenta la leyenda que una Dama blanca se aparecía a algunas personas reflejada en el espejo al que se llegaba al subir las escaleras que conducían a la primera planta. algunos decían que la Dama blanca reía y lloraba al mismo tiempo y otros que si la dama reía significaba que todo iba bien mientras que si su mueca era de sollozo significaba que algo malo iba a suceder.
Algunos identifican a esta dama blanca con la primera esposa que había tenido el conde de Casas rojas, antiguo propietario del balneario, las villas, los terrenos adyacentes y las aguas. Se trataba de la joven Victoria Rosado y Sánchez-Pastor, a quien el pintor Julio Romero de Torres pintaría en su retrato de la Condesa de Casas Rojas. Señalar como curiosidad que los condes de Casa Rojas eran los bisabuelos del alcalde de Madrid Ruiz-Gallardón.
Los supuestos hechos trágicos que ocurrieron durante el tiempo en el que el edificio fue preventorio son, seguramente, el germen de la leyenda y, a pesar de que hay testimonios de antiguos pacientes que recuerdan su estancia allí con una sonrisa, otros afirman que sufrieron malos tratos.

David Brufal Selva on enero 18th, 2012

Cuenta la leyenda que hace siglos se incendió una iglesia en la ciudad de Alicante, con gran alarma de los fieles ya que en su interior se guardaba una imagen muy venerada de la Virgen.  Ante el fragor de la llamas la imagen decidió salvarse de la quema, nunca mejor dicho, y resulta que fue a aterrizar, ante la sorpresa de un pastorcillo que por allí andaba, sobre la copa de un lidonero. El pastorcillo corrió a contarles a sus paisanos lo que había ocurrido y, por supuesto, nadie le creyó hasta que la virgen, para probar la realidad de su aparición, le dio el brazo que le faltaba (pues estamos hablando de un pastorcillo manco), evidencia ante la cual el pueblo no pudo resistirse.

 

Esta leyenda de Virgen viajera tuvo lugar en Agrés, un precioso pueblo de la sierra alicantina .Al fin y al cabo, si la misma Virgen lo eligió como destino final de su huída por algo será. El convento construido en el lugar en el que, según la leyenda que ya les he contado, la Virgen se apareció al pastorcillo manco. Es un lugar curioso, llamativo e interesante, no excepcionalmente bello, aunque sí tiene unas vistas hermosas y cuenta con una sala en la que se ofrecen a la Virgen pequeñas figuras de cera reproduciendo la parte del cuerpo por cuya sanación se ruega.

 

Estefanía Durá Sáez on enero 18th, 2012

Como la mayoría de leyendas, esta también aguarda su parte romántica, pero empecemos por el principio.

Una noche, un rey morisco sorprendió a su hija Zoraida, un bella princesa de ojos azules y rubia cabellera, que escapaba del castillo de Cabezo Soler, junto al río Segura, para encontrarse con un joven príncipe cristiano y entregarse a los placeres del amor y esto provoca la ira de su padre.

Tras una batalla, el rey moro cayó gravemente herido y en su agonía maldijo a la princesa, condenándola vivir por siempre encantada dentro del monte redondo Cabezo Soler.

Todos los años y sólo la Noche de San Juan, la Encantá se aparece en el Cabecico Soler para que alguien la libere. Si algún hombre valiente se encuentra con ella, la Encantá le pedirá que la lleve en brazos hasta el río Segura para bañar sus pies y así poder romper el maleficio. Pero por desgracia el espíritu del mal hará todo lo posible para que esto no suceda, por lo que para el hombre que lleva a la Encatá, esta se hará más pesada, por no mencionar a los monstruos que salen a su encuentro, provocando que el valiente joven caiga al suelo desfallecido y soltando a la princesa, cargando a su vez con una nueva maldición, la de morir con la lengua pisada. Por lo que “Atrapada y maldita está la mujer encantada de Rojales, y cada año, siempre el día justo y a la hora justa, se despierta de su letargo y vaga sin descanso”

 

Latorre Coves, José.A. Sitio web Almoradí 1829. Disponible en:

http://almoradi1829.blogspot.com/2012/01/la-leyenda-de-la-encanta-rojales.html

 

Estefanía Durá Sáez on enero 18th, 2012

Cuenta la leyenda, que en las inmediaciones del Alto Vinalopó (Alicante), un aldea que en la actualidad no viven más de tres o cuatro familias, en las inmediaciones de los Prados de Santa Eulalia, esperaban a finales del siglo XIX la llegada de doña María Avial Peñas y su marido, el Vizconde de Alzira. Nadie podía adivinar por entonces lo que aquella joven mujer supondría en el futuro.

