Series

Escrito el 13 enero 2013 por mujeresfelipeii.
Categorías: Varios.

Se ha añadido un nuevo apartado en el menú de la derecha donde podréis ver dos series “Isabel” y “El pícaro” en las que podréis ver una buena muestra de la indumentaria de la que hemos estado hablando todo este tiempo en el blog. ¡Espero que las disfrutéis!

 

El pícaro fue una serie de televisión española, estrenada por Televisión Española en 1974, escrita, dirigida y protagonizada por Fernando Fernán Gómez.

Argumento

Ambientada en el siglo XVII, sobre todo en España, pero también en Italia (cap. 1) y en Baviera (cap. 3), la serie narra las peripecias de Lucas Trapaza, un pícaro que sabe recurrir a todo tipo de ocurrencias para sobrevivir trabajando lo menos posible y al que acompaña en sus peripecias el joven Alonso de Baeza. Los guiones se inspiran en los textos de grandes autores del Siglo de Oro de la Literatura española, como son Miguel de Cervantes, Francisco de Quevedo, Mateo Alemán, Vicente Espinel, Salas Barbadillo y el autor de Estebanillo González, además del francés Alain-René Lesage.

 

Isabel es una serie de televisión española de carácter histórico estrenada el 10 de septiembre de 2012, ambientada en la vida de la reina Isabel I de Castilla, que abarca desde su infancia hasta su proclamación como reina pasando por las guerras civiles por el trono de Castilla, su matrimonio con Fernando de Aragón y las intrigas diplomáticas en la convulsa Europa de finales del siglo XV.

Argumento

La primera temporada de la serie está basada en la vida de la reina Isabel la Católica, abarcando desde 1461 a 1474 y narra parte de su niñez, su matrimonio con Fernando el Católico y su duro camino hacia el trono de Castilla.
La segunda temporada acogerá la guerra civil por el trono entre los partidarios de Isabel y Fernando y los de Juana la Beltraneja, así como la toma de Granada y los preparativos del viaje de Cristóbal Colón a «las Indias».

Influencia Italiana

Escrito el 3 noviembre 2010 por mujeresfelipeii.
Categorías: Modas.

El siglo XVI fue el siglo del triunfo en toda Europa del Renacimiento italiano. El arte español cayó también por completo dentro de la órbita del arte italiano; pero, contra lo que pudiera esperarse, las influencias directas de Italia en el terreno de la moda fueron mucho menos importantes que las de los países del norte. No faltan en el traje español rasgos de origen italiano, pero una gran parte de ellos llegaron a España a través de los Países Bajos. Del mismo modo, artistas del norte desempeñaron un papel importante en la introducción de las formas renacentistas italianas en el arte español.

Las principales aportaciones italianas a la moda masculina fueron,  la moda del pelo corto a partir de 1530, un cierto modelo de gorra pequeña que se llevó en un principio con ese nuevo peinado (fig. 80) y los cuellos vueltos rematados en dos puntas (figs. 98, 147, 148, 153).

En escasas ocasiones los textos españoles aluden a modas italianas masculinas.

La moda femenina recibió de Italia inspiración para algunas mangas gruesas e hinchadas (figs. 67, 71, 72) y los escotes redondos muy abiertos (fig. 55). En la moda italiana del siglo XVI está el origen de los trajes con un gran pliegue horizontal en la falda (fig. 186), de las tocas anudadas con el pelo (figs. 57, 88), y de ciertas tocas sujetas con una especie de diadema, que quedaban rehundidas sobre la cabeza en forma parecida a la de la figura 185 (mujer de la derecha). Estas modas llegaron a Flandes antes que a España y ésta las recibió en su versión flamenca.

Influencia Morisca y Turca

Escrito el por mujeresfelipeii.
Categorías: Modas.

 

En el siglo XV, los cristianos españoles, atraídos por la riqueza del vestuario granadino, habían adoptado las prendas más vistosas del traje moro para lucirlas en fiestas, torneos y juegos de cañas. Estas prendas eran el quezote, la marlota, el capellar, el albornoz, el alhareme y el almaizar. En el siglo XVI los caballeros españoles conservaron estas prendas moras para los mismos usos.

