Mejoría en la corte:

Aún y así, esa lamentable situación no duró eternamente, y ello fue posible gracias al tercer matrimonio de Enrique VIII con Juana Seymour (matrimonio celebrado el año 1536), quien facilitó el acercamiento entre padre e hija, intercediendo a favor de María y haciendo que María cediera con sus creencias.

Aunque la situación mejorase poco a poco, María iba haciéndose mayor, y era constantemente utilizada por su padre como moneda de cambio en sus alianzas, siendo prometida a varios hombres, aunque luego no llegara a casarse con ninguno. De todos modos, la última esposa del rey, Catalina Parr, fomentó las buenas relaciones entre el monarca y sus hijas María e Isabel,  lo que conllevó que éstas volvieran a ser admitidas en la línea sucesoria, detrás del príncipe Eduardo.  Así que, muerto Enrique VIII en 1547, le sucedió su hijo al trono, Eduardo VI, quien también falleció en 1553.