La Vizcondesa de Alzira había sido dotada en matrimonio por su padre a la de edad de 18 años que tenía en el momento del enlace matrimonial.

La pareja aportó el dinero suficiente para la creación de una empresa, que explotaría la propiedad del Conde de Alcudia. Un imperio de prosperidad estaba a punto de nacer: alrededor de las productivas tierras se construyeron diversidad de edificios para la vida social como viviendas para los colonos y todo ello rodeado de jardines, estanques, fuentes y estatuas.

Pero cabe destacar, que lo que gobernaba por su grandeza y exquisitez arquitectónica era el extraño palacio del Conde de  Santa Eulalia.

Los Vizcondes de Alzira y el Conde de Alcudia se vieron inmersos en una cadena tejida con eslabones de amor y odio. Don Mariano de Bertodano se ganó el desprecio de su esposa, la vizcondesa doña María, que miraba con buenos ojos al conde don Antonio de Padua. Las desavenencias conyugales acabaron explotando. Él se fue y ella se quedó con la compañía amorosa del conde, pasando de ser la Vizcondesa de Alzira a ser más conocida como La Condesa. La sociedad empresarial se disolvió y los amantes quedaron a cargo de la colonia.

La hacienda prosperaba. El teatro Cervantes, la licorería y el casinete, como llamaban al casino que regentaba la vizcondesa, inundaban las noches de ocio y convertían aquel lugar apartado de todo en un enclave de fiesta y diversión muy famoso en los alrededores.

Dicen que la vizcondesa andaba despechada porque el conde era un mujeriego y se consolaba entregándose al juego y al desenfreno en las noches de la Colonia de Santa Eulalia. Un día el conde se enteró durante uno de sus viajes a Barcelona de que su amante estaba al tanto de sus escarceos y, para vengarse, había transformado el casino en un burdel. Don Antonio de Padua regresó de inmediato para comprobar qué estaba pasando en el casino. Allí se vio seducido de nuevo por los encantos de doña María y, enfebrecido, apostó y perdió todo su dinero en aquella casa del placer. Arruinado y borracho, salió al jardín y tropezó en la fuente que se situaba  delante del palacio, donde halló la muerte, pues se ahogó al caer con medio cuerpo, torso y cabeza, dentro del agua.

Cuenta que cada vez que una mujer de apariencias similares a la condesa hace acto de presencia en aquel lugar, el Conde vuelve de su destierro del más allá y hace acto de presencia, pero esto no acaba aquí pues es curioso y significativo que todas las familias que han llegado a vivir en este lugar han quedado separadas de una u otra forma.

MC Ediciones Passeig Sant Gervasi, 16-20 08022 – BARCELONA. Disponible en:

http://www.masalladelaciencia.es/reportajes/lugares-encantados/237-los-fantasmas-del-palacete-de-santa-eulalia

Estefanía Durá Sáez on enero 17th, 2012

Cuenta la leyenda, que en nuestros parajes había un pequeño poblado gobernado por el noble Sexto Mario. Era un hombre muy rico, que había obtenido su riqueza con la explotación de una mina de oro que se encontraba en el interior de una montaña. Dicha riqueza proporcionó una buena vida a Sexto, pero también proporcionó la envidia de aquello que la querían hacer suya. A Tiberio Claudio Nerón, que no le sobraba el dinero y tenía al pueblo un tanto revuelto, le pareció bien que dichas minas pasaran a su patrimonio. Nerón tramó el plan de conquistar a la hija de Sexto, Mariola, una bellísima joven.  La joven solía ser vista dando largos paseos por la montaña, en compañía de una pantera, que el propio Sexto le había traído desde África. A pensar de los intentos de conquista de Nerón hacia Mariola, esta le dejó bien claro que nunca se casaría con él, pero claro está que dicho emperador tenía muy mal perder planeo una terrible venganza.