Pero a fines del siglo XV, y en los primeros años del siglo XVI, la influencia morisca no sólo fue notoria en los trajes de fiestas y torneos, sino que dio lugar a algunos de los rasgos típicos del traje cristiano español. La influencia morisca se ve en la moda de las ricas camisas femeninas bordadas de seda negra (figs. 38, 57); a la influencia morisca se debía también que los españoles adoptasen las tocas como turbantes designadas con los nombres de alhareme, almaizar, toca tunecí y toca de camino (figs. 12, 140).

A la influencia morisca sucedió la influencia turca. Del mismo modo que los trajes granadinos habían deslumbrado a los cristianos españoles, el exotismo del vestuario de turcos, húngaros y albaneses ejerció espacial atracción sobre los europeos del siglo XVI.

Es así como todos los trajes y tocados descritos en los textos contemporáneos y las imágenes de los grabados del siglo XVI nos hablan de los rasgos influyentes en el traje español. En primer lugar las mangas, que se describen como largas y estrechas y pendientes de los hombros, refiriéndose a las mangas tubulares turcas, que, aunque más cortas, las encontramos incorporadas al traje cristiano en los últimos años del reinado de Carlos V (figs. 175, 194). Otro detalle de origen turco fueron los alamares, que se emplearon con frecuencia para abrochar los vestidos (fig. 170). También de este mundo procedían los altos sombreros o sombreros albaneses que llegaron a ser un rasgo típico de la moda española y europea la segunda mitad del siglo XVI.

Para acabar, mencionar también el origen turco de la prenda masculina larga, sin vuelo, con mangas y abrochada con alamares, que fue también moda española como se muestra en algunas fuentes.

Mujeres

Escrito el por mujeresfelipeii.
Categorías: Prendas de Vestir.

 

Trajes

Podemos distinguir, sin contar la camisa, cuatro categorías de prendas femeninas.

 

Primera: prendas que quedaban siempre parcial o totalmente ocultas.

  • El cos, corpecico o corpiño ajustado, equivalente al jubón del hombre, y la faldilla o falda interior, que se lucía al levantar la falda de los otros vestidos (figs. 3, 11, 89).

 

 Segunda: prendas para vestir a cuerpo.

  • Principalmente era la saya; ésta presentaba aspectos muy variables según las modas y la fecha.
  • A partir de hacia 1530 se daba el nombre de sayo alto a un nuevo modelo de saya cerrada y sin escote imitando los sayos masculinos.
  • Las mujeres también podían ir a cuerpo vestidas con una falda llamada vasquiña y una prenda corta con mangas, prenda que apenas pasaba de la cintura, o que cubría también las caderas, o que llegaba hasta la rodilla; estas prendas cortas que se vestían con la vasquiña eran el gonete, el sayuelo y el sayno (figs. 60, 61, 67, 73, 216).

 

Tercera: trajes de encima.

  • Los trajes de encima se vestían sobre la saya o los otros vestidos que llevaban las mujeres cuando iban a cuerpo.
  • A esta categoría pertenecían el hábito y el monjil, trajes sencillos y honestos, amplios y despegados del cuerpo (fig. 41).
  • El traje de encima más generalizado era la ropa, abierta por delante de arriba abajo, con mangas y despegada del cuerpo (figs. 72, 137, 159, y lám. 40).
  • Las ropas forradas con piel de cordero, usadas especialmente por las mujeres de la burguesía, se llamaban zamarros.
  • En los últimos años del reinado de Carlos V apareció la galera, que se diferenciaba de la ropa propiamente dicha en que era ajustada al talle y tenía costura en la cintura (figuras 164, 166).

 

Cuarta: el manto y sus variedades.

  • El último grupo de prendas femeninas era el formado por el manto y sus variedades (mantillo, mantilla, bernia, loba, capuz, tabardo y manteo).
  • Prendas femeninas en cuya identificación quedan problemas pendientes era la cota, la saboyana –de moda a partir de hacia el 1530- y, ya a fines del reinado de Carlos V, la saltaen barca.

 

Tocados

Podemos clasificar los tocados femeninos en cuatro grupos principales: tocas, cofias, gorras y sombreros. Los otros adornos de cabeza recibían sencillamente el nombre de tocadillos.

  • Las tocas se hacían con telas finas y ligeras. Muchas veces tomaban el nombre de la tela con que estaban hachas. Así, velo, velillo, toquilla, beatilla y otros aparecen en los textos del siglo XVI como nombres de telas y como nombres de tocas. Había tocas grandes, más largas que anchas, que se anudaban con el pelo (fig. 57) o que cubrían la cabeza y cruzaban sobre uno de los hombros (fig. 73). Había también tocas heredadas de la Edad Media, que cubrían cabeza y cuello y dejaban sólo al descubierto el rostro, semejantes a las que llevan muchas monjas en nuestros días (figs. 11, 48, 171). De origen morisco eran los alharemes y las tocas de camino, largas y estrechas, enrolladas a la cabeza como un turbante (fig. 12). Las tocas fueron usadas por mujeres de toda condición. Fueron el tocado predilecto de las mujeres que por su edad o estado vestían con recato.

 

  • En el grupo de las cofias podemos incluir los tocados femeninos de tela o de red, que se amoldaban a la forma de la cabeza (figs. 20, 40, 124, 185). Otros nombres que se le dieron a la cofia femenina fueron escofia, escofión y albanega. Las cofias de red recibieron también los nombres de garvín y capillejo. Una cofia de aspecto muy particular y muy característica de la moda española fue el tranzado (fig. 1, 66, 67).

 

  • Gorras y sombreros fueron tocados comunes a hombres y mujeres. Las gorras femeninas no alcanzaron formas tan variadas como las de los hombres. Fueron usadas sólo por las damas nobles (figs. 123, 138). Las mujeres llevaban el sombrero sobre otros tocados o sobre el manto (figs. 70, 72, 75, 140, 188).

 

Calzado

  • En cuanto al calzado femenino, vale lo dicho al tratar del calzado de hombre, pero advirtiendo que las mujeres usaron raramente borceguíes y que las botas femeninas se llamaban botines.
  • Hay que añadir algunos nombres que parecen referirse siempre a calzados femeninos, como zapatas, chapines y zuecos.
  • De éstos merecen especial atención los chapines con altísimas suelas de corcho, que pusieron en la moda femenina española una de sus notas más características. Los chapines no tenían punta ni talón y se llevaban con servillas u otro calzado (figs. 75, 98, 143).
  • Los zuecos, al parecer, se diferenciaban sólo de los chapines en que cubrían el pie entero (fig. 68).

Hombres

Escrito el por mujeresfelipeii.
Categorías: Prendas de Vestir.

Trajes

Las prendas masculinas principales eran el jubón, las calzas y el sayo.

  • El jubón se vestía sobre la camisa y cubría el cuerpo hasta la cintura. Las calzas se sujetaban al jubón con unos cordones llamados agujetas. (Ver figuras 8, 9 y 86). De un hombre vestido sólo con calzas y jubón se decía que estaba desnudo. Para poder decir que estaba vestido era necesario que llevase otra prenda encima.
  • El traje con faldas que se vestía directamente sobre el jubón era el sayo. (Figuras 5, 42, 59, 113 y 145). En los primeros treinta años del siglo, aproximadamente, sólo prescindían del sayo los soldados, los pajes, los mozos de espuelas y los muchachos muy jóvenes. Después, la moda de llevar sobre el jubón una prenda corta que dejase las piernas totalmente al descubierto, hizo perder importancia al sayo, especialmente en el traje cortesano.
  • Las prendas cortas que podían sustituir al sayo fueron el coleto, la cuera, la ropeta y la ropilla. El coleto era en un principio una especie de chaleco sin mangas, que apenas pasaba de la cintura (figs. 19, 45). La cuera tuvo origen en el traje militar español poco antes del 1530. Venía a ser un nuevo modelo de coleto más largo, cerrado, que podía tener mangas cortas (figs. 99, 143, 154, 175). Las voces coleto y cuera llegaron a confundirse. La ropeta y la ropilla eran prendas cortas con mangas que equivalían en cierto modo a la chaqueta de nuestros días (figs. 100, 155, 176).
  • Sobre el sayo, o sobre las prendas cortas que lo sustituían, vestían los hombres un sobretodo o ropa de cubrir. Estos eran fundamentalmente de dos tipos. Unos eran sobretodos con mangas, abiertos por delante, forrados de piel por lo general, que recibían sencillamente el nombre de ropas (figs. 13, 64, 79, 80, 167); si estaban forrados con piel de cordero de llamaban zamarros. En los últimos años de la vida del emperador apareció el tudesco (figs. 173, 174). Otros sobretodos pertenecían a la familia de la capa y sus variedades. En este grupo debemos incluir además de la capa propiamente dicha (figs. 6, 7, 16, 28, 117), el capuz (figs. 114, 137), el tabardo (fig. 141), la bernia o manto grosero y el capote para la lluvia.
  • Artesanos y labradores usaron los calzones (figs. 207, 215), los zaragüelles (figs. 206, 211), el gabán (fig. 204), el paletoque (fig. 142) y el capotillo de dos haldas (figs. 213, 214). Algunas de estas prendas procedían del traje de las clases altas, pero en el siglo XVI habían pasado ya de moda en esas clases. Otras tenían varios siglos de antigüedad.
  • Prendas de identificación insegura o problemática, por carecer de datos suficientes sobre ellas, eran la escuba y la chamarra. La casaca se puso de moda en los últimos años del reinado del emperador (fig. 194).