Nerón acusó a Sexto y a Mariola de incesto, y fueron condenados a ser despeñados. Desde entonces, cuenta la leyenda que la Sierra más hermosa de nuestra provincia tiene el nombre de aquella muchacha que se negó a los caprichos de un tirano emperador. Y de las minas de oro, nunca más se supo.

Asociación Cultural Alicante Vivo, 2007-2011. Disponible en:

http://www.alicantevivo.org/2008/04/la-leyenda-de-la-sierra-mariola.html

Estefanía Durá Sáez on enero 11th, 2012

Cuenta la leyenda, que en diciembre del año 1370, un guardacosta, Francesc Cantó, encontró en la orilla de la playa del Tamarit, acercada por la corriente, un arca de madera, que en su cubierta llevaba una inscripción que ponía“Sóc per a Elx” (Soy para Elche). Al verlo, Cantó abrió la caja y descubrió una imagen de la virgen, a la cual le acompañaba el consueta, es decir, texto y música para la representación de la Asunción de María a los cielos (Misteri d’Elx).

Sorprendido por el descubrimiento, Cantó cabalgó hacía la ciudad de Elche con el fin de comunicárselo al cabildo, que publicó un decreto de que todos los ilicitanos fueran a la playa a recoger la imagen. Cuando los ilicitanos llegaron, observaron que un grupo de vecinos de Alicante y Orihuela , pretendían llevársela a sus respectivos pueblos.

Para solucionar la disputa, montaron el arca en un carro tirado por bueyes con los ojos tapados que situaron en un cruce de caminos, para que eligieran el que más les pareciese, yendo, finalmente, para Elche.

Estefanía Durá Sáez on enero 11th, 2012

El relato que vamos a narrar a continuación, nos explica como la ciudad de Alicante obtuvo su nombre.

Dicha narración nos viene dada en forma de historia de amor, como suele ocurrir en la mayoría de mitos. Esta historia está protagonizada por Cántara y Aly. Dos amantes, que al igual que muchos otros, poseían un amor imposible y desgraciado.

Cántara era una musulmana, hija del Califa que habitaba por entonces en la actual Alicante. Dicha joven, poseía una belleza sobrehumana y no fue de extrañar que dos jóvenes se enamorasen perdidamente de ella, por lo que el califa decidió que uno de esos dos jóvenes sería un buen marido para su bella hija, pero, ¿Cuál de los dos tendría el honor?.

El Califa, ante gran dilema y situación,  tomó una decisión salomónica:  los pretendientes deberían llevar a cabo una tarea determinada, y Alá decidiría cual de los dos era más apropiado. Almanzor, el otro pretendiente para Cántara, tuvo que ir a la India a traer raras especias a su amada, mientras que Aly se comprometió ante el Califa a cavar una acequia enorme y poder traer el “agua verde” a Alicante desde Tibi.

 

Cuentan las crónicas, que mientras Almanzor iba rápidamente con sus barcos a las Indias a traer especias, Aly no se tomó tan en serio su trabajo: se dedicó más a escribir poesías a su amada e ir hablando de ella por todo el mundo, pero Cántara se enamoró de el perdidamente,  sin esperar ver finalizada su tarea y la de Almanzor.

Pero la elección del marido ya estaba hecha. Cuando llegó Almanzor a la costa de Alicante con sus barcos cargados de especias, el Califa le concedió la mano de su hija. Aly, desesperado por la noticia, se tiró al vacío por un barranco ( Se dice que unos siglos después y sobre ese lugar se construyó el pantano de Tibi). Cántara, sumida en la desgracia por la perdida de Aly, decidió seguir sus pasos y se tiró al mar desde el risco de San Julián, que desde entonces vino a llamarse “el salt de la reina mora”

Se comenta que el Califa murió de tristeza, y que, sorprendentemente, su efigie apareció grabada en elmonte Benacantil. La corte, impresionada por los hechos, decidió llamar a la ciudad “Alicántara”, de donde procede el nombre actual, “Alicante”.

Asociación Cultural Alicante Vivo, 2007-2011. Disponible en: http://www.alicantevivo.org/2007/04/la-leyenda-de-alicante.html