Tocados

Los dos tocados masculinos principales eran la gorra  el sombrero. La misión de la gorra era adornar, la del sombrero proteger.

  • La gorra apareció en el tránsito del siglo XV al XVI como una variedad del bonete, en la forma de un tocado redondo y aplastado, con vueltas o alas dobladas. Después tomó formas muy variadas (lámina 7).
  • El sombrero era de hechura mucha más sencilla, se usaba para viajar y caminar al aire libre, y podía llevarse sobre una gorra (figs, 53, 78, 97, 192).

Durante el prime tercio del siglo XVI era moda llevar el pelo recogido en una cofia o garvin bajo la gorra (figs. 8, 27, 34).

 

Calzado

En los textos encontramos numerosos nombres de calzados, pero resulta a veces difícil establecer diferencias y hacer definiciones exactas. Es posible agruparlos en las siguientes categorías:

  •  Calzados escotados o cerrados, con talón, que se ponían directamente sobre las calzas (zapatos, zapatillas).
  • Calzados que se diferenciaban de los anteriores en que cubrían también parte de las pernas (estivales, botas). (figs. 78, 144, 194).
  • Calzados de cuero o badana, muy flexibles, que solían llevarse con un segundo calzado encima (los borceguíes, flexibles y altos hasta las rodillas, y las servillas, que cubrían sólo el pie).
  • Calzados sin talón, que se llevaban con los borceguíes, servillas y otros (los alcorques y pantufos, ambos con suela de corcho; las chinelas, de suela delgada, y las galochas para protegerse del barro).

(Véanse las figuras 114, 137, 169, 184, y la lámina 42).

Bajo las calzas se usó una prenda equivalente a nuestros calcetines que recibía el nombre de escarpines.

Trajes Regionales

Escrito el por mujeresfelipeii.
Categorías: Trajes Regionales.

Trajes Regionales

Sandoval, el cronista de Carlos V, refiere que la reina Isabel la Católica, al visitar sus pueblos, en llegando a cado uno de ellos se vestía y tocaba al uso de aquel pueblo, llamando a las personas de más merecimiento, y tomando de la una el tocado, de la otra la sayo y de la otra el cinto y las joyas, y para tenerles a todos de su mano y mostrarles el amor que les tenía, volvía estas prendas muy mejoradas cuando llegaba a otro pueblo.

En 1524 se encuentra otra particularidad en la ciudad de Jaén; así un personaje de La Lozana Andaluza, novela cuya acción ocurre en Roma, dice alabando los cabellos de una joven: ¿Pues no veis que dice que había doce años que jamás le pusieron garvin, ni albanega, sino una princesa labrada de seda verde a la usanza de Jaén?

También de recordar es el relato de la coronación de Carlos V en Bolonia, que describe los suntuosos trajes de los españoles que asistieron a la ceremonia; cosa curiosa, uno de ellos, el conde de Saldaña, iba vestido con ropa de tela de oro forrada en martas con una tira de terciopelo negro, con calzas y jubón de lo mismo, al modo de Guadalajara.

Todos estos textos demuestran la existencia de peculiaridades regionales, pero no aportan datos concretos sobre ellas. Nada sabemos de cómo eran los tocados de Jaén ni en qué se diferenciaba el traje del conde de Saldaña del de los otros españoles presentes en la coronación.

Existen, sin embargo, suficientes noticias gráficas y literarias para poder afirmar que las regiones españolas donde realmente se daban acentuadas peculiaridades de indumentaria eran las regiones norteñas y la comarca de Astorga. Eran siempre los habitantes de estas regiones los que llamaban la atención de los extranjeros que venían a España en el siglo XVI. Unos en sus relatos, otros en sus dibujos, han dejado valiosos testimonios para conocer el traje de estas regiones españolas.

Lo que llamó principalmente la atención en los viajeros que en el siglo XVI visitaron el norte de España fueron ciertos tocados femeninos de forma extraña, extendidas por Asturias, Santander, Vascongadas y Navarra.

Existen varias ilustraciones de los tocados en dibujos que representan mujeres de Santander, Vizcaya y Navarra.

 (Láminas 46 y 47).

 

Estos tocados eran supervivencia de formas muy antiguas conservadas en estas regiones por el aislamiento en que se encontraron durante varios siglos. Los asturianos del siglo XVI contaban una curiosa historia sobre el origen de estos tocados en los tiempos en que la región fue cristianizada.

(Ver comentarios a figuras 219 a 221, lámina 46).

 

Otro detalle que llamó poderosamente la atención de los visitantes extranjeros, fue que las doncellas, en algunas de estas regiones, llevaban la cabeza totalmente rapada.

(Figuras 217, 218 y 220; lámina 46)

 

El hecho de que el traje de las mujeres del norte era algo aparte respecto a los trajes del resto de España, se confirma en las pragmáticas que para contener el lujo dieron los Reyes Católicos que, en atención a la antigüedad del traje de las asturianas, les permitieron llevar adornos de oro y plata que habían prohibido a las demás mujeres de España.

Los grandes pendientes y los anillos fueron lo que llamó la atención del flamenco, Lalaing, chambelán de Felipe el Hermoso, en el traje de los hombre y las mujeres de Astorga, aludiendo que le recuerdan por su atuendo a los egipcianos o gitanos.

(Ver figura 224; lámina 47)

Nobleza

Escrito el 2 noviembre 2010 por mujeresfelipeii.
Categorías: Importancia del Vestido.

La alta nobleza representaba en la sociedad española una pequeña minoría.

Estos pocos grandes del reino se sentían obligados a expresar en sus trajes su privilegiada categoría. En aquel siglo, en que la pasión de vestir con riqueza deslumbrante se había apoderado de la nobleza de toda Europa, los nobles españoles llegaron a extremos insuperables. Un ejemplo es el efecto que produjo la nobleza española el día que Carlos V fue coronado solemnemente en Bolonia; aquellos potentados señores no dudaron en empeñar parte de sus haciendas para poder eclipsar en tan señalado día a italianos, flamencos y alemanes, cosa ciertamente difícil, pero lograda.

En torno a cada uno de estos grandes del reino vivían cientos de personas que vestían casi con tanta riqueza como sus señores. Un enjambre de escuderos, lacayos, mozos de espuelas y pajes los rodeaba. Un ejemplo claro es el que se dio en 1543, cuando el duque de Medina salió al encuentro de la princesa María de Portugal, en Badajoz, acompañado de ciento veinte caballeros de su casa.

Son innumerables los ejemplos como estos, pero los citados son suficientes para dar una idea de los extremos a que llegaron en sus vestidos los grandes de España.

Caballeros, hidalgos y burgueses

Escrito el por mujeresfelipeii.
Categorías: Importancia del Vestido.

Después de la alta nobleza, compuesta por los grandes de España y los títulos, seguían en la escala social los caballeros, los hidalgos y los burgueses acomodados que no ejercían un trabajo manual. Todos ellos atendían con especial cuidado a su indumentaria, vestían a la moda, imitaban en lo posible el traje de los nobles y cambiaban cada pocos años la forma de sus vestidos.

Caballeros, hidalgos y burgueses vestían trajes de brocado y de seda, con ricos bordados. En 1499, los Reyes Católicos intentaron detener estos excesos con severas prohibiciones, pero hicieron ciertas concesiones en el empleo de la seda a todos cuantos mantuvieran caballo, a sus mujeres, a sus hijas siendo doncellas y a sus hijos menores de quince años.

La distinción entre los que tenían caballo y los que no lo tenían se perdió en las disposiciones posteriores publicadas durante el reinado de Carlos V; en ellas, los nobles y los burgueses tenían legalmente los mismos derechos en la elección de telas y vestidos.

En la práctica, aparte de que los trajes fueran más o menos ricos, existieron siempre ciertos matices diferenciales, más o menos acusados y no siempre fáciles de determinar.

Letrados

Escrito el por mujeresfelipeii.
Categorías: Importancia del Vestido.

Un grupo social que se distinguía por su traje y que había comenzado a cobrar importancia en los últimos tiempos de la Edad Media era el de los letrados (gentes de ropa larga).

Después de hacer estudios en los colegios mayores obtenían los más variados puestos. De ellos salían los regidores, alcaldes y jurados de las ciudades, los abogados, los doctores, los profesores de las universidades y los altos empleados del reino. En el mismo grupo social podemos incluir a los médicos.

Las pragmáticas que se daban para intentar frenar el lujo en el vestir, solían contener disposiciones especiales sobre el traje de los hombres de letras. La promulgada en Valladolid, en 1537, por ejemplo, les autorizaba a llevar en las ropas de paño, forros, capillas o delanteras de seda.

Mientras el vestido de otras personas cambiaba continuamente a tener de la moda, los letrados conservaron algunas prendas medievales talares y holgadas como la loba, el balandrán y la gramalla; como capa usaron el manteo.

Conservaron también los hombres de letras otras prendas y tocados que un día habían sido de uso general, pero que después fueron abandonadas por las gentes que vestían a la moda; tales eran la beca, la muceta, el capirote y un tipo especial de bonete.

(Ilustraciones del traje de los letrados se ofrecen en la lámina 42)

Oficios

Escrito el por mujeresfelipeii.
Categorías: Importancia del Vestido.

En las pragmáticas sobre vestidos había siempre disposiciones especiales que afectaban por igual a los artesanos, a los obreros y a los labradores.

A los artesanos se los designa en las pragmáticas con los nombres de oficiales, menestrales, menestrales de manos y oficiales de obras mecánicas. Las disposiciones que se dieron en 1544 incluyen también en este grupo social a los tenderos, y la pragmática de 1552 a los especieros.

Los mercaderes de más categoría tenían los mismos derechos que los caballeros.

Obreros, labradores, tenderos y todos los que ejercían oficios tales como sastre, zapatero, carpintero, herrero, herrador, tejedor, zurrador, espartero, etc.; no tenían derecho, fueran ricos o fueran pobres, a vestir como las personas pertenecientes a clases superiores a la suya.

Por lo general se les autorizaba a todos ellos a llevar una sola prenda de seda: la caperuza o el jubón los hombres, el sayuelo o el gonete las mujeres; podían llevar además un ribete de seda en las prendas de paño.

Aunque, en cuanto al traje, la ley no hacía distinciones dentro de la clase compuesta por obreros y labradores, en la realidad existían a veces grandes diferencias. Muchos artesanos lograban enriquecerse con su trabajo y trataban de imitar lo más posible, saltándose por alto las pragmáticas, el traje de los caballeros.

Las clases más humildes de la sociedad vestían de manera completamente distinta que los burgueses acomodados, y aunque en algunos casos se reconocen en sus trajes ecos de modas cortesanas, los continuos cambios de la moda apenas les afectaban. Los llamados plebeyos y villanos conservaban todavía en el siglo XVI algunas prendas que tenían varios siglos de antigüedad.

(Ilustraciones del traje de las clases más humildes se ofrecen en las láminas 43, 44 y 